La trémula esperanza española

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La primera goleada de este Mundial deja varios aspectos para el análisis. Intentaremos que los mismos se parezcan lo menos posible a ese programa latinoamericanista de derecha que conduce el Pollo Vignolo por las noches en Fox Sports, con representantes de todos los clasificados de nuestro subcontinente menos de Ecuador.

Un primer hecho es que Holanda es un serio candidato. Finalista en el Mundial pasado tras haber dejado afuera a Brasil, en esta oportunidad sus jugadores tildados de pechos fríos llegan maduros y hambrientos a la vez. Las canas le sientan bien a Van Persie, la pelada de Robben no lo quitó velocidad, y De Jong combina la calidad del fútbol europeo con el temperamento del ascenso. Los defensores son prolijos y tienen personalidad. El muerto de Huntelaar está en el banco y el antipático Van Gaal parece reblandecido por su buzarda y sus fracasos y trata bien a los jugadores.

 

Todo esto quedó corroborado por el 5 a 1. Califico a este resultado de casual, casi anecdótico. Salvo los chilenos –o al menos los chilenos que acompañan al arengador Vignolo-, todos creemos que del grupo B clasificarán España y Holanda. En este primer partido Holanda la pasó por arriba, pero después de que España errase un mano a mano por displicencia de David Silva, y de dominar la mitad del primer tiempo. Es cierto que España también perdió el primer partido del Mundial pasado, pero lo hizo con Suiza, un equipo defensivo al que dominó todo el partido, y no con un equipo que lo peloteó y le encajó cinco goles. Es distinto. España está vieja, cansada, tiene una defensa horrible, no confía en su lateral derecho y además pone al Niño Torres. Sin embargo, creo que en el 90 Argentina estaba en condiciones similares y llegó a la final. Ahora llegó el momento de confesar algo: tengo la esperanza de que España quede segunda y, como un viejo gladiador dolorido, deje afuera a Brasil en octavos de final, algo que personalmente festejaría casi tanto como que Argentina, a mi juicio sin demasiadas chances, gane la copa.

Los goles importantes de Holanda acontecieron de la misma manera: pelotazos cruzados y buen dominio del delantero holandés. Me recordaron al gol con el que nos dejaron afuera de Francia 1998. En aquella ocasión quién tomó las fotos fue el Ratón Ayala, en este caso Piqué y Sergio Ramos, que venía de hacer un partidazo en la final de la Champions League. A diferencia de España, que siempre fue un equipo bastante horrible e intrascendente hasta que decidió copiar con coherencia al modelo holandés, Holanda mantiene su tradición pero le sumó un gran despliegue físico y practicidad. Soy un obsesionado de la precisión futbolera, algo de lo que Argentina, con jugadas nacidas de Rojo, Mascherano o un decadente Gago, jamás logrará obtener. Holanda no erró casi ningún pase. España tampoco, pero parecía una fotocopia gastada del campeón del mundo. Conservaba algunos tics, Iniesta tuvo 70 minutos impecables, pero no alcanzó. La conclusión que me deja esto es que las tradiciones pesan, que copiarlas no siempre es un buen remedio, que una generación de jugadores no hacen un verano y que los técnicos inteligentes son aquellos que saben cambiar a tiempo. El discurrir del mundial nos dirá si la inclusión de Demichelis fue una variante de lo primero o de lo segundo.

Para terminar, un poco de Iker Casillas. Suplente en el Real Madrid, como Romero en el Mónaco, nunca brindó seguridad, y se comió dos goles pese a que al final tuvo una buena doble atajada. Del Bosque lo tendría que sacar del equipo, pero sospecho que no va a hacerlo. Con una monarquía golpeada y un plantel sin confianza, a España sólo le queda mejorar. Holanda, en cambio, con un rey de orientación sexual difusa y casado con una joven obesa cazarrecompensas de nuestras tierras altas, quizás haya alcanzado su techo.