Invertido

Por Aki – @linearotativa

El otro día en este pressstigioso medio leía una nota muy buena del compañero Fernando Sdrigotti (@f_sd).
Sdrigotti observa con ojo clínico que Londres se ha vuelto una ciudad prohibitiva para la clase media, particularmente para la “clase creativa” de fotógrafos, diseñadores, artistas y toda esa tropa de pelotuditos.
Plutócratas de todo el mundo (árabes, rusos, chinos) se han apropiado del mejor real estate londinense y los capullos de la clase creativa se tienen que mudar a los anillos suburbanos más alejados, a horas de tren de los epicentros históricos de actividad social, cultural y económica de la otrora capital imperial.
Camden Town y Notting Hill dejaron de estar hace ya tiempo al alcance del bolsillo de la clase creativa.
Estamos hablando de distritos que supieron ser cuasi lúmpenes, roñosos, poblados de inmigrantes con túnicas, turbantes y halitosis.
Ahora son prime real estate inaccesible para el hipsteraje ganapán.
Algo similar ocurre en Madrid, donde Malasaña y La Latina dejaron de ser barriadas marginales para convertirse en epicentros progrehipsters y, por último, en distritos habitacionales de stock brokers.
Ante esta realidad, los heterosexuales conservadores y amargados nos quejamos.
Qué barbaridad, qué horror, repetimos sin saber muy bien qué hacer o cómo reaccionar.
No así los gais.
Para el gai esto es una oportunidad de negocio.

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El gai no pierde el tiempo quejándose.
El maricón es emprendedor por naturaleza.
Cuando los giles vamos el sodomita ya fue y vino dos veces.
El gai llega al barrio marginal lleno de basura y heroinómanos, compra propiedades a precio vil, pone dos restaurants, un lounge y alguna galería de arte, triplica el valor del metro cuadrado, vende y se manda a mudar.
Madre siempre me decía: Línea, querido, vos seguí a los paisanos que ellos saben. Imitálos. Los católicos somos lelos, gilipollas. Ellos ganan todos los premios Nóbel. Los que realmente importan, física, química, medicina, siempre los ganan ellos. Particularmente los asquenazíes, que tienden a ser más avispados que los sefardíes.
A ver, no nos engañemos, el Nóbel de la paz y el de literatura son premios consuelo para perdedores crónicos de culturas fracasadas y sudacas de diversa laya.
A esa enorme lección de vida que me dio ma mère sobre la sabiduría de la cole yo la extrapolo y la aplico a la comunidad maraca.
Los maracas, como los sopainas, están siempre un paso adelante. En todo. En cultura, ciencia, moda, tendencias, biznes.
Disculpen el juego de palabras facilón, pero los invertidos invierten mejor.
Los heterosexuales católicos somos opas.
Sólo nos resta seguir a los gais lo más de cerca posible.
Tienen más olfato, más visión, más criterio.
No me hagan reír con la pelotudez de la “clase creativa.”
La clase invertida es la que manda.
Los angloprotestantes también mandan un poco, ok.
Tienen armas y puntualidad.
Pero no es cierto que tengan muchas luces.
Harto opas son también.
Al igual que en la colectividad, algo hay en la manera en que se crían los carolos que los hace más lúcidos, más hábiles.
En el negocio inmobiliario neoshorkino a las parejas gais se les llama twinkies: two incomes, no kids. Dos ingresos, sin hijos.
Son los clientes e inversores ideales.
Dos adultos en edad activa (y pasiva, plop)
Se dedican 100% a hacer guita y a disssfrutarla.
Viajan, revientan la tarjeta en bienes suntuarios.
Ahorran lo mínimo indisssspensable.
Pueden comprar propiedades en zonas marginales de putas, dealers y cuchilleros, y esperar un par de años hasta que se pongan de moda.
Para vender con pingües ganancias y empezar de nuevo.
La razón es simple: no tienen hijos.
Esto les resta mucha presión financiera y, por ende, pisicológica
No tienen que ahorrar.
No tienen que pagar colegios ni médicos ni ropa ni colonias de vacaciones. No tienen que mantener adolescentes y postadolescentes con crisis vocacionales y devaneos erráticos por universidades varias.
Pueden mudarse a zonas inseguras y/o decaídas, impensables para una familia con hijos en edad escolar.
A todo esto, yo lo único que hago es reproducirme como un sardinero siciliano semianalfabeto.
Levanto una piedra y me aparece un hijo/a pidiendo guita para ir de shopping.
Es una hemorragia permanente de fondos.
No tengo paz.
Es inquietante.
Soy un hámster corriendo en la ruedita.
Lo bueno es que ahora existe el matrimonio igualitario.
Ahora que los gais gozan de igualdad de derechos, ellos también podrán adoptar pibes y formar una familia.
Con la falta que hace.
Demasiados chicos en situación de calle.
Demasiados pibes en orfelinatos.
Qué genial que ahora los gais podrán descomprimir esta situación adoptando miles de pibes que necesitan un núcleo famliar, un hogar, cariño, contención.
Alegría.
La sociedad se los agradecerá.
Pero no quiero distraerme: el motivo de este artículo es que quiero salir del armario.
Y aclaro: no voy a hacer como #AlexFreirePelotudo que dice que se la morfa para figurar y facturar.
Todos sabemos que Alex es más straight que Carlitos Tévez.
Me voy a hacer romper bien el orto de en serio.
I’m going Greek, como se acostumbra decir en inglés.
De hecho I am Greek, pero eso es otra historia.
He llegado a la conclusión de que si Sócrates, Platón y Aristóteles, grandes sodomitas e inventores de la civilización judeocristiana, la tenían tan clara, debe ser porque entre la sodomía y la sabiduría hay más que correlación: hay causalidad manifiesssta.
Alejandro Magno tenía el ojete como un florero, dicen sotto voce algunos historiadores. Su chongo era el apuesto general Hefestión, guerrero en el campo de batalla y al parecer también fuera de él.
Julio César era un reconocido bisexual, muy cochino el guaso.
Siempre pensando en su carrera política, además de fifarse a Cleopatra ya de mayor, don Julio no dudó durante sus años mozos en entregarle el rosquete al reconocido bufarra Nicomedes, rey de Bitinia, cuando necesitó de su ayuda para una campaña militar.
En fin.
A entregar el bronce, Línea.
A ver si así de una vez por todas se te ocurre una idea de negocio, algo.
Cualquier cosa para matar el hambre, salir de pobre.
¿Hay que practicarle una felación a algún juez federal o a un honorabilísimo magissstrado de la corte?
A mi juego me llamaron.
No se me van a caer los anillos, como acostumbran a decir las subespecies invertebradas que habitan el codiciado submundo de la planta permanente.
Ya dejé mi código genético en este planeta.
Más de lo debido.
El linaje de La Línea está asegurado por varias generaciones.
Es hora de hacer guita.
De dar el braguetazo.
Escucho ofertas.
Saben dónde encontrarme.///PACO