Un ruego exagerado en el aire

Plegaria-papa

Por Bibiana Ruiz 

Plegaria por un Papa envenenado

Evelio Rosero, Novela, 164 páginas.

Tusquets Editores.

Plegaria por un Papa envenenado es, ante todo, un homenaje a Juan Pablo I, quien fue encontrado muerto en su habitación vaticana el 28 de septiembre de 1978, sólo treinta y tres días después de que el humo blanco de la Capilla Sixtina anunciara al mundo que, tras la muerte de Pablo VI, había un nuevo elegido. Plegaria…, en forma de novela que mezcla ficción con hechos reales, es, en resumen, el resultado de la admiración de Evelio Rosero (Colombia, 1958) por el sumo pontífice y de su lectura de la investigación En nombre de Dios (1984, editado un año después en Argentina por Oveja Negra), del escritor inglés David Yallop.

A lo largo de trece capítulos, el autor narra momentos de la vida de Albino Luciani –como niño, seminarista, sacerdote, obispo, Patriarca de Venecia, Papa, muerto– en la voz de un cronista lúcido (inspirado en Yallop) y como si esos fragmentos constituyeran las partes en que se divide una ópera pastoral, en este caso, (a la) italiana. Mientras se van cantando las diferentes situaciones vividas o las lecturas o los secretos a gritos del Vaticano, el narrador escucha las voces de las prostitutas de Venecia que lo interpelan con frases o preguntas breves, como si se asomaran desde sus balcones coreando y recordándole que ellas están allí desde la primera hora y lo estarán hasta la última. ¿Qué piden? Al principio, que una vez en la vida Luciani escuche sus anuncios y pueda así escapar de su destino. Al final, cuando el hado ya es del alma y el cuerpo de la muerte, que reconozca que existen como viejas sabias.

En la trama, revelaciones y denuncias de los temas que todos saben pero de los que nadie quiere (o puede) hablar. La Iglesia lasciva o la pedófila. O aquélla del miedo, la presión y la culpa. O la de las arcas llenas de oro y avaricia, la que comparan con la mafia. Entre los personajes, los peces gordos del Vaticano: desde el cardenal Villot, sospechoso del envenenamiento, hasta Marcinkus, el banquero de Dios. Por momentos, más que una novela parece una nota de investigación. Pero aparecen las prostitutas para recordar que tiene otro canto, tedioso como un tedeum por partes y un poco más llevadero de a ratos, con preguntas retóricas que desafían el actuar o el sentir de Luciani. También hay muchas alocuciones en latín típicas de la vida monástica benedictina que, por cuestiones lógicas de fidelidad, no están traducidas ni asociadas con notas al pie.

Plegaria… no es un libro para cualquiera. Recomendable para quien practique la fe católica o sea fan del carismático Francisco I, aunque lleve otra religión a cuestas o esté interesado en tendencias del mundo. No parece casualidad que el libro se haya publicado durante la moda franciscana: Albino y Jorge comparten algo más que el I.

En el final, el Papa desciende al Infierno. Está sentado a la derecha de algún escritor famoso y dialoga con otros hasta que se convence de la certeza de su muerte. Nunca pensó que llegaría. El Infierno es quedar en el olvido. ¿Acaso es ésta una novela para que no suceda?///PACO