El Crítico

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Por Facundo Falduto, @elfaco.

1. Si tenés entre seis y ciento veinte años, conocés a Jay Prescott Sherman. Capaz no te acordás de él, pero seguro viste el episodio 18 de la temporada seis de Los Simpson, código de producción 2F31, llamado A Star Is Burns. ¿Cuál? El del festival de cine. ¿No? El de “La bola en la ingle”, “Sólo inyéctenlo en mis venas” y “¡Deme diez!”. Ahora sí. Ese. Ese capítulo, que el doblaje latino convirtió en uno de los mejores de la historia, nunca habría existido si no fuese por ese gordito pelado y petiso llamado Jay Sherman, el protagonista de The Critic.

2. Al Jean y Mike Reiss habían sido los productores ejecutivos de dos de las mejores temporadas de Los Simpson, la tres y la cuatro. Ambos escritores se juntaron con James L. Brooks, el verdadero cerebro detrás de la familia amarilla, que tenía un preacuerdo con la cadena ABC: se comprometían a producir una temporada de cualquier serie que él les trajera. En el medio apareció Jon Lovitz, un gordito simpático que venía de actuar en Quisiera ser grande y Saturday Night Live. Los productores se enamoraron de su voz, decidieron hacerlo protagonista de su serie animada y empezaron a escribir. El 26 de enero de 1994, The Critic salió al aire con su capítulo piloto. El rating fue apenas mediocre.

3. La serie narraba la vida de Jay Sherman y sus aventuras en busca del amor de las mujeres, de su hijo, de su público. Pero The Critic también puede verse en clave de la crítica. En la primera escena del piloto, Duke Phillips, jefe de Jay, un claro homenaje a Ted Turner, le pregunta “¿por qué demonios tenés que ser tan crítico”. “Soy un crítico”, responde Jay. “Es mi trabajo”, agrega. “No, tu trabajo es calificar películas de ‘buena’ a ‘excelente'”, replica Duke. “¿Y qué pasa si no me gustan?”, pregunta Jay. “Para eso está ‘buena'”, concluye Duke.

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4. The Critic era pésima. La animación era barata y acartonada, no había un diseño claro (cuatro dibujantes distintos hicieron los bocetos con los cuales crearon al personaje de Jay Sherman) y muchas veces se repetían cuadros para ahorrar. Los guiones eran débiles, y la trama se convertía en una excusa para enhebrar un chiste atrás de otro, un esquema que luego copiaría Seth MacFarlane en Family Guy. Pero los chistes, ah, los chistes eran buenísimos. Muchos gags todavía hacen reir a quienes ya vieron la serie. Las referencias constantes a películas -otro truco que copió Family Guy- siguen vigentes 20 años después. Como las parodias a Mi pobre angelito y Un detective en el kinder. La serie está completa en YouTube y Torrent, y vale la pena volver a verla por esos momentos:

5. Homero Simpson es un hombre cualquiera. Podría vivir en cualquier ciudad, cualquier Springfield, de Estados Unidos. Jay Sherman, en cambio, es el típico snob de Nueva York. Sin embargo, como todas las personas, busca ser amado. El problema -además de que es gordo, petiso, pelado y feo- es que no puede reprimir su espítiritu crítico. Dice todo lo que piensa aunque se gane el odio de su madre, su amante, su jefe y su público. En el capítulo seis de la primera temporada, Coming Attractions, el programa de Jay naufraga en la intrascendencia. El crítico renuncia en busca de un nuevo sentido para su vida y su carrera. Acude a su ex profesor universitario, que le dice “Jay, vos no naciste para crear, naciste para destruir; naciste para criticar hasta el último detalle de lo que otros crearon con sus almas y sus corazones”. Finalmente, Jay encuentra su inspiración y escribe un texto que justifica su tarea intelectual. Sobre el final, concluye: “Si la película es mala, no vayan a verla”.

6. Pero, ¿quién puede decir si una película es mala? En el capítulo doce, Jay Sherman, espiritualmente vacío, deja su programa y se convierte en camionero. Gracias a su habilidad al volante, gana el respeto de sus compañeros. Los camioneros y Jay van juntos al autocine a ver Fuerza Total. “Con ese nombre, sabés que vas a ver a un hombre rudo sobre ruedas”, razona uno. Pero se trata de una película donde el cuadriplégico Stephen Hawking explica el funcionamiento de la fuerza de gravedad. “¡Es un maldito documental sobre ciencia!”, protesta un camionero. Otro plantea: “¿Cómo pasó esto? Si tan sólo hubiese personas cuyo trabajo consistiera en ver películas y contárselas a los demás, tragedias como esta podrían evitarse”. Jay Sherman entiende, entonces, que su tarea como crítico es valiosa.

7. El rating se cae. ABC cancela la serie después de 13 episodios. Los productores juntan los pedazos que quedan y James L. Brooks le vende la segunda temporada a FOX. Tuvieron que aggiornarla: dibujaron a un Jay con ojos más grandes (más “Disney”), lo hicieron más agradable, le agregaron una novia. Firmaron por diez capítulos. El acuerdo incluía hacer un crossover con Los Simpson, el famoso episodio del festival de cine. Matt Groening se oponía a que usaran su programa para publicitar otro: sacó su nombre de los créditos y salió a criticar el capítulo en los medios. Sus compañeros estaban furiosos. “Es un talentoso, adorable, abrazable ingrato”, respondió Brooks. La disputa revelaba la interna entre el creador de la serie y quienes la habían transformado en un éxito a lo largo de los años. Pero esa es otra historia. A Star Is Burns sigue siendo un clásico que funciona a muchos niveles.

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8. The Critic establece un canon. Además de rescatar la crítica como ejercicio intelectual, la serie crea un corpus. The Critic establece qué películas son trascendentes y merecen ser vistas, sea por buenas o por malas, a través de las parodias. Algunas son clásicos, otras son los estrenos de la época. Allí están Mi pobre Angelito, Forrest Gump, Máxima Velocidad y Esencia de Mujer. También se parodia a Marlon Brando, Madonna, Tom Hanks y Clint Eastwood. Jay Sherman desprecia a todos (“¡Apesta!” es su reseña universal), pero tiene una especial animosidad contra Stallone y Schwarzenegger, ambos vapuleados por la crítica y por entonces en momentos crepusculares de sus carreras. Pero ahí están las parodias de Rocky y de Terminator, ocupando el lugar irrenunciable que merecen en la historia del cine.

9. Hay un gag que todavía me hace reir. Habla de la relación entre el artista y su obra. Arranca en el minuto 3.50 del tercer capítulo de la primera temporada. Jay Sherman acompaña a su hijo al día de orientación vocacional de su escuela. Cada padre pasa al frente y cuenta de qué trabaja. Un artista dibuja un mural enorme y detallado sobre la caída del Muro de Berlín en el pizarrón. “Listo”, dice, “es como si alguien hubiera arrancado mi alma de mi cuerpo y la hubiera desparramado sobre el pizarrón”. Acto seguido, Jay Sherman se para y borra una parte para escribir su nombre. “¡Oh, no! ¡Mi trabajo!”, se queja el artista. Salta por la ventana y cae sobre un arbusto, que un jardinero estaba esculpiendo en un venado. “¡Oh, no!¡Mi trabajo!”, grita el jardinero, y salta al vacío. Cae sobre una porción de cemento fresco. El albañil que estaba trabajando en la vereda apenas protesta: “Meh”.



10. The Critic duró apenas otros diez episodios en FOX. El 21 de mayo de 1995 se emitió el último capítulo, un clip show compilado de escenas anteriores. La serie sólo volvería en el año 2000 como un corto animado específicamente para la web Atomfilms.com, que no vio casi nadie. Algunos críticos la consideran el paradigma de las series que terminaron antes de tiempo. Pero, ¿cuántas historias se pueden contar sobre un gordito en Nueva York? Si consideramos las últimas quince temporadas de Los Simpson, su primo espiritual, tal vez The Critic haya terminado justo a tiempo. Jay Sherman decía que había que dejar de mirar películas después de la segunda secuela. También hay que saber terminar una obra antes de caer sobre el cemento fresco.///PACO.