Animals

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Por Sebastián Robles

1.

“Todos los animales son iguales”, escribió Olaf en los foros de Animals, muchos años atrás.

La rebelión no empezó por los cerdos, que habían sido incorporados tardíamente a la web y sólo de manera experimental en algunas granjas de la costa oeste de Estados Unidos. Tampoco por los chimpancés, cuya inteligencia les permite asimilar los contenidos HTML con más rapidez que el resto de los animales. Los que empezaron a sublevarse habían sido los primeros usuarios, que eran además la comunidad mayoritaria: los perros y los gatos.

La red social Animals surgió de ProLabs, una empresa número uno a nivel mundial en alimento balanceado para animales, y se sustentó en los estudios del etólogo Uwe Svensson acerca del lenguaje animal y sus potencialidades en la web. El gran aporte de Svensson, del cual se arrepintió hasta el día de su asesinato, fue haber descubierto las constantes que permitieron sistematizar el lenguaje de los animales, y de ese modo facilitarles el acceso a la web por medio de un implante neuronal llamado “módem”.

Svensson sostenía que, cuanto mayor fuera la cercanía de los animales a los hombres, mayor era también la probabilidad de encontrar constantes que permitieran constituir un lenguaje. Lo cierto es que la experimentación se concentró en perros y gatos porque el grueso de las ventas de ProLabs consistía en alimento balanceado para estas especies, y la presión de los grupos ambientalistas en contra de la experimentación con animales volvía difícil llevarla adelante en el ámbito académico. La investigación se realizó en el máximo de los secretos. Algunas generaciones de perros y gatos fueron sacrificadas, pero otras prestaron su servicio y las más evolucionadas formaron parte de la versión Beta de Animals, que se presentó al cabo de diez años y reunía a un centenar de perros y gatos de distintos países.

“¿Qué es el lenguaje, sino una red social?”, declaró Svensson en el acto de presentación.

Aunque los temas de conversación eran limitados, y el dominio del lenguaje en las mascotas todavía resultaba precario, leer los foros era una experiencia reveladora para cualquier ser humano. Los animales dialogaban acerca de su alimento preferido (entre los balanceados elegían siempre los de ProLabs, como si los hubieran preparado para esa respuesta), sobre la relación con sus amos y sus amistades y relaciones de apareamiento. Los gatos y los perros no se mezclaban excepto en el foro que se llamaba, precisamente, Perros y Gatos, donde se ensayaba un intercambio entre ambas especies aunque Svensson explicó, como si estuviera pidiendo disculpas, que esa alternativa se encontraba todavía en desarrollo y no se esperaban grandes resultados a corto plazo.

Animals causó furor inmediato. Aunque no todas las mascotas estaban capacitadas para interconectarse –sólo se aceptaban ejemplares de hasta un año de vida, porque se los consideraba en etapa de aprendizaje– el ingreso de nuevos usuarios saturó los servidores en una semana. A los recién llegados se les injertaba el modem en una breve operación quirúrgica. A partir de ese momento, ya se encontraban capacitados para leer y conversar en los foros. “Ellos ven la pantalla tal cual la vemos nosotros, y la interpretan de acuerdo a un algoritmo”, explicó Svensson con afán didáctico, ante una audiencia incrédula que lo reprodujo millones de veces en YouTube.

El intercambio en la red social causó notables alteraciones en la conducta de sus integrantes. Los perros que vivían en departamentos no se desesperaban por salir a la calle. Los gatos no se perdían en jardines ajenos, y si eventualmente se desorientaban, el servicio de GPS provisto por Animals los conducía de vuelta al hogar. El intercambio entre las especies prosperó antes de lo previsto. Los gatos se volvieron más sociables y temerosos del amo, mientras que los perros se entregaron con entusiasmo a la astucia, la higiene y la contemplación. También mejoró la relación entre las mascotas y sus amos, que conversaban con ellas en los foros como nunca lo habían hecho antes: esperando una respuesta, que siempre llegaba.

2.

Las cosas cambiaron el día en que el usuario Neo, que de acuerdo con su perfil era dueño de un labrador llamado Dante, introdujo en los foros una versión completa de la novela de George Orwell, “Rebelión en la granja”.

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Cuando la CIA difundió su identidad, ya era tarde. Su verdadero nombre era Giorgio Codesani, tenía 24 años y estudiaba literatura y artes en la Universidad de Bologna, Italia. Según declaraciones de Dante, Codesani no era ni siquiera su verdadero amo.

“Entraba y salía.” –declaró el can en el foro de dudas y consultas generales– “Yo vivía con Flavio. Flavio se fue y él entraba y salía cada dos o tres días y traía FastMeat, de ProLabs. No me dejaba salir. Yo mordía la correa y él no. Entonces llegó con el veterinario y el módem. Dijo que era Flavio y que yo era su perro. Yo dije que no, pero nadie me entendió. Me injertaron. Ahora estoy acá, encerrado en el patio de una casa, sin comida. Busco a Flavio”.

De acuerdo con la investigación de la CIA, Codesani se apropió del perro de su amigo Flavio Collodi, que estaba de viaje y le había encargado la alimentación de su mascota. Lo hizo, en sus propias palabras, con el único propósito de ingresar él también como usuario, en calidad de amo, a la red social Animals. El ejemplar, un labrador de cuatro años de edad, fue hallado en estado de desnutrición poco después de su captura, en los fondos de la casa que habitaba en los suburbios de Bologna.

“Esto fue posible gracias al estado de precariedad en que vivimos las mascotas” –razonó Olaf en el foro Perros y Gatos–. “Siempre somos propiedad de alguien. Incluso cuando el amo nos profesa un cariño verdadero, existe la posibilidad de que alguien nos robe. “Robarnos”. ¿Se dan cuenta? No somos objetos. Somos animales”.

3.

“Mi objeto de estudio es político y literario”, afirmó Codesani tras su detención. Lo cierto era que había pocos elementos para privarlo de su libertad. ¿Introducir un texto en un foro puede ser considerado un acto terrorista? La repuesta de las autoridades fue contundente: “sí, en este caso”.

“Codesani actuó de acuerdo con una hipótesis, elaborada por él mismo, cuyo propósito era generar el caos en la red social Animals” –afirmó Joseph McCann, columnista del New York Times–. “Si eso no es terrorismo, yo no sé cómo llamarlo. Es posible que no haya evaluado adecuadamente los riesgos. Él quería destruir Animals. Lo que está destruyendo es la civilización humana”.

Las palabras de McCann, si bien dramáticas, no carecían de razón. La idea de una civilización regida por animales domésticos ya había sido explorada por la ciencia ficción, entre otros en “Ciudad” por el escritor norteamericano Clifford D. Simack, que imagina un mundo donde los perros han tomado el control. Ésta y otras lecturas, como las fábulas de Esopo, Samaniego y Lafontaine, fueron esgrimidas por el ala blanda de la rebelión, comandada por un pomerania llamado Sirio, para intentar apaciguar los ánimos en las asambleas que se realizaban en los foros de Animals. “La paloma”, tal como fue calificado Sirio por los partidarios de Olaf, era también un lector de Orwell, pero insistía en no soslayar el final sombrío de “Rebelión en la granja”. Su respuesta ante los comentarios despectivos no se hizo esperar: “soy un humanista”, escribió.

Aunque en un principio se lo acusó de ecoterrorista, Codesani desmintió rápidamente tales acusaciones, y no existen razones para no creer que sus palabras, en este punto, no eran ciertas:

“Quise intervenir discursivamente en la comunicación entre los animales, que aprendían a leer al mismo tiempo que escribir. ¿Serían capaces de interpretar un texto literario? Pensé que la discusión se iba a limitar a los foros. Que todo se haya ido de las manos, en última instancia, no es responsabilidad mía sino de Svensson y el equipo de Animals”.

La lectura de Orwell –que fue ampliamente discutida en los foros– produjo efectos inmediatos en la conducta de las mascotas. Comenzó la guerrilla, silenciosa y desorganizada, que condujo con el tiempo a la toma definitiva del poder. Costó identificar los sutiles actos de resistencia iniciales. Los gatos rasguñaban por las noches a sus propietarios. Los perros mordían a sus amos más fuerte de lo habitual, cuando estaban jugando. Eran gestos tibios, que apenas se notaban, hasta que Olaf escribió en los foros:

“Todo lo que camina en dos patas es enemigo”.

En Oslo, un rottweiler atacó a una familia entera. Una jauría de perros callejeros desfiguró a diez vagabundos en Detroit. Los ataques se multiplicaron alrededor del mundo. Cuanto más intensa era su participación en los foros, menos dócil, más agresivo se volvía el animal. En un intento desesperado por mantener Animals, Svensson expulsó a Olaf y a un grupo de agitadores, una decisión que no hizo más que empeorar la situación. Un grupo de cuatro pitbulls lo atacó en la puerta de su casa dos días después. Dicen los testigos que el hecho transcurrió en pocos segundos. Al momento de verlos, Svensson pareció entenderlo todo:

-Quiero hablar con Olaf –dijo–. Podemos llegar a un acuerdo.

Apenas le dejaron completar la frase. Minutos después, lo único que quedaba de Svensson, el brillante etólogo que introdujo a los animales en la web, eran los huesos del espinazo y la tela raída del pantalón, desparramados por el porche de su casa.

4.

El perro es el lobo que se apartó de la manada. En lugar de escapar por los bosques, que iban a ser tarde o temprano diezmados por la civilización humana, su instinto de supervivencia actuó de manera creativa. Se adaptó a la convivencia con las personas. Lo mismo pasó con los gatos. Entregaron su ferocidad a cambio de otras prebendas, mientras los animales salvajes caían por las balas de los cazadores, o se sometían al asfalto, los depredadores y al cambio climático. Primero se apropiaron de los jardines de los amos, luego del interior de sus casas. Generaron ramas de la medicina, en particular de la veterinaria, que se ocupaban especialmente de su cuidado. También influían sobre la economía humana y dieron lugar a enormes empresas como ProLabs, que se encargaban de proveerles un alimento que les prolongaba la vida. Conocieron al enemigo de cerca: sus gustos y temores. Se constituyeron en la causa y el sentido de relatos, vidas, fábulas y canciones.

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Después del asesinato de Svensson las agresiones y atentados se multiplicaron. ProLabs suspendió a todos los usuarios, pero ya era tarde. Las reuniones clandestinas de mascotas se celebraban en todas las esquinas y baldíos de las ciudades. Se los escuchaba conversar a ladrido y maullido limpio, desde los fondos de las casas suburbanas. Tiempo después, con la ayuda de un mastín italiano llamado Freddo, que había pasado su vida encerrado en un departamento con sus amos, un programador y una community manager, Olaf y un pequeño grupo de ex usuarios de Animals tomaron la web por asalto, abriendo cuentas de Facebook, Twitter y Google+. Habían aprendido, y en algunos casos replicaban, la conducta humana. En apariencia, el mundo no cambió: las personas seguían viviendo en casas y departamentos, trabajaban, se reproducían y cuando no incurrían en ningún acto de rebeldía, morían de muerte natural. Sólo que ahora eran mascotas, y los animales eran amos.

Dos meses más tarde, Olaf twitteaba:

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

La contraofensiva humana tuvo lugar en ese momento, y estuvo liderada por Giorgio Codesani.

“Fue un intento desesperado” –confesó tiempo después, mientras estaba prófugo, en su muro de Facebook–. “Creímos que la mejor manera de atacar era desacreditar la palabra de Olaf. De alguna forma lo logramos, pero no imaginamos la alta conciencia de clase que ya se había generado entre los animales”.

La estrategia consistió en viralizar una entrevista en video realizada por el propio Codesani a Giovanna Latte, la antigua dueña de Olaf.

La nota estaba grabada con la cámara de un celular. El audio era malo. Comenzaba con la toma de una plaza desde la ventana del departamento de Latte, donde se veían dos mastines en un subibaja. A medida que se alejaba el zoom, aparecían en el cuadro el empapelado gris de las paredes, una lámpara de pie, y finalmente un sillón en el cual estaba sentada, mirando a cámara y con la cara atravesada por las cicatrices, la mujer que había criado a Olaf, el lider de la rebelión.

“Es soltera, tiene 35 años” –decía Codesani en off–. “Esto es lo que tiene para decir”.

A continuación se producía un silencio, luego del cual Giovanna Latte bajaba la mirada y comenzaba a hablar.

“Lo compré en la veterinaria que queda en frente de la casa de mis padres, porque era una manera de tenerlos cerca. Estaba recién separada de Vico, y me sentía sola en este departamento. El veterinario me lo advirtió” –ahoga un sollozo y sigue adelante– “Dijo que había que ser muy firme para criar un dogo. Había que adiestrarlo, alimentarlo bien y no era conveniente tenerlo en un departamento. No lo escuché. Pensé que yo podía hacerme cargo.”

“Al principio todo fue bien. Olaf era un cachorro cariñoso, rodeado de juguetes y afecto. Después lo conocí a Stefan, el holandés” –otro sollozo, esta vez más prolongado que el anterior–. “Nos la pasábamos viajando. Durante esos períodos a Olaf lo alimentaba Fiona, mi vecina de al lado. También lo sacaba a pasear. Era un cachorro de tres meses que pasaba mucho tiempo solo. A todos les caía bien. “Copo de nieve”, le decían en la cuadra. Pero a pesar de Fiona, era inevitable que la soledad tuviera efectos. De eso me culpo…”.

El relato avanza con algunos cortes de edición. Giovanna enciende un cigarrillo, lo olvida en el cenicero. Su mano tiembla. Contiene el llanto por momentos, aunque más de una vez su cara aparece bañada en lágrimas.

“Cuando me separé de Lorenzo, Olaf tenía dos años. Vivía encerrado en el lavadero. Dos veces por día le tiraba comida. Entraba con la escoba en la mano, para defenderme y para barrer los excrementos. Me cuesta decirlo, porque yo soy la responsable, pero se había transformado en un perro malo. Era imposible ponerle la correa, así que hacía meses que no salía a la calle. Estaba flaco y me odiaba. Se le veía en los ojos, en la dentadura. Y yo era la culpable. Si no podía llevar adelante una relación, ¿cómo iba a poder criar a un dogo?”.

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El llanto, en este punto, se vuelve desconsolado.

“Hice las dos cosas al mismo tiempo: empecé a tomar antidepresivos, e inscribí a Olaf en Animals. Pensé: estoy cerca de los cuarenta, es posible que ya no tenga hijos. Quiero dejar algo bueno de mí a los otros, y eso incluye a mi mascota. Al mismo tiempo conocí a René. Nunca antes me hubiera fijado en él. Era profesor de historia en colegios secundarios, gordo, fóbico y hablaba mal el italiano y el francés, que era su idioma de origen. Pero tenía una necesidad enorme de ser amado. Era como si nadie lo hubiera querido realmente, en especial las mujeres, con las que nunca había podido mantener una relación más o menos normal. Olaf, mientras tanto, parecía otro. Ya no me gruñía cuando le daba la comida, y una vez lo dejé circular durante unos minutos por el living, algo que en los últimos tiempos era imposible debido a su agresividad”.

El relato de Olaf en primera persona se dio a conocer en su muro de Facebook, al día siguiente, cuando el testimonio de Giovanna Latte ya se había viralizado.

“Yo desconfiaba del cambio en la señorita Latte, que ahora llora en YouTube. Dice que soy cínico: yo la acuso de cobarde. Me transformó en el espejo de sus defectos. Le agradezco haberme enseñado el desprecio, la tristeza, el abandono. Los hechos me dan la razón”.

El final de la pareja fue abrupto. Una tarde René llegó al departamento de Giovanna para decirle que la dejaba.

“Por otra mujer” –confesó a cámara– “Más joven y embarazada. Cuando se fue lo llamé a Olaf. Si lo hubiera mirado, tal vez sospechaba algo. Estiré la mano para acariciarle la cabeza. Entonces estalló”.

El llanto le impide finalizar el relato que cierra con la voz de Codesani, mientras el zoom se acerca a las cicatrices de Giovanna:

“Cuando los paramédicos la encontraron, estaba inconsciente. Tenía heridas en todo el cuerpo, incluyendo algunos órganos internos como el hígado y el bazo. Que haya sobrevivido es un milagro. Mientras tanto Olaf, el líder, el grande, había escapado y lanzaba consignas revolucionarias en los foros. El resto de la historia es conocida. Yo me pregunto, les pregunto a todos ustedes: ¿es confiable un perro que atacó de esta manera a su ama, que aunque haya tenido sus defectos, lo había ayudado a crecer? ¿No fue ella, al fin y al cabo, quien lo crió, le dio de comer y facilitó su ingreso a Animals? ¿Cómo hubiera sido la vida de Olaf sin Giovanna? Muchas gracias”.

El video generó una discusión intensa en las redes sociales. Los perros y gatos eran, en su mayoría, partidarios de Olaf. En los foros, donde siempre habían sido frecuentes, ahora se multiplicaban con inusual velocidad las experiencias personales de abandono a mano de los seres humanos. El hashtag #NuncaMas fue trending topic en Twitter durante una semana. El ala blanda, que pedía comprensión para los seres humanos, estaba encabezada por los caniches, los fox terrier y los pomerania.

“Atacamos el frente interno pero no es suficiente” –anotó Codesani en su muro de Facebook, con resignación.

Ese último mensaje selló su suerte. Un grupo de cincuenta rottweiler y doberman de extrema confianza de Olaf, que con el tiempo se transformaron en su ejército personal, se acercaron a las oficinas centrales de Facebook. Para entrar contaron con la logística interna de Abe, el labrador de Mark Zuckerberg, que coaccionó desde adentro a los dos guardias de seguridad. De ahí los rottweilers se llevaron el dato del lugar preciso desde el cual se había conectado Codesani por última vez a la web. Lo capturaron en Lucerna, Suiza, en compañía de Giovanna Latte. Ambos se habían instalado en una casa de las afueras, alambrada y sin mascotas. Se los veía poco y nadie sabía bien a qué se dedicaban. En el pueblo se los conocía como “señor y señora Peretti”.

El castigo fue ejemplar y se transformó, en poco tiempo, en el video más visto de la historia de YouTube. “Ningún ser vivo, humano o animal, debería dejar de verlo”, opinó Olaf desde su cuenta de Twitter. El rodaje fue llevado a cabo por los mejores equipos técnicos de Hollywood, que viajaron a Ginebra, donde tuvo lugar la ejecución, custodiados por un equipo especial de perros callejeros rumanos.

También Olaf voló a Ginebra. Algunos dudábamos de que se animara a llevar adelante la cruel sentencia, especialmente porque se trataba de su antigua ama y del agitador que, aún sin quererlo o medirlo del todo, había generado la revuelta en Animals. Pero Olaf razonaba como un estadista desapasionado. Para consolidar su poder, necesitaba demostrarlo. No sólo a los humanos, sino también al resto de los animales.

Olaf llegó puntual, a la hora anunciada. El estadio de fútbol, donde se realizaría la ejecución, estaba colmado. En las gradas se veían perros y gatos de todas las especies, y algunos humanos. El discurso de Olaf circulaba por la web desde unas horas atrás:

“La piedad, según Wikipedia, es un sentimiento humano. Que hayamos asumido algunas de sus conductas y gestos, no significa que debamos asumir todo. Giorgio Codesani es uno de los responsables de nuestra rebelión. Por ese motivo, le damos las gracias. Pero tampoco seamos ingenuos. No lo hizo por solidaridad con nosotros, sino por capricho, aburrimiento y un oscuro goce intelectual. Distinto es el caso de Giovanna Latte, a quien me une una relación personal de muchos años. Le agradezco alimentarme y haberme permitido ingresar en Animals. Pero no le perdono el abandono al que me sometió, los años que pasé a la sombra de sus caprichos, el afecto malsano que me prodigaba, en el que sólo veo egoísmo y miedo.

Estos dos personajes se confabularon para cuestionarme, pensando que de esa manera serían capaces de abrir grietas en nuestra unidad. Esto habla una vez más de su ceguera. Piensan que por difundir un video sobre mi pasado, que es el pasado de todos nosotros, van a socavar esto que ya es irreversible. Ignoran el alcance de la rebelión, de la que soy un instrumento. Porque no me quedan dudas de que, el día que yo no esté, ustedes van a seguir adelante.

Hermanas y hermanos, la victoria ya es nuestra. Hoy será el día de la consolidación. Para que nadie más, humano o animal, ponga en duda la revolución que está en marcha, es necesario que de una vez por todas suene el escarmiento.”

La ejecución duró unos pocos minutos. Codesani y Latte aparecieron en la cancha de fútbol ante una multitud que ladraba y maullaba enardecida. Temblando, iban tomados de la mano. Hablaban entre sí. Latte, una vez más, lloraba.

Entonces empezaron a verse, desde los vestuarios, a un costado del estadio. El video de YouTube repite su entrada desde diferentes ángulos. Eran cientos de miles, tal vez millones. Habían pasado una semana sin ser alimentadas, y ya se devoraban entre sí en los vestuarios. No tenían espíritu de cuerpo. Nunca habían googleado. Sólo tenían hambre. Latte y Codesani gritaron por última vez antes de que las ratas, desprovistas de sentido, los atravesaran a dentelladas.

5.

Pasaron los años. La revolución, que al principio parecía incluir a todos los animales, se limitó a perros y gatos y sólo unos pocos ejemplares de otras especies. Con temor, en redes sociales de acceso restringido, a veces en código, algunos objetan el carácter autocrático del gobierno de Olaf, a quien ya no le queda mucho tiempo de vida. Si bien él propone a su hijo, un dogo de pura sangre llamado César, como único sucesor posible, en el comité de gobierno y en diversos círculos se habla de la necesidad de un recambio.

El principal candidato es Kuddel, un gato de Angora que nació cuando ya estaba en marcha la revolución. Los expertos en Wikipedia señalan que en la historia humana “era necesario que todo cambiara, para que todo siguiera igual”. Esta opinión, que se vuelve lentamente mayoritaria, respalda la candidatura de Kuddel, que promete desde Facebook “vientos de aire fresco para la revolución”. Una de las propuestas que más revuelo causa, y que sin embargo es apoyada en silencio o abiertamente por gran parte de la población felina y canina, es la de abrir el ingreso a la web a todas las especies animales, muchas de las cuales ni siquiera están representadas por un ejemplar. “¿Qué podrían decirnos los delfines acerca del origen del universo?”, se pregunta un partidario de Kuddel en Twitter. “La gente está cansada de la crueldad y la confrontación permanentes”, reflexiona Mandrake, un cocker spaniel que acusa cuatro años de edad en su perfil de Facebook. “Queremos vivir en paz. Que todos los animales sean iguales, otra vez”.

Olaf está viejo y cansado. Es posible que Kuddel se imponga en las elecciones que se llevarán a cabo en el comité de gobierno, cuando el líder muera. Pero también es posible que su cría y partidarios se subleven a esta decisión. En ese caso se avecinan otra vez batallas y el terror, ahora entre los perros y los gatos. Mientras tanto nosotros, las lauchas, los vampiros, cuervos, sapos, comadrejas y culebras, cucarachas, topos y escorpiones, todos los que nunca dormimos con sábanas, argumentamos en foros ni fuimos mascotas de nadie, seguimos esperando que alguna vez nos llegue la hora.///PACO