Obedece a la morsa

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Por Luciano Sáliche

I
Si por alguna de esas casualidades Johnnie Baima no está muerto, pronto cumpliría 64 años. Hace unos días un amigo subió a un grupo de Facebook un video llamado Obedece a la morsa y nos lo vendió preguntando “Qué opinan de este traba?”. Una verdadera bazofia: un travesti drogado, anoréxico y enfermo de polio bailando tap como si alguien le estuviera apuntando con un arma y, mientras lo filma, le dice “¡Baila para mí, maldito infeliz!”.

Quien baila en el video es Johnnie Baima, conocido como The Goddess Bunny (La Diosa Coneja), una famosa drag queen de los suburbios de Los Ángeles. Lo que se ve en youtube fue filmado en 1980 de forma casera por otra estrella trans, Glen Meadmore, cuando La Diosa tenía apenas 20 años y le había dado positivo el test de VIH. En aquella época, también fue conocida como AIDS terrorist ya que se difundieron fotos suyas entre algunas familias de la Costa Este de los Estados Unidos para potenciar la homofobia de la lucha contra el SIDA. “Estaba pasando por una gran depresión, estaba tratando de negar mi condición y me negaba a comer porque pensaba que me iba a morir. Me veía como un recorte de una muñeca de Karen Carpenter “, dijo en una entrevista del año 2008.

El director Nick Bougas decidió hacer un documental sobre su vida donde ella misma lo protagonizó; entonces incluyó dentro del film el famoso video de 1980. La película se llamó The Goddess Bunny y se estrenó en 1998.

La Diosa no es un personaje que podría estar en el programa de Anabela Ascar. No podría porque su afecto físico no causa gracia. O sí causa, pero no con hilaridad; sino más bien como hecho mórbido. La Diosa no podría salir a las dos de la tarde por la pantalla de Crónica TV porque en Argentina los padres cuidan muchos a sus niños y jamás dejarían que vean tan horroroso sujeto.

II
La versión del video que circuló por la web y hoy supera las 3 millones de vistas es esta y está editada para otorgarle un efecto satánico y crear la idea de un trance a través de la pantalla. Pero la versión original es mucho más cruel porque muestra lo verdaderamente terrorífico: que todo es real.

Las películas de terror tradicionales fueron perdiendo terreno frente al subgénero del gore donde la mutilación de los cuerpos es un megashow alucinante. ¿Por qué un niño que está saliendo de la infancia debería tenerle más miedo a un psicópata con una motosierra que a un monstruo con garras y colmillos capaz de aparecer en los sueños y matarlo? Fácil: porque el dolor de la amputación de un brazo con una motosierra es verosímil.

Una vez que se sobreentiende que lo que muestra Obedece a la morsa es real, no está trucado y no tiene ningún efecto que le adelgaza los miembros al personaje (no todo es photoshopeable) se entra en un camino diferente, el del morbo. Ese sujeto es real, como vos. Así se construye lo grotesco, con una exageración brutal hasta deformar la materia de nuestra finitud: el cuerpo. La sensación que genera ver un cuerpo deformado bailando tap e increpando al espectador con la mirada es un compacto conceptual entre lástima y asco; y un horror poco convencional, malsano, inmoral, de sabor dulce: el morbo que se clava en el cerebro como la inyección de un morfinómano.

godbun

III
Quizás Donna Haraway, cuando publicó su Manifiesto Ciborg en una revista en 1985, ya había visto el video de La Diosa [1]. Haraway decía que el problema del feminismo y el socialismo era su falta de ironía frente a una situación de dominación. Cuando las herramientas para contrarrestar el machismo son una serie de insultos anulando la otra posición se pierde el debate. Por eso, ella entiende que la ironía es la forma de abordar las contradicciones, de mantener enlazadas cosas opuestas. Este es el caso del morbo: unir lástima con perversidad. Y pensarlo requiere de ironía para no caer en el lugar común de la corrección política.

No hay forma de responder unilateralmente por qué es tan visto un video así; lo que sí se puede decir es que la contradicción juega un rol central, la acidez de la ironía, una segunda vuelta de rosca al miedo previsible: ¿por qué un travesti enfermo de polio te da risa o asco o impresión o miedo? ¿Acaso no es una criatura de Dios tan igual -tan inocente y culpable a la vez- como cualquier otra?

IV
En un principio La Diosa se hizo conocida en la subcultura gay y trans de Hollywood bajo el nombre de Sandy Crisp. Su aspecto físico llamaba la atención no sólo por su exageración en el maquillaje femenino sino también por sus extremidades lisiadas por la polio. La tendencia gótica y drag que se practicaba en el underground de la época le permitió construir su identidad como actriz independiente. Un cronista [2] que vio a La Diosa en escena dijo no poder creer cómo un travesti que apenas se podía mantener en pie mantenía tan cautivo a todo su público.

Debutó en el cine en 1986 con la película Hollywood Vice Squad donde compartió escena con Carrie Fisher, la Princesa Leia Organa de la saga Star Wars, que en ese momento se encontraba en una decadencia funesta debido al consumo diario de cocaína. Ese mismo año posó para Joel-Peter Witkin, reconocido fotógrafo que mezcla la perversión con la atrocidad, en una muestra que recorrió el mundo [3]. Según algunos rumores, Witkin le habría pedido a La Diosa que tenga una erección en el momento de la fotografía a lo que ella le respondió que sólo sería posible si él mismo le practicara sexo oral. También estuvo en tres películas más: The Goddess Bunny Channels Shakespeare (1989), The Drift (1989) y The Ma Barker Story (1990).

Cuando Marilyn Manson vio las fotos de Witkin la llamó para pedirle que esté en el videoclip de The Dope Show. “Él es el hombre más dulce que he conocido. Es una persona con dinamita”, dijo La Diosa Coneja.

Y así fue la cadena. El rapero Dr. Dree vio ese video y también la llamó. En el tema Puppet Master, La Diosa aparece bailando atada como una marioneta, disfraza de monja y con un pulpo entre las piernas.

V
En Los Dones de las Hadas [4], Baudelaire cuenta que todos los padres de un pueblo francés llevaban a sus recién nacidos en brazos para presenciar la Gran Asamblea de Hadas. Ellas, menos prudentes que caprichosas, se encargaban de darle un don a cada uno de los bebés. Pero ese don tenía una ambigüedad: la felicidad y la desgracia se trocaban en esa gracia concebida. Cuando el populacho se estaba retirando, un sujeto le gritó al Hada que tenía más cercana que aún faltaba su hijo. El Hada, molesta por haber trabajado todo el día, luego de unos segundos de reflexión le otorgó el don de gustar. “¿Gustar?”, dijo el hombre. La escena termina con el francés totalmente perplejo y las Hadas yéndose, hablando entre ellas, burlándose del pobre tipo que no sabe lo que le espera.

Los más de tres millones de views en el video La Diosa dicen que ella realmente gusta. Pero no de la forma convencional. En la Web hay una inundación prominente de gatitos tiernos, cuerpos sensuales, caídas graciosas y combates épicos. El don de La Diosa es diferente. En su gracia, la desgracia y la felicidad hacen una extraña simbiosis: la morbosa bendición de gustarle al populacho.

VI
La infancia de una persona así nunca es angelical: sufrió abusos sexuales y contrajo poliomielitis de muy pequeño, una enfermedad que afecta el sistema nervioso central causando desde atrofia muscular y parálisis hasta malformación. Se contrae por secreciones respiratorias (tos, estornudos) o por la ruta fecal oral, es decir, por comer excremento, práctica que tiene que ver –de alguna forma- con el sexo anal y oral continuado y con la coprofilia.

Cuando sus padres se separaron, La Diosa –que aún era Johnnie- fue a parar a una fundación comunitaria. Las torturas eran cotidianas. Le rompieron los huesos, la ataban, la quemaban y hasta le hicieron defecar sobre ella misma. Luego consiguió que la adoptara un tipo bondadoso pero ignorante. Y como se sabe, la ignorancia puede matar. La llevó a nadar varias horas al día para fortalecer sus huesos pero se produjo todo lo contrario y le trajo complicaciones; debió ser operada de fusión espinal con urgencia. Entonces los médicos implantaron una barra de acero en su columna vertebral. Esta operación, que ahora es ilegal, le detuvo su crecimiento para siempre. “Créeme, sé lo que es la tortura medieval”, dijo en una entrevista.

No sólo la infancia, sino también su adolescencia y madurez. Trabajó como prostituta durante dos años para un hombre desocupado y drogadicto. Fue violada por dos tipos en un subte. Su primer marido murió en un accidente de tránsito. Hasta que llegó The Goddess Bunny, la gran película de su vida.

“A pesar de que era básicamente una escena inocente y casi pintoresca, el video tiene la tendencia a poner nerviosos a los no iniciados”, dijo el director Nick Bougas, en una entrevista. “Pareciera como si la escena de un individuo horriblemente malformado tratando de hacer algo gracioso fuera algo insoportablemente horroroso para la mayoría de la gente”.

Ni bien terminó el rodaje de The Goddess Bunny, La Diosa se casó con un ex-convicto recién liberado. Vivieron durante un tiempo en una casa rodante junto a su suegra, una fanática cristiana que creyó la mentira de que Johnnie Baima era una mujer. Esa relación terminó mal: el hombre era un violento y la fajada todo el tiempo.

VII
Uno de los tantos apodos de La Diosa Coneja era La Morsa. Cuando se difundió el video editado en youtube del fragmento de la película, muchos empezaron a tener pesadillas. Se creó el mito de una secta trans que adoraba a Lucifer y buscaba atacar las mentes de los infantes para pervertirlos y así crear un ejército de travestidos maniáticos. La Diosa siempre se reía de forma grotesca cuando algún periodista le preguntaba sobre el satanismo. Después hacía una pausa, bebía un trago de bourbon –un whisky estadounidense, su favorito- y miraba fijo al entrevistado. Luego, con una voz ronca por el cigarrillo, decía: “Jamás… jamás podría hacer eso, yo amo a mi público”/////PACO

 

Notas

[1] En aquel momento La Diosa era un ciborg no sólo por tener una barra de metal en su cuerpo, sino también por su condición de trans, donde su identidad femenina no es a priori orgánica.

[2] El testimonio es de un artista que lleva el seudónimo de Red Cell y se encuentra en esta página.

[3] En la muestra, La Diosa recrea a Leda produciendo la desmitificación de la belleza en su estado más radical. Un detalle: el piso está totalmente orinado.

[4] Poema en prosa incluido en El Spleen de París, de Charles Baudelaire, publicado en 1869.