Abortar la misión

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Por Paula Puebla

Las humanidades nos enseñan humanidad. Tras la noche secular del cristianismo, las humanidades nos devolvieron nuestra belleza. Eso es lo que nos enseñan los griegos, Blanche, los griegos correctos. Piensa en ello”

Elizabeth Costello, J.M.Coetzee.

Es todo risas hasta que se te pintan en la retina de los ojos las dos rayitas rosas. Positivo. Te quedás paralizada un rato mirando el resultado -esperando que una de las líneas se borre como la foto familiar de Marty McFly en Back to the Future– pero después de decir nopuedeser decenas de veces, te das cuenta que la única opción posible en tu universo va a ser abortar. 

ABORTAR: (Del lat. Abortāre, de este aboriri, “desaparecer, de ab y oriri, “surgir). intr. Dicho de una hembra: Interrumpir, de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo.

Lo decidiste casi sin pensar porque, muchas veces, no hay nada que pensar. Y así como quien en un instante toma el toro por las astas te sentás frente a la computadora y tipeás: aborto. Hundís el botón del enter y te sumergís como Neo en la matriz. Te das cuenta que estás en el umbral de un terreno minado de ideas monolíticas, prejuicios y desinformación. Sabés que es necesario moverse con rapidez porque sos consciente que -esta vez- el reloj biológico hace un tic tac que suena muy parecido a la bomba de dibujito animado, donde los días valen oro porque el tiempo se mide en semanas.

Leés y leés, vas de página en página, te cansás pero seguís. El resultado es que básicamente no podés parar de naufragar. Lo charlás con tu amigo, con tus amigas, tu prima y algún conocido doctor. La gente que te quiere se pone en campaña para mover lo que tiene a su alcance y ayudarte, aunque sea con palabras de aliento o algún chiste al estilo Cien veces no debo. Mientras tanto sacás un sobreturno desesperado con el ginecólogo -a quien viste dos veces en tu vida- porque pensás que no está de más que te asesore un profesional. Una vez en el consultorio, le informás al especialista sobre tu situación y te le quedás mirando con ojos que imploran hacé algo. En un paso de comedia, el tipo cambia el tono y volumen de voz y te dice “bueno, vos sabés que lo que estás queriendo hacer es recontra ilegal, ¿no?”

Código Penal de la Nación Argentina. Ley 11.179.
ARTICULO 85. – El que causare un aborto será reprimido:

1º Con reclusión o prisión de tres a diez años, si obrare sin consentimiento de la mujer. Esta pena podrá elevarse hasta quince años, si el hecho fuere seguido de la muerte de la mujer.

2º Con reclusión o prisión de uno a cuatro años, si obrare con consentimiento de la mujer.

El máximum de la pena se elevará a seis años, si el hecho fuere seguido de la muerte de la mujer.

ARTICULO 86. – Incurrirán en las penas establecidas en el artículo anterior y sufrirán, además, inhabilitación especial por doble tiempo que el de la condena, los médicos, cirujanos, parteras o farmacéuticos que abusaren de su ciencia o arte para causar el aborto o cooperaren a causarlo.

ARTICULO 88. – Será reprimida con prisión de uno a cuatro años, la mujer que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare. La tentativa de la mujer no es punible.

Sí, sabías que es recontra ilegal, porque vivís en Argentina, porque sos idiota solamente para algunas cosas y porque ya googleaste todo, pero le contás que fuiste a verlo para que te tire un centro. Sin dudarlo un instante, saca un anotador y, de memoria, anota el número de teléfono de un colega que atiende en un consultorio privado cerca del Alto Palermo y practica intervenciones que cuestan no menos de cinco mil pesos, de acuerdo al tiempo de gestación y condiciones particulares de la paciente. El tipo está de ambo blanco, pero con la labia de un vendedor ambulante te vende las bondades del método de su colega (aka el socio), y no duda un instante en decirte “no se te ocurra usar ningún otro método, no querés terminar en una guardia esperando una histerectomía”. Gracias por el aporte, doctor, le decís y te vas a tomar el subte pensando que casi no se le nota el entusiasmo por lucrar con tu miedo. Genio.

Mientras tanto, un amigo que trabaja en la salud mental se contacta con la jefa de servicio de obstetricia del hospital público donde ambos trabajan, y te llama para contarte las novedades. La primera cuenta que a partir del año 2012, a través de un fallo judicial muy festejado por un caso particular, la Corte Suprema Argentina despeja las ambigüedades que presentaban el inciso 2º del artículo 86 del Código Penal. ¿Qué significa esto? Que la actual legislación argentina sólo considera no punible los abortos que se llevasen a cabo.

1º Si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios.

2º Si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto.

El Estado argentino es capaz de brindarte contención y un servicio médico y seguro en esos casos. Como en los papeles ya no es necesaria la presentación de una denuncia policial, y basta con una declaración jurada de la requiriente, esta aclaración en el artículo 86 invita a muchas mujeres a presentarse en cualquier hospital público y entregarse a la vergonzosa e indigna aventura de fingir una violación. ¿Cómo? Sí, si no te animás a hacerte un aborto en tu casa, vas a la guardia del hospital más progre que tengas cerca y, supuestamente, voilá. Aunque ojo, que en las zonas grises donde la legislación es tan endeble y reciente, nunca sabrás cuál es la ley y cuál es la trampa.

Aunque te parezca una aberración, y vaya en contra de la mayoría de tus principios, lo tenés en cuenta, y haciendo caso a otra de tus amigas, llamás a las líneas rotativas de salud sexual que el Ministerio de Salud puso amablemente a tu disposición. Querés saber cuál es el grado de realidad del llamado aborto no punible. Te atiende una señorita muy educada que hasta pone voz de comprensiva y te tutea como si fuera tu prima. Al parecer parte de su trabajo es generar empatía. Primero te aclara que estás queriendo ejercer una práctica ilegal. Le decís que ya lo sabés, y le preguntás sobre el artículo 86. Y palabras más, palabras menos, deja deslizar “Bueno, como sabrás en toda legislación hay un espacio vacío. Una cosa es lo que dice la ley y otra cosa es la práctica profesional…”. Te agarrás la cabeza tercermundista y la dejás seguir un rato más hasta que tu nueva amiga dice algo que te llama la atención: objeción de conciencia.

¿Qué es la objeción de conciencia? Es el rechazo al cumplimiento de determinadas normas jurídicas por considerarse éstas contrarias a las creencias éticas, morales o religiosas de una persona particular.

En su mayoría, las objeciones de conciencia se deben al credo del médico o institución interviniente. No olvidemos que el artículo número 2 de la Constitución Nacional Argentina establece que el Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano, monolito que ha estado históricamente aferrado al derecho a la vida, cueste lo que cueste, no matter what.

Entendés entonces que así como un taxista sigue de largo cuando no le gusta la cara de quien le hace señas para que se detenga, y como el encargado de un restaurant se reserva el derecho de admisión y puede elegir no atender a un borracho o a Jorge Lanata, un médico puede declararse objetor de conciencia por sobre su juramento hipocrático y peor aún, por sobre los derechos de un tercero. Algunos lo llaman colisión de derechos; vos querés salir con un lanzallamas.

Agradecés a la señorita por su atención e intentás cortarle no sin antes preguntarle en buen criollo por qué carajo la objeción de conciencia atropella los derechos individuales. No sabe no contesta, pero tampoco te deja cortar. Antes necesita leerte tres o cuatros señales de alerta para tener en cuenta en la situación post abortiva. En definitiva, el Estado te advierte que abortar en tus circunstancias es ilegal y, a sabiendas de que de todas formas vas a terminar haciendo en el peligro de la clandestinidad, quiere leerte un par de consejitos útiles para que no te mueras desangrada en el piso del baño de tu casa. También te pasan el link de la Organización Panamericana de la Salud, donde existe un .pdf con la Guía Técnica para la Atención de Abortos No Punibles. Cool. Gracias, señorita. Muy rico todo, pero la lechuga no es comida.

La segunda novedad de la que te habló tu amigo es la más factible. Cuenta que existe un método muy efectivo para la interrupción del embarazo temprano, utilizando una droga llamada misoprostol. Ponés resistencia porque se te aparece una visión fantasmagórica del Dr. Tongo y su advertencia de muerte contra el método de las pastillas. Volvés a investigar y te enterás que en un centro de salud del conurbano, un equipo de mujeres profesionales prestan sus servicios de consejería. Un conocido te consigue un turno, juntás tu ecografía y tu análisis y vas. Con todos tus síntomas de embarazo mal encajado y confusión llegás al culo del mundo porque te prometieron despejarte de la maraña de opiniones y contraopiniones que tenés en la cabeza. Estas mujeres te atienden en un gabinete y prestan todo el tiempo que sea necesario para escucharte y evacuar tus dudas. A medida que las escuchas no te entra en la cabeza cómo ese no es un servicio institucionalizado y regularizado en todos los centros de salud públicos y privados del país. Te preguntas cuál será la piedra que se interpone en el camino hacia el blanqueo de las prácticas abortivas. Pensás en Francisco. Pensás en Cristina.
La consulta es esclarecedora y salís conforme. Te explican el funcionamiento del método de interrupción de embarazo con pastillas y te orientan con la cordialidad propia de la sensatez. “Las pastillas funcionan muy bien”, te tranquilizan. Te vas con información certera, un norte y la dirección de una farmacia anotada en un papel donde ir a comprar las 12 pastillas necesarias para delinquir en la intranquilidad de tu casa. Con la discreción y la seguridad justa, comprás la medicación sin receta por menos de 500 pesos.

Llegás a tu casa y procedés. ¿Cómo? Te aplicás 4 comprimidos via vaginal cada 12 horas. Te explicaron que la droga hará que el útero comience a contraerse y eventualmente, emular la pérdida natural de un embarazo. Te advirtieron que tal vez ibas a tener dolores, pero no sabés qué esperar. Es todo miedo y ansiedad.

Tras la primer aplicación, te sentás en el sillón a mirar series viejas y películas repetidas, pero estás intranquila y vas al baño cada 5 minutos. Chequeás. Te dijeron que chequearas y seas observadora, que era importante saber distinguir entre un sangrado y la pérdida de algo más. Al principio no pasa nada. Al cabo de un par de horas y mientras mirás un capítulo de Friends en el que Rachel está embarazada, empezás a sentir un poco de dolor, después un poco más. Dolor de ovarios, escalofríos, tal vez unas pocas líneas de fiebre. Es la droga que está actuando. Hacés caso a las indicaciones de las mujeres de la consejería y te tomás algo para surfear la ola. Te recostás y te dormís. Apenas volvés a la realidad vas al baño. Y sentís algo raro y te das cuenta que sucedió lo que tenía que suceder. Mirás el fondo de la taza del inodoro y no lo podés creer. No hay dudas ni sutilezas: hay sangre y un huevo de tejido rotundo color morado que lejos de inspirarte llanto te causa el alivio del problema resuelto. Las pastillas funcionan muy bien. Te imaginás un lugar en alguna dimensión donde van a parar los más de 500 mil abortos anuales que se practican sólo en Argentina, ¿cómo será? Gore. No sabés si sentirte una basura o una mujer irresponsable muy responsable, una valiente o una cobarde, pero te sentís muy sola. Necesitás retomar terapia. Seguís las indicaciones médicas que señalan completar -en todos los casos- la aplicación del resto de las pastillas. El útero seguirá eliminando a lo largo de varios días -entre 5 y 20- los tejidos que allí se generaron. Estar atenta. Oler. Mirar. Chequear. Lo hacés. No querés que nada salga mal. Sobreviviste.

Ojalá el camino terminara al despertar. Pero además del sangrado te quedan en la cabeza cientos de interrogantes y planteos que no pudiste digerir. Aceptás el dolor como parte del pecado mortal que acabás de cometer, a fuerza de silencio e Ibuprofeno 400. Los efectos secundarios no son una cuestión menor: te duelen los ovarios, las hormonas influyen en tu estado de ánimo y tenés un insomnio galopante.

Mientras esperás los diez días necesarios para hacerte un ultrasonido y chequear que el procedimiento haya sido exitoso, y como además no podés dormir, seguís leyendo al respecto porque te convertiste en unos de esos delincuentes que leen compulsivos en la cárcel. Vas a contramano en la línea de tiempo y terminás leyendo pensamientos aristotélicos y las concepciones de Santo Tomás de Aquino y San Agustín. Te indignás, pero el carnaval de la indignación no estalla hasta que te acordás que estás en el siglo XXI y las ideas metafísicas sobre la concepción del ser humano y los parámetros morales, se sostienen en el tiempo con una dureza tectónica que asusta, una anacronía que mata. Guerras, invasiones y hambrunas después, la premisa maternidad o delito no se ha modificado en su sustancia, sino que se han agregado con hipocresía los detalles del asterisco obsesivo de las notas al pie.

¿Qué te pasa con el aborto, Argentina? Poné aborto en Argentina en el buscador. En Wikipedia se encuentra un breve pero conciso repaso que ilustra el tema a lo largo del tiempo. No querés entrar en detalles, pero estás frontalizada y querés conocer la postura del gobierno progresista al que votaste. Y sí, te enojás porque estás moody y porque no encontrás lo que es esperable de una representante mujer cuya bandera principal son las políticas de inclusión. Todavía tenemos una legislación que se abre de gambas y deja al descubierto el rosado pudor de los derechos humanos. No hay ni asomo de un paso firme hacia la despenalización, mucho menos a la legalización. 

Información y fuentes:

www.womenonwaves.org 

www.abortolegal.com.ar

www.abortolatinoamerica.com

///PACO