Muerte de un freak

Por Mariano Canal

Diane Arbus, la fotógrafa norteamericana cuyos retratos hacían ver a los normales como anormales y a los anormales como normales, dijo una vez que los freaks de este mundo planteaban para la mayoría de las personas una especie de acertijo como el de las historias mitológicas: la esfinge con cabeza de mujer y cuerpo de bestia salvaje que cierra el paso al caminante y le hace una pregunta de respuesta imposible. “La gente común va por la vida temiendo enfrentarse a una situación traumática. Los freaks nacen con ese trauma. Ya superaron esa prueba en sus vidas. Son aristócratas.”

 Hace unos cuatro años Ricardo Fort se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad de las shows televisivos de la tarde: un cuerpo como de cómic de Marvel cubierto por las texturas brillosas de un vestuario que gritaba Miami, joyas y relojes fabricados para encandilar en la oscuridad, tatuajes que le recorrían los brazos y el torso, un rostro moldeado en los quirófanos, a golpe de dólar y de espejo hasta adoptar la forma que el deseo de su dueño quería darle. Nadie sabía quién o qué era Ricardo Fort pero la pantalla lo adoptó como adopta a los que se muestran lo suficientemente desesperados como para entregarse en cuerpo y alma a ella. Fort quería ser famoso. Fort tenía dinero, mucho dinero, para pagarse ese viaje al corazón del imaginario fugaz público televisivo. Fort se volvió transparente en esa búsqueda de la fama: con su dinero subía una corte de efebos y gatos a un avión privado y se trasladaba a las calles de Miami o de Roma o de París a montar un show de puertas abiertas televisado por tiendas, restaurantes o locales nocturnos. Con su dinero alquilaba una mansión en Mar del Plata y producía obras de teatro; compraba Bentleys y Rolls Royces, exhibía sus Patek Philippe y sus Rolex, les regalaba a sus amantes ocasionales objetos de lujo con la inconciencia y el derroche que caracterizan a los aterrorizados por la soledad.

 En un nivel silvestre, doméstico, exagerado, antiliterario, Fort fue como Jay Gatsby: un grasa con plata desesperado por ser amado. Sus fiestas, sus autos, sus modificaciones corporales, sus amantes de alquiler masculinos o femeninos, sus programas de tele, sus obras de teatro, todo estaba recubierto por esa pulsión inútil. Torrentes de dinero volcados al solo objeto de ser conocido, famoso, querido. Dinero heredado, dinero quemado, pero dinero propio. No es un detalle menor en la época de la abundancia del dinero estatal que lubrica los motores de la siempre débil industria cultural argentina. A diferencia de Gatsby, cuya fortuna tenía orígenes oscuros, la de Fort era conocida por provenir de un fábrica de golosinas tradicional de Buenos Aires. También a diferencia de Gatsby, que se escondía en su mansión para sólo aparecer brevemente ante unos pocos elegidos, Fort se inmolaba ante la cámara. Era un hombre sin secretos, adscribía al credo de la transparencia para el cual lo que no se ve no existe, lo que no se exhibe no tiene valor alguno. Pero en el punto fundamental era un personaje que vibraba en la misma cuerda de angustia que el millonario de Fitzgerald: todo ese despliegue material estaba destinado a fracasar pero ¿cómo detenerse? ¿cómo parar cuando ya se fue demasiado lejos, cuando esa es la única manera que se conoce para lograr un poco de atención, de respeto?

 El progresismo cultural, con su proverbial liviandad, detestaba a Fort por representar una excrencencia del menemismo. Fort como una especie de asteroide perdido que se estrella contra la tierra luego del estallido del planeta noventista. Lo repudiaban tomando prestadas las palabras de otro millonario argentino que alguna vez escribió que el lujo era una vulgaridad. El diario Página 12 mencionaba ayer en su web, a modo de obituario antipático, los confictos laborales de la empresa Felfort y su sponsoreo a la candidatura presidencial de Alberto Rodríguez Saa. Habría que anotar en la cuenta también su idea de fabricar en Argentina la línea de barritas de cereales que mejoraron los números de la empresa familiar. El progresismo y sus problemas nunca resueltos con los significados sociales del dinero opacaron la lectura de Fort como un signo muy a tono con los tiempos del último kirchnerismo, desde el blanqueo de la homosexualidad al debate por el alquiler de vientres o al consumismo punk, afiebrado, del ciclo económico de dólar barato e inflación alta.

 Por último, el lado oscuro, el relato sufriente que el personaje se encargó de contar a cualquiera que le diera unos minutos de aire, de atención. Una infancia desdichada, una sexualidad vivida clandestinamente durante la juventud, un autoexilio americano con la consiguiente liberación personal, el frenesí por darse un nuevo cuerpo, por intervenir hasta el dolor crónico, insoportable, hasta la deformación, una imagen que nunca terminaba por cumplir las expectativas desmesuradas (¿pero qué expectativa sobre uno mismo no es desmesurada?) que lo llevaban periódicamente a los quirófanos, a los gimnasios, a los anabólicos, a las drogas fuertes para calmar el dolor. Hasta convertirse en un freak millonario en un mundo que lo aceptaba por su dinero, que lo miraba como una curiosidad entre aberrante y divertida, un especímen del que no se sabía realmente nada aunque todo estuviera a la vista, aunque no hubiese realmente nada por detrás de ese peregrinaje fallido, como todos, hacia el amor. El enigma de los freaks del que hablaba Diane Arbus tal vez resida en que, en realidad, no hay tal enigma. 

29 comentarios en “Muerte de un freak

  1. que peneca esta Carolina, como va a ser un envase vacio una persona? te puede no gustar el contenido, pero vacío, jamás. Muy buena la nota. Como decía Lacan: Toda demanda, es demanda de amor.

  2. Me gusta tu lectura de la figura de Fort. Me gusta eso que planteás del peregrinaje hacia el amor como algo fallido.
    Ricky Fort no fue, no podría haber sido, por ejemplo, Willy Wonka, que hacia el final de “Charlie y la fábrica de chocolate”, última versión fílmica de la historia (Tim Burton, 2005), alcanza un happy end de redención, sentado a la cálida mesa familiar de la familia Bucket. Fort es más bien ese enigma que perdura irresuelto y que la normalización -narrativa, sociológica, moral- en su afán explicativo no puede tolerar.

  3. la verdá qe sí, muybuena nota. me pone conquenca leer una nota así, tal vez leo pocas notas… peeerooo, como sea, ésta está buena y destaca. clap clap, gracias sr.mariano canal, buen trabajo ///
    a momo: cheee, qué es peneca? pendeja? me causa gracia, sea una cosa u otra
    se me vino carver a la memoria; el raymond diciendo:
    *¿Y conseguiste lo que
    querías de esta vida?
    Lo conseguí.
    ¿Y qué querías?
    Considerarme amado, sentirme
    amado en la tierra. *
    es esa.
    lacan, carver, y toda la baracutanga.
    salud.

  4. La muerte siempre se lleva a los buenos tipos, según lo escuchado en cada velorio (aunque éste no es el caso). “Como si no muriesen los malos tipos” diría uno que se formó recientemente con el “Progressivism for dummies”. Lo que hace la muerte es darle sentido a la vida. ¿Y si el tipo hace cuatro años sabía que se moría? ¿Y si decidió que, al igual que con su sexualidad, tenía derecho a demandar el amor que deseaba? ¿Y si decidió hacerlo en un medio hostil como es la Argentina de hoy, sensibilizada ante la riqueza de los ricos (en este caso, como bien se señala, bien habida)? Si se diesen todas esas circunstancias diríamos que el tipo tuvo espíritu revolucionario. La muerte señalaría ese sentido. De última, las minitas aman los payasos y la pasta del campeón.

  5. La nota me parece excelente.
    Es la primera vez que opino sobre este personaje, y lo primero que pienso es que no se trata de un mero resabio de los 90. De hecho, para mí Fort es un producto de esta época: de un rabioso materialismo (que intenta ser minimizado como la mancha del sillón, con el pobre almohadón, con eso de “el regreso de la política”) y una generación de 20/35 con una cultura laboral, si la hay, muy floja y selvática, entregada a un exhibicionismo atroz vía sus propias bocotas idiotas y redes sociales y dispositivos varios. Así que putear a Fort es un recurso de lo más fácil, equivale a lo que en música sería ponerse a defenestrar a Tan Biónica. Eso sí, del patetismo que te rodea, o de millonarios de barrio cerrado que cantan sobre banderas rojas, ni jota.

  6. Yo creo que ahora, después de esta gran nota, deberías escribir sobre el Indio Solari. Parece que acumulás una cierta dosis de pus que pugna por salir, y lo hace, en un texto totalmente ajeno a la cultura rock. Dale, animate Canalito, expulsá tus demonios ricoteros.

  7. Malisimo, nosotros no somos nadie para decir quien si y quien no esta vacio. Todos necesitamos que los demas nos acepten con sus defectos y sus virtudes.. como alguien que escribe y hace polemica por algo que vio en la television, por ende tambien necesita de que los demas digan que lindo o que feo.
    Cada uno frikea como quiere. No soy un pro Fort, simplemente se murio un pobre tipo que trato a su forma no estar vacio, como vos Canal, como nosotros con estas cosas. Y no te olvides las pelotudeces que hiciste vos por un poco y casi nada de fama! Tal vez sea un reflejo tuyo, tal vez no. Ojala nadie tenga que escribir de nadie en estas circunstancias. Yo soy medio pelotudo.

  8. Hablar mal de otro da de comer. Qué triste. Parece que el redactor de la nota puso mucho empeño en expresarse con elocuencia. Qué lástima que para ser escritor haya que saber un poco más que usar palabras que suenen cultas. Saludos. (No tengo vida y envidio, disculpen.)

  9. Bien eso. Yo también lo vi.
    La exageración de las miserias humanas de moda llevadas a la quinta potencia: Consumismo vacío y vacío interno, en la búsqueda desafortunada de amor afuera, el que nunca tuvo por sí mismo.

  10. ¿Fort como la representación de lo inhumano en la cultura contemporánea? Hay mucha mierda en el mundo pero también es parte de lo humano.

    P.S. Es en lo único en que coincido con Mavrakis de entre las pelotudeces que posteó más adelante.

  11. Concuerdo totalmente con Florencia Propato a pesar de su busqueda x llenar ese vacio espero lo haya llenado un poco con sus hijos y se haya llevado de esta un poco de amor x minimo q haya sido de los pocos o muchos que lo amaron realmente

  12. Excelente nota…cuerpo robotisado…producto de la sociedad… alma sensible y sufrible…dolor de la carne…espejo de deseos … odio hacia lo inalcansable… vida misma.

  13. A mí me parece que, sea catalogado o llamado como se le de la gana al público que, de alguna buena o mala manera lo sigue intencionalmente o no, no me parece una completa descripción de su persona. Llamemoslo millonario, excéntrico, creído, malo, bueno, generoso, derrochador de dinero, o como querramos llamarlo, al igual que cualquier persona que aparece en la pantalla del televisor, jamás sabremos cómo es su verdadera vida y personalidad sin que sea relatada frente a una pantalla que tiene la particularidad de ocultar la verdadera esencia del ser humano, dejando al aire sólo lo que la gente quiere ver.
    Es un puro entretenimiento, bueno o malo, que da que hablar a cada uno de los que por más que lo odien o no, hablan sobre él y se toman el tiempo de comentar y discutir al respecto. Mientras que eso suceda, significará que la imagen que han incorporado de este hombre a la TV, el personaje que él mismo ha creado a beneficio, ha sido fructífera para los medios y programas que lo entrevisten, inviten o inviertan su tiempo televisivo en él.
    Y a decir verdad, si nos basamos sólo en el personaje que se ha creado de él en la televisión, en realidad jamás seremos capaces de poder juzgar su vida o su muerte, si ni siquiera conocemos un mínimo de su verdadera personalidad, trayectoria en su vida, deseos, sueños, etc.
    Y es en ese momento cuando nuestros comentarios o acusaciones no sirven de nada; tan sólo comentar sobre hechos que la TV nos muestra.

  14. Está buena la nota pero no me ha gustado para nada el párrafo sumamente despectivo hacia el indio solari, donde se trata de igualar un artista que hizo la moneda laburando y un vago sin ningún talento y muchos complejos que vivió de la guita del padre y no tiene nada para ofrecer más que eso. Es una mención sumamente desatinada y malintencionada en su comparación, por lo demás está bueno el análisis.

  15. Si Ricardo fort¡¡¡ lardeaba con su dinero , es por que adentro le faltaba algo que era amor a si mismo el si hacia cosas para llamar la atención no sera que nos pedia auxilio para cambiar su vida y no ser tan soberbio y lograr algo que muchos de nosotros tenemos que es amor hacia uno mismo ,,, bueno gente con estas palabras hay que reflecionar que en la vida uno es como es no como quiere la gente que seamos lo dejo pensar que un granito de arena no hace un castillo lo hace la vida

  16. es lamentable con la soltura q la gente habla de ,vacio,alardear,amor, no amor.estaba a la vista que su flia era una mierda.desde el momento que el padre no lo acepta como es y esa madre que permite el destierro practicamente.que se puede esperar de ricardo.en este momento recuerden las inumerables cosas buenas q ha hecho con esa plata!que estaba en todo su derecho de usarla como le guste y de mostrar lo que se le de la gana.
    aca en argentina tenemos una cantidad de hijos de puta que le roban a los pobres(porq ya no queda clase media practicamente) y muestran sin verguenza publicamente lo que hacen con nuestro dinero.
    ricardo espero que descanses de tus dolores y que en el lugar donde estes encuentres paz.

  17. mucho dinero pero poco amor . que triste fue su vida .que sus padres y hermanos no hayan querido darle amor y contención. pero .si vergüenza . que dios lo bendiga estés donde estes

  18. “Lo repudiaban tomando prestadas las palabras de otro millonario argentino que alguna vez escribió que el lujo era una vulgaridad”
    Me parece un poco fuerte ponerlo al mismo nivel de alguien como el Indio

  19. Toda cultura tiene personajes bizarros y en estos tiempos se vanagloria mostrarlos y algunos intentan incluso, emularlos. USA lo tuvo a Michael Jackson, nosotros a Fort. Cirugías, estupidez humana, falta de cerebro, excibición y derroche. Al menos Jackson canturreba bien. Farewell, Ricky…Un freak menos…Excelente nota!

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