La marcha de las cajas

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Por Pau Salerno / @pau_salerno

Martha Yolanda me saluda con un beso. Ayer nos cruzamos en el pasillo y después me trajo un lista de teléfonos útiles entre los que estaba el suyo.

Mi mejor amigo cortó con el novio y se tuvo que ir a vivir a lo de los viejos. Dejó su departamento -suyo monetaria y legalmente hablando- para volver a su casa de la infancia, con sus padres de la infancia. Va a estar ahí hasta que el novio se mude. El novio está buscando casa, pero mi amigo nunca lo ve ir a mirar ninguna. Ellos cortaron pero se siguen viendo. Se separaron pero no se separaron. Y el (ex)novio cobija la esperanza de que mi amigo vuelva y entonces ellos vuelvan. Y mi amigo cobija la esperanza de que no le quede otra opción que volver y entonces volver. Y él está sin casa. Con “él” me refiero a mi amigo y a su novio. Está sin casa. Sin casa de los dos y sin casa de cada uno. Y mientras, él espera. Que el novio se mude o que él se vuelva a mudar o que su casa no suya se vuelva suya de golpe.

De golpe pasan esas cosas. Estás cambiando una lamparita y pensás “esta es mi casa, loco”. Y lo decís en voz alta, como para creerte. O no lo decís, como para no creerte.

Martha Yolanda acaba de pasar por abajo de mi puerta un papelito con el teléfono de Luis.

Ayer a la noche sentí un ruido en mi pared, un ruido con forma de deslizamiento, un ruido con forma de susurro. Se me ocurrió -y sigo pensándolo- que había -y hay- un bicho viviendo en mi habitación. Ayer a la noche estaba la luz apagada. Hoy la luz está encendida. No por el bicho, sino porque todavía es temprano para apagarla. El bicho debe ser un insecto. De cuerpo flaco medio alargado. Alargado, digo, por el ruido que hace, un ruido que se arrastra, que es más grande que otros ruidos pero más silencioso. Grande, o sea alargado, y susurrante, o sea flaquito. Ayer a la noche lo escuché por primera vez.

Cuando le conté que iba a dejar de vivir con roommate para empezar a vivir sola, mi amigo me dio un consejo: “Que no se te instale ninguno”. Que no se me instalara ninguno. ¿Quién se me va a instalar? Es mi espacio, eso está claro. Recién me equivoqué y en lugar de “claro” escribí “caro”. Mi amigo, experimentado en las vivencias y en los noviazgos, insistió: Ojo.

Mi amigo se percató de que junto con mi mudanza yo estaba viviendo un proceso de novieización.

Este insecto, el que vive en mi habitación, es alargado y flaco. No le gusta la luz ni de sol ni de lámpara. Y sí le gustan, mucho, mis paredes. Anda paseándose por todas las paredes de mi cuarto como si pensara que él, Insecto, con su tamañito, pudiera algún día llegar a envolverlas.

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Martha Yolanda me mandó un servicio de desagote para que instalara el lavarropas nuevo sin problemas. No me gusta cómo mi amigo usa la palabra instalar. Si alguien se instala quiere decir que ese alguien es lo mismo que un lavarropas. Yo no tengo nada contra los lavarropas, pero me parecen un poco insulsos.

Martha Yolanda se acuerda mi nombre. Hoy me indicó cuál es la carnicería más barata del barrio, y yo le agradecí mucho aunque no suelo comprar carne porque prefiero reprimir algún deseo en pro de no cocinar.

Hace tiempo que me es problemática la hora previa a la cena en días de semana, más aún que el atardecer del domingo. Es mi típico momento en que emerge la pregunta existencial ¿y ahora qué hago?. Las mismas opciones de siempre. Ir a comer afuera, sola, sólo para salir, para estar afuera y no adentro. Juntarme a comer con alguien, en tu casa o en la mía o en la suya. Combinar esas dos opciones y salir con alguien a comer afuera. O, si no queda otra, quedarla. O, si se puede, quedarse.

“De vez en cuando me detengo al borde de la carretera, me fumo un cigarrillo, lloro un poco y vuelvo a pedalear”. El problema es cuando la carretera es una cortada. O cuando la carretera se bifurca y vos justo perdiste el papelito con la dirección. Yo siempre pierdo los papelitos con la dirección.

Dos días antes de conseguir departamento me puse a llorar mientras tomábamos café en una sobremesa familiar. Me imaginé con mis valijas gigantes parada en la puerta del depto viejo o al costado de la carretera. Una Lily Malone con la guantera vacía.

Es mentira eso de que la ruta te lleva.

Después de cuatro años de soltería me considero una gran inexperta en cuestiones de pareja. Soy como Insecto, camino en la oscuridad. Después de cuatro años de negaciones a cuestas, Insec y su tamañito me vienen a decir que no soy muy original en eso de andar por ahí medio enceguecida.

El día de la mudanza le pedí a mi novio que viniera a ayudarme. Creo que él piensa que yo sólo quería ayuda. Hace unos meses no hubiera pedido nada. No hubiera querido nada. Quizás Insec un día se anima a aparecer con la luz encendida.

Lo mejor de mi casa nueva es Martha Yolanda. Lo segundo mejor es Luis, que vino a arreglarme el inodoro.

Hay una vecina que toca el piano. Tiene debilidad por los tresillos Fa sol la Sol la si Do si la Si la sol La sol fa Sol fa mi y por la sonata en La mayor.

Hoy me quedo en casa. Mi mejor amigo me regaló una vaporiera.

Mi casa es más mía cuanto más omito el “mi” ////PACO

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