Poskirchnerismo y ley de medios

rumania

Por Facundo Falduto, @elfaco.

1. El 28 de octubre de 2013 nació la última encarnación budista de esa criatura que conocemos como Kirchnerismo. En rigor, el último Kirchnerismo había empezado a mutar después de las elecciones anteriores. Como una serpiente que cambia de piel, primero se sacó las escamas de la alianza con el sindicalismo y aliado de los trabajadores, luego las de la no represión de la protesta, después del tipo de cambio cinco por uno no va a quedar ninguno que no haya viajado a Miami, hasta del modelo de acumulación con matriz diversificada e inclusión social y finalmente, del peronismo. Lo que quedó fue una especie de cáscara vacía, de alfonsinismo con derechos humanos, de militantes gastados y funcionarios agotados en una década de gestión, que no puede interpelar ni ser interpelado por la mitad de los votantes que perdió en el camino y a lo sumo debe allanar el camino de la sucesión. Con onda lo decimos, eh.

2. Hubo, como siempre, ganadores y perdedores. El gran ganador fue, obviamente, el Frente Renovador que, con una inversión mínima y mucho trabajo territorial y pactos directos con los intentendes, se llevó 3,7 millones de votos y posicionó a Sergio Massa en la constelación de referentes peronistas. Ganó también el PRO que ratificó su armado en la ciudad con una lista sin Macri como candidato, y se consolidó en Santa Fe y Córdoba. Ganaron también el socialismo de Binner, el panradicalismo, y el PO. En resumen, menos De Narváez, ganaron todos.

3. Se puede argumentar que el Kirchnerismo no perdió y hasta que ganó. Que las elecciones legislativas son especiales, que se elige más por cuestiones identitarias y no por capacidad de gobierno y que, en definitiva, no era un plebiscito de la gestión del Ejecutivo. También se puede argumentar que la tierra es plana, que el hombre nunca llegó a la luna y que la homepatía funciona. En rigor, el oficialismo sumó más votos que en las primarias y consiguió aumentar su representación en el Congreso. Pero a dos años del 54% de Cristina Fernández de Kirchner, sacar menos del 30% a nivel nacional puede parecer escaso.

4. Para entender por qué el gobierno perdió votos, hay que volver a 2011. Ese año, y no este, se cristalizó la famosa “década ganada”. Fue entonces cuando los 40 millones de argentinas y argentinos votaron a favor de todo lo que se había hecho desde 2003. No hace falta enumerar. Esos logros ya estaban, ya se habían cobrado. El oficialismo no tenía nada para ofrecer más allá de la continuidad de lo hecho en los últimos dos años. Y tampoco prometió nada que no haya hecho. En comicios más ideológicos que prácticos, no se puede dar el lujo de no hablar del futuro. Massa, en cambio, tenía logros de gestión concretos para ofrecer, pero además vendió un futuro. No importa si después lo cumple, prometió.

5. El 6 de agosto de 2009 escribí que se había terminado el Kirchnerismo, así que tampoco habría que tomar esto tan en serio. Claro que en ese texto mencionaba varios de los temas pendientes que el gobierno tomaría en su agenda para la remontada épica que se llevo a Néstor: AUH, Ley de Medios, toda la historia. Pero hoy no queda nada pendiente que el gobierno pueda abordar. ¿Qué gran reforma económica queda? La inflación no se va a tocar y el soft-landing devaluatorio, menos. Queda prenderle una vela a la estatización de YPF y rezar para que la matriz energética se sostenga. Alianzas políticas posibles ya no hay. Reivindicaciones sociales tampoco quedan. ¿Aborto y legalización de drogas? ¿Con un Papa argentino y Cristina en contra? Olvidate. El Kirchnerismo va a querer meter la mano en el fondo de la galera buscando el último conejo, que ya se convirtió en paloma, y no hay nada más.

6. Ah, la Ley de Medios, sí, que salió tan oportunamente un día después de las elecciones. Perdonen mi lanatismo, pero la Ley de Medios es una entelequia bienintencionada pero repleta de malos entendidos que sólo sirve al fin político inmediato de desmembrar a un grupo económico y mediático. En criollo, es una cagada y no sirve ni pa’ mierda. Sí, todo bien, yo estuve en la plaza del Congreso en su momento y reconozco el valor político de la ley y de la lucha contra Clarín. Pero la ley, su eventual constitucionalidad, su posible aplicación, no cambian nada. Clarín era, antes de la pelea con el gobierno, el grado cero del periodismo, la verdad. La disputa lo visibilizó como actor político y puso en jaque su rol mediático. Desmembrarlo era innecesario cuando su credibilidad ya estaba disminuída y su rentabilidad amenazada por el #findelperiodismo. La ley servirá para que un futuro presidente ya no pueda ser derrocado por cinco tapas en contra, pero eso probablemente habría pasado igual.

8. ¿Quién será el sucesor? Hay cuatro posibles: Massa, Scioli, Macri y un eventual candidato “panradical”, o de “centroizquierda” o “socialdemocrata” o “inviable” como Binner o Cobos. El mejor perfilado, por venir en ascenso, parece ser Massa. Alguien podría avisarle que la política argentina a veces funciona un poco como el Mario Kart, y si vas muy adelante te tiran todos. Cabe recordar también a Cafiero y Graciela Fernández Meijide, dos candidatos que parecía que se iban a comer el mundo dos años antes de elecciones presidenciales en las que ni siquiera se presentaron. Scioli sigue apostando a ser el candidato del oficialismo, pero es probable que el oficialismo quiera llevar a un “propio” o “leal”, como Randazzo, que se lanzó hoy. Las chances de una interna pan-peronista con todos adentro son escasas, lo que puede aumentar la intención de voto del panradicalismo y hasta de Macri. 

9. Sigue siendo la economía, estúpido. Descontando el cepo al dólar, la derrota electoral no fue estrictamente por cuestiones económicas. La situación es mejor que la de 2009 y quedó demostrado que es posible sostener un modelo inflacionario en el mediano plazo. El aumento del Merval y la relativa estabilidad del dólar blue demuestran que los inversores están esperando un inevitable cambio de gobierno que normalice la situación para los negocios.

10. El Kirchnerismo, como la mayoría de los gobiernos latinoamericanos de centroizquierda del siglo XXI, se caracterizó por la recuperación de la política sobre la economía. La autoridad presidencial de decir “sí, van a venir a hacer negocios y muchos se la van a llevar, pero yo voy a decidir quiénes y cuánto y en qué condiciones”. El “el ministro de Economía soy yo” de Néstor. Esa faceta de capitalismo con intervención estatal parece haber perdido impulso en países como Brasil y Ecuador. Y es muy probable que ocurra lo mismo en Argentina si el futuro presidente es Macri o Binner o Cobos. La pregunta para los próximos dos -seis- años es qué harían en su lugar Massa, Scioli o Randazzo. La pregunta también es qué haremos nosotros.///PACO

(Fuente de la foto).

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