John Carpenter entre nosotros

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Por Matías Orta / @matiasorta

I
Me hice fanático de Carpenter a los 8 años, cuando vi Noche de Brujas. Quedé perturbado para siempre.  En el transcurso de los años, nunca dejé de ver sus películas ni de buscar información sobre su trabajo. Y cuando empecé a escribir sobre cine, evité hacer un dossier sobre Carpenter ya que no me alcanzaría: un texto sobre él debía ser un libro. Todo se concretó cuando, en febrero de 2010, Mariano González Achi, de la editorial Cuarto Menguante, me contactó para que escribiera un libro sobre John Carpenter. No pude negarme, por supuesto. ¿El destino? Algo así, supongo.

A diferencia de muchos directores (sobre todo, de sus colegas actuales), Carpenter es un cineasta clásico, todavía preocupado por contar una historia con buenos personajes y un subtexto tan invisible como poderoso. Hacer cine fantástico no le impide despacharse con críticas políticas y sociales, pero siempre en medio de 90 minutos de puro entretenimiento.  En cuanto a copiones o cineastas inspirados por su trabajo, un montón de los ’80 para acá. Tarantino y Robert Rodríguez, por nombrar dos. En su libro Rebelde sin pasta, Rodríguez cuenta en detalle cómo Fuga de Nueva York lo inspiró a empezar a filmar cortos. Sin duda, el estilo entretenido pero nunca solemne de Carpenter fue lo que inspiró a tantos directores.

II
A Carpenter pude entrevistarlo gracias a que en 2011 se estrenó Atrapada, su regreso al cine luego de muchos años. Me acerqué a la distribuidora de la peli, les conté sobre el libro y me dieron el okey. WOW. Así que el 1 de julio de ese año pude llamarlo por teléfono y hacerle unas preguntas. Siempre recuerdo cuando, tras mi saludo inicial, me dijo: How are you? Ahí experimenté orgasmos múltiples (risas). Pude preguntarle de todo, y me respondió todo. Es parco, como muchos de los antihéroes de su obra, pero también un caballero. Por ejemplo, pude preguntarle qué pensaba, siendo él un fundamentalista de filmar en fílmico Panavision, de las cámaras digitales. Pensé que defendería la vieja tecnología, pero le parece bien lo nuevo, ya que a veces no nota la diferencia entre lo que fue hecho en fílmico y lo registrado con una HD. También el pregunté por las remakes de sus películas, y aunque al principio dijo que no opinaba del tema, luego admitió que lo ponía contento que esos refritos existan.

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III
La influencia de Carpenter dice presente en el cine nacional, principalmente entre los nuevos cineastas independientes que hacen películas de género: los muchachos de Farsa Producciones, Daniel de la Vega (director de Hermanos de sangre)Fase 7, de Nicolás Golodbart, es ultracarpentereana: los personajes están encerrados en medio de un clima de paranoia, la música es igual a las que Carpenter compone para sus trabajos… Pero nadie en esta parte del mundo  es tan fanático como Israel Adrián Caetano. Considera a Carpenter su director favorito, y eso se nota en su cine: Un oso rojo es un western urbano, y todos los films de J.C. son western encubiertos; Crónica de una fuga presenta a personajes encerrados y haciendo lo posible por escapar, y en Mala hay un auto onda Christine y una secuencia similar a una muy aterradora de En la boca del miedo. De hecho, Caetano escribió el enorme prólogo de mi libro, lo que fue un honor para mí.

Muchos directores nacidos durante los ’70 se criaron en los ’80 con las películas de función doble y frecuentando videoclubes. Los ídolos de esta generación son Spielberg, Lucas, Zemeckis y Cameron. Y en materia de terror, Carpenter, David Cronenberg, George A. Romero, Dario Argento, Wes Craven… Esos y otros titanes del género fantástico tienen muchos seguidores también en este país; su influencia nunca tuvo límites y se siente hasta el día de hoy. Para más pruebas está el Buenos Aires Rojo Sangre.

IV
Buenos Aires Rojo Sangre es un festival argentino dedicado al cine fantástico y de terror. Una gran oportunidad para ver producciones nacionales e internacionales, de distintos enfoques y presupuestos. Se lleva a cabo todos los años en el Complejo Monumental Lavalle, entre fines de octubre y principios de noviembre. Hace unos días concluyó su edición número 14, lo que habla de su permanencia y de su creciente importancia. Este año fui elegido para ser jurado de la Sección Competitiva Iberoamericana de Largometrajes. Un orgullo. El motivo de la elección debido basarse en mi habitual concurrencia cada año. Al principio lo cubría para páginas web amigas y blogs, y desde hace un tiempo, para el sitio web A Sala Llena, del que soy co-creador. Además, mi participación en la revista La Cosa durante siete años contribuyó a que mi nombre se haga más conocido dentro de los fanáticos del género. Seguro por eso me convocaron. Les estoy muy agradecido a los responsables del BARS.

El cine de terror argentino tuvo como punto de lanza a Plaga Zombie, una mezcla de comedia y horror filmada por Farsa Producciones a mediados de los ’90, con escasos recursos pero muchas ideas y una frescura e imaginación a prueba de todo. A partir de allí surgieron más producciones independientes que incursionaban en esa temática (algunas más en clave humorística, otras más en serio), y con el tiempo los directores fueron perfeccionándose y conociéndose en eventos como el BARS. Se conformó una suerte de movimiento que nuclea a cineastas que nunca renuncian al sentido del entretenimiento. El cine de terror local se caracteriza por tener una impronta internacional. Es más, hace unos años, varios directores argentinos fueron contratados por productores norteamericanos para filmar películas habladas en inglés destinadas al mercado extranjero. De esa manera, Pablo Parés, de Farsa, y Daniel de la Vega hicieron Jennifer’s Shadows, protagonizada nada menos que por Faye Dunaway. Luego, ya en nuestro idioma, llegaron los films de Adrián García Bogliano: Habitaciones para turistas (se estrenó en cines de Estados Unidos y acá nunca), 36 pasos, No moriré sola…En los últimos años, Bogliano pudo estrenar en salas locales Sudor Frío y Penumbra, y De la Vega prepara Necrofobia, hecha con tecnología 3D. Otro caso muy bueno y reciente es La memoria del muerto, de Javier Diment.

V
El cine argentino actual es más interesante y amplio si se lo compara con el de hace unos diez años, cuando todo era del denominado Nuevo Cine Argentino, que se limitaba a los festivales. Ahora hay más variedad tanto en el cine industrial como en el independiente, incluyendo películas de género que al mismo tiempo son de autor y apoyadas por productoras y canales de televisión grandes. Mis directores favoritos son los que logran el equilibro ideal entre cinematografía, historia y personajes: Juan José Campanella, Damián Szifrón, Caetano, Flavio Nardini y Cristian Bernard, Ariel Winograd, De la Vega. Y en los años recientes aparecieron Nicanor Loreti, Tamae Garateguy, Fabián Forte… Hay mucho talento dando vueltas. Y el INCAA fue crucial a la hora de apoyar propuestas de género. Es una época interesante, en ese sentido. Los monstruos, la sangre y las tetas ya no son motivo de prejuicios. Pero lo bueno es que sigue habiendo de todo y para todos los públicos. Claro que las que más recaudan son las que tienen en el elenco a Darín y a Francella. Pero no hay que parar de filmar. La clave es nunca dejar de crear, nunca dejar de hacer. Y si John Carpenter es tu influencia, bienvenida sea ///PACO


Blog del libro: http://encerradostodalanoche.blogspot.com.ar/

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