Mamushka

Por Sebastián Robles

Es posible que quien más conozca de Mamushka sea Jan Stalberg, que ingresó por primera vez en invierno de 2004, cuando era adolescente, desde la casa de su madre en la región de Bohemia, República Checa.

El diseño de Mamushka es minimalista: letras negras, tipografía Arial. Las denominaciones de los foros son las habituales: social, friends, frequently asked questions. No aparecen por ninguna parte un administrador, un mail ni un formulario de contacto. La pantalla es blanca, nada llama la atención al recién llegado, y eso precisamente despertó la curiosidad de Stalberg, que leyó esa noche todos los mensajes en los foros.

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“Muchos se preguntaban lo mismo que yo: ¿qué estamos haciendo acá?” ¿Para qué sirve esto? Algunos lo hacían a lo largo de varios mensajes,  hasta que se cansaban y anunciaban su partida a otras redes sociales más sencillas de definir. Otros dialogaban entre sí, como si ya fueran amigos. Se preguntaban cómo les había ido en la semana, contaban historias autobiográficas, problemas con distintos tipos de software o relatos de disfunción sexual. Los mensajes más antiguos tenían tres o cuatro años, y casi todos ellos pertenecían a usuarios que ya no estaban activos en la red social. El único que permanecía de aquella época era DarthVader, que hacía las veces de anfitrión de los usuarios nuevos. A pesar de lo que su nombre permitía suponer, era un personaje amable, que se dirigía a todos con respeto y un genuino interés. Él se encargó de explicarme, después de un breve mensaje donde yo me presentaba, que Mamushka era una red social de todos, que no tenía un propósito en particular y que cada uno se apropiaba de ella como mejor le parecía. “Cuando llegué, tenía tu edad”, dijo DarthVader, dándome a entender que él era capaz de comprender todo.”

Uno de los temas más comentados en los foros fue abierto por el propio DarthVader. El título es: “¿Por qué Mamushka?”. En su primer mensaje, que fue tomado como un manifiesto dentro de la red social, se pregunta por el sentido del nombre. Es un mensaje largo, reflexivo y bien argumentado, linkea a Wikipedia en reiteradas oportunidades. Concluye que “nada puede saberse con certeza: el sentido lo ponemos nosotros”, e invita a participar más activamente de los foros. Tuvo, hasta el momento de escribirse esta nota, doscientas ochenta y cuatro respuestas. Algunos discutían con él conceptos del mensaje inicial, pero la mayoría coincidía en el fondo de la cuestión. Todo sigue más o menos dentro de esos carriles hasta el mensaje 194, firmado por un tal Tweety, que representa un verdadero punto de inflexión.

El perfil de Tweety está en blanco. Según sus palabras, en otro momento su identidad correspondió a INUTERO, un usuario oscuro, poco activo, con el que sólo DarthVader había tenido algún intercambio. Al momento de la aparición de Tweety habían pasado dos años desde que dejó su último mensaje en el foro “amigos”, que era un escueto informe de su decisión de abandonar Mamushka, “porque todo esto no tiene ningún sentido”.

“Mamushka es una red social adentro de otra red social. Este nivel, el de DarthVader, es sólo el primero. Existe por lo menos uno más. Yo lo conozco. No sólo eso, sino que lo tengo abierto en otra pestaña de este mismo navegador. No sé qué determina el paso de un nivel a otro. Si se debe al azar o a la decisión de alguien, o existe una clave determinada por vaya uno a saber qué algoritmo, generado por los programadores de esta red social.”.

La réplica de DarthVader fue contundente:

“Es evidente que hay gente que vio demasiadas veces Matrix y encuentra placer en venir a trollear acá. No entiendo la dificultad que sienten algunos en aceptar las cosas tal cual son, sin un sentido que las trascienda. Mamushka somos nosotros, los que estamos en estos foros. Los que estuvimos siempre. Todo lo demás no es verdad”.

La discusión se prolongó a lo largo de una serie de mensajes. Algunos insultaban a Tweety, otros le otorgaban el beneficio de la duda. Unos pocos intercedían a favor de él y en contra de DarthVader, a quien encontraban agresivo y exasperado. Parecía que las palabras de Tweety, que en todo momento se dirigía a él con amabilidad compasiva, lo habían sacado de quicio por primera vez. Como suele suceder, la polémica se fue apagando. La agria disputa entre ambos quedó como un testimonio viejo, a la espera de ser leída por los usuarios nuevos, que se se iban registrando.

“Te están usando como a un forro, ¿no te das cuenta? Y vos te dejás usar”, acusa Tweety.

“A todos los usuarios de Mamushka –era la respuesta de DarthVader–: existen seres cínicos, irónicos, despiadados, que se hunden en su locura y generan un mundo propio. Necesitan destruir porque no toleran que otros vivamos en armonía. No les demos cabida. Aquí, en Mamushka, no existe lugar para ellos”.

Stalberg leyó todos los mensajes pero no intervino en la discusión. No tenía deseos de invertir energía en ella, de hecho, cada vez sentía menos deseos de ingresar en Mamushka. Lo cual le daba pena y culpa por DarthVader, Raimi y otros usuarios con los que había forjado una amistad que consideraba genuina, a pesar de que nunca se hubieran visto las caras.

“Yo estaba en otra cosa. Había terminado la escuela preparatoria. Quería dedicarme al comercio. Tenía algunos amigos en la vida real. Salía con mujeres, de vez en cuando. La angustia que yo había desahogado en Mamushka me resultaba algo propio de un adolescente, casi infantil. Lo comenté en un chat entre varios, con delicadeza, como para justificar mis largas ausencias. Recibí respuestas comprensivas, y DarthVader se encargó de decirme que ellos “siempre iban a estar ahí, para cuando yo los necesitara”. Después, por unos meses, dejé de ingresar a Mamushka. Cuando lo volví a hacer, había pasado al segundo nivel.

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Mientras que en el primer nivel la pantalla es blanca, en el segundo nivel es gris. Stalberg reconoció a algunos usuarios del nivel anterior, como Larissa, una portorriqueña muy activa en todas las discusiones, que él había considerado desaparecida en acción.

“Abandoné los foros del primer nivel porque me aburrí –dijo cuando él la saludó–. Pero un día, por curiosidad, volví a loguearme y acá estaba, con la pantalla gris. Al principio pensé que era un cambio en el diseño, después me di cuenta de que estaba en otro nivel. Igual, no creas que es gran cosa. Todos los días digo: es la última vez que vengo. Y después vuelvo a entrar”.

“Adhiero a las palabras de Larissa –intervino NoRemorse, de quien Stalberg sólo había leído algún mensaje viejo en el primer nivel, porque era anterior a su época–. Este sitio es un baldío, un basural. No importa, ni siquiera, si existe un tercer nivel. Todos son iguales entre sí”.

En el segundo nivel no existen líderes como DarthVader. Su rol es ocupado eventualmente por todos, pero nadie parece tomárselo muy en serio, ni a eso ni a nada que se diga en Mamushka. Stalberg no fue impermeable a esta influencia. A lo largo de los siguientes años, retomó el hábito de conectarse a Mamushka. Lo hacía sin las expectativas de antes, de vez en cuando, para ver qué estaba pasando ahí, donde en general no pasaba nada. Se linkeaban cosas, se tiraban comentarios al aire, como si esa anarquía controlada fuera la única meta. Nadie esperaba nada del otro, excepto tal vez algo de malicia e ironía en el tono de los mensajes.

“Puro snobismo”, comenta Stalberg años más tarde a la revista Paco. “Ahora lo veo así, pero tardé en detectarlo. Cuando uno es joven y está en un ambiente donde todos actúan igual, es difícil separar la paja del trigo. Además, había un componente de verdad en nuestra forma de ser. Estábamos desencantados con el segundo nivel de Mamushka, porque no nos ofrecía nada sustancialmente diferente que el primero. Pero todos, en silencio, teníamos la esperanza de que agudizar la ironía y el sarcasmo, minimizar el dramatismo del asunto, era la clave para pasar otra vez de nivel”.

Afuera de Mamushka, transcurren las biografías. Stalberg, un pequeño empresario que viajaba por Europa, acumuló un relativo bienestar económico. Se casó, tuvo dos hijos. Pasaba los veranos en las costas de Italia o España. Casi se olvidó de Mamushka, hasta que una noche de insomnio se volvió a loguear, desde un hotel de las islas Baleares. Observó con desencanto la pantalla gris, que indicaba que no había cambiado de nivel. Luego escribió un mensaje donde narraba un día normal en su vida, desde que se despertaba a las seis de la mañana, hasta que se iba a dormir, puntualmente, a las doce de la noche. Llevaba a sus hijos al colegio. Trabajaba. Volvía a su casa. Miraba televisión. Cenaba y cuando los chicos dormían, a veces, tenía relaciones sexuales con su mujer. Supo, desde antes de volver a loguearse, que había pasado al tercer nivel.

La pantalla es azul. En el tercer nivel de Mamushka, igual que en el primero, se elaboran teorías acerca del origen de la red social, pero se lo hace con el desencanto del segundo nivel, es decir, con la certeza de que ninguna teoría será confirmada.

“A la dialéctica del marxismo se le contrapone la lógica desoladora de la Mamushka”, reflexiona Larry, uno de los miembros más activos en los foros. Y continúa: “Es bastante probable que este sitio haya sido desarrollado por algún equipo de ingenieros rusos, nostálgicos de la contrarrevolución. Después de este nivel habrá otro, y luego otro más, interminables, hasta que eventualmente nos reciba DarthVader de vuelta.”

Esta opinión, si bien estaba difundida, no era compartida por todos en los foros. El foco de disidencia, por llamarla de alguna manera, porque no era nada beligerante, aunque sí contundente por momentos, estaba encabezado por FuCK2001.

“Mamushka es dialéctica. El segundo nivel es la negación del primer nivel y el tercero, donde estamos ahora, es la negación de la negación. No hay otro más. Acá se termina todo”.

ArIdez, un joven escritor argentino, sostiene:

“Las tostadoras en la Unión Soviética estaban fabricadas con una tecnología muy diferente a la nuestra, que es occidental. Y así con todas las cosas. Los rusos tenían un desarrollo tecnológico propio, que se cortó con la caída del Muro. Al menos, eso es lo que habitualmente se piensa. Es posible que en algún lado, en Siberia, un grupo de ingenieros y científicos, nostálgicos del régimen, o financiados por alguien con intereses creados, haya continuado con el desarrollo de la tecnología rusa. Mamushka es una tostadora soviética, una dimensión paralela en materia de redes sociales.”

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La crisis económica llegó a casa de Stalberg, al igual que a la de muchos en Europa. Sus finanzas no cerraban y la inestabilidad económica trajo el divorcio, lo cual le produjo una incertidumbre aún mayor. Se entregó, lenta e imperceptiblemente, al alcohol. Una noche, vaso de whisky en mano, desahogó sus penas en Mamushka, donde escribió un mensaje patético y desolador. Creyó que su paso de nivel estaba asegurado, y se sorprendió al día siguiente, cuando comprobó que no era así.

“Recién entonces leí los otros mensajes. La discusión teórica había sido dejada de lado en los últimos tiempos: “quiero morir”, “mi vida es una ruina”, “esto es el fin”, eran las constantes recientes. Todos estábamos, más o menos, en la misma.

Diez años después de haber entrado en Mamushka por primera vez, entendí el concepto. O al menos, eso pensaba entonces. Para pasar de nivel hay que diferenciarse. Introducir algo, aunque sea una brizna de sentido que no exista con anterioridad. Por eso resulta más difícil avanzar en los primeros niveles, donde ya se ha dicho tanto en los foros.

Puse la teoría de inmediato en práctica. Escribí un mensaje donde me declaraba feliz. Cuando volví a loguearme la pantalla era roja, y había cambiado de nivel.”

Desde entonces, la vida real de Stalberg pasó a un segundo plano. A veces pasaba más tiempo en un nivel, porque disfrutaba de la compañía de los que estaban ahí. Cuando se cansaba, siempre encontraba algo nuevo para decir y cada vez, como lo había previsto en su teoría, le resultaba más sencillo pasar de nivel.

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“Fueron mis mejores años –cuenta a Paco–. Había descubierto la llave, y no se la contaba a nadie. Podría haberlo dicho, en algún mensaje, sobre todo cuando pasaba por niveles donde los usuarios se aburrían o se desesperaban, pero me divertía la mediocridad ajena. Ni siquiera estaba seguro de que no la estuvieran fingiendo, como yo mismo hago a veces. Al fin y al cabo, había llegado a la fórmula sin ayuda de nadie. Hay una sabiduría secreta en Mamushka: sólo los más aptos pasan de nivel. Al menos eso creía entonces, hasta que llegué a nivel 83.

Los foros aún no habían sido inaugurados. La pantalla era negra. Por primera vez, estaba solo. Pensé que había llegado el momento, así que conté mi experiencia en Mamushka. Cómo habían sido los primeros pasos, y cómo llegué hasta ahí. Hice un relato pormenorizado, que considero además mi mejor prosa, influida por las lecturas de años en los foros de Mamushka. Cuando apreté “send”, me sentí liberado. Pero al volver a loguearme la pantalla seguía negra, y no había cambiado de nivel. Dejé algunos mensajes más. Pensé que había llegado: no existen más niveles en Mamushka. Mi teoría había sido efectiva hasta el final. Si no pasaba de nivel ahora, era porque no existía adónde pasar. Entonces ingresó Anakin, el único  usuario que llegó tan lejos como yo en esta red social.

Anakin tiene veinte años. Al principio me sorprendió que hubiera avanzado tan rápido. Más se sorprendió él cuando le di la bienvenida. Contó que había llegado a Mamushka a través de Google, unos días atrás. Se registró, leyó los foros y dejó un solo mensaje: “me chupa un huevo todo”. Cuando volvió a loguearse, estaba acá”.///PACO

2 comentarios en “Mamushka

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