Caperucita Roja y los apoyadores

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Por Sebastián Robles

Para @elfaco, que me pasó el link

Existen por lo menos tres versiones de Caperucita Roja. La de la tradición oral, la de Charles Perrault en 1697 y la más conocida, de los hermanos Grimm en 1812. En esta última, sobre el final aparece un cazador que mata al lobo y rescata, milagrosamente sanas y salvas, a Caperucita y su abuela. Esto no sucede en las otras dos versiones.

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Acariciar el papo es de lo mejor. Una vez lo pude hacer con la madurita que se prende en el juego en la D. Yo había quedado al costado de ella y le apoyé la mano en la cola, cuando la sintió la tiró bien para atrás, ahí empecé a acariciársela de lado a lado y como vi que le gustaba a full, entonces empecé a dejar el dedo mayor, justo en el medio de los cachetes y empecé a hacer presión. En ese momento la dama, abre un poco las piernas. Pensé, ahora sí, entonces ese dedo que le había estacionado entre los cachetes se le empecé a bajar y llegué justo al “huequito”, ahí me quedé se la frotaba despacito y a veces presionaba. La mina me dejó las piernas entreabiertas un rato largo, hasta que se tuvo que bajar. UN PLACER!!!  

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Leamos cómo se contaba la historia de Caperucita en la Francia del siglo XVII por los campesinos para ver así las diferencias que luego sufrió en su versión escrita y casi definitiva:
“Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adónde se dirigía.
-A la casa de mi abuela – le contestó
-¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
-El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un plato. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.
-Entra, hijita.
-¿Cómo estás abuelita? Te traje pan y leche.
-Come tú también hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió lo que se le ofrecía. Y mientras lo hacía, un gatito le dijo: «¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuelita!»
Después el lobo le dijo: «Desvístete y métete en la cama conmigo».
-¿Dónde pongo mi delantal?
-Tíralo al fuego, nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda —el corpiño, las faldas, las enaguas y las medias—, la niña hacía la misma pregunta y cada vez el lobo le contestaba: «Tírala al fuego, nunca más la necesitarás». Cuando la niña se metió en la cama preguntó: «Abuela ¿por qué estás tan peluda?»
-Para calentarme mejor hijita.
-Abuela ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
-Para poder cargar mejor la leña, hijita.
-Abuela ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
-Para rascarme mejor, hijita
-Abuela ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
-Para comerte mejor hijita
Y el lobo se la comió.”

Robert Darnton en su “La gran matanza de gatos y otros episodios de la historia de la cultura francesa”, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1987.    

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 Aventuras en el viaje es una colección de anécdotas en primera persona de hombres acosando mujeres en trenes, subtes, colectivos, recitales, actos públicos, ferias. Hay decenas de anécdotas más o menos similares: un hombre se sube al colectivo y elige a la mujer que va a acosar, lo hace y después va al foro y escribe.

Paola Rovediello es psicóloga y coordinadora del “Equipo móvil de atención a víctimas de violencia sexual” del Programa “Las víctimas contra las violencias”. “En el blog todo lo que se escribe es sobre el toqueteo y el manoseo contado como una aventura de los varones”, dice a Infojus Noticias y agrega que “cuando no hay consentimiento, hay abuso. Por lo tanto el toqueteo y el manoseo son abuso sexual”.

El foro también es un mapa del delito. Los participantes recomiendan lugares: estaciones de subte cercanas a colegios secundarios, un paseo de compras del conurbano bonaerense, algunas líneas de colectivos y los horarios en los que los trenes van más cargados de pasajeros. Además de lugares y horas, se recomiendan formas de acercarse y tocar a las mujeres que, dicen en el foro, pasan más desapercibidas. Comparten, por ejemplo, tácticas para toquetear a las mujeres en invierno cuando llevan abrigos o tapados: “En invierno no me dedico a las apoyadas es una cagada no se siente nada”. También hay encuestas en las que el acosador puede votar si prefiere mujeres adultas o jóvenes.

Fuente: Infojus 

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En Danza Macabra, Stephen King identifica cuatro grandes tipologías en el género de terror: la cosa sin nombre, vampiros, fantasmas y hombres lobo. El antecedente mayor en el caso de los dos primeros es Frankenstein de Mary Shelley y Drácula, de Bram Stoker. Para los terceros, identifica a las novelas del gótico (El castillo de Otranto y otras) y a Henry James. Pero en el caso de los hombres lobo, se vuelve difícil encontrar un antecedente tan claro. Menciona a Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Stevenson y al cuento “La marca de la bestia”, de Rudyard Kipling. Ni en uno ni en otro aparecen lobos propiamente dichos, sino la noción de que el hombre esconde un animal salvaje. En Stevenson lo irracional, la violencia, proviene del interior de un hombre civilizado (el psicoanálisis diría: “del inconsciente”), mientras que en Kipling hay una mirada de admiración y a la vez terror sobre el otro, el extraño, encarnado en los aborígenes de la India, donde ambientó casi toda su obra. Lo salvaje proviene del incivilizado. El hombre lobo actúa solo, porque su carácter es eminentemente irracional. Con él no hay comunidad posible, de hecho, es el elemento distorsivo capaz de hacer que cualquier asociación fracase. No es, como el engendro del Dr. Frankenstein, un monstruo de la razón. Es lo otro, aquello que se define por no ser humano, es decir, por su animalidad.

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el enano dijo…

hola gente, soy nuevo en el blog, me tiro el dato un compañero con el cual compartimos y nos contamos historias de apoyadas, ya que ambos viajamos en el subte todos los días en hora pico!

Muy bueno el blog!!!

Vengo bastante bien en esto de los rozes, ya q por suerte tengo alguna q otra táctica para quedar en el mejor lugar!!

Lo que juega a favor, es dejar un lugarcito delante o a un costado de uno y a la mina que se sube darle la opción de q si se meten ahí las apoyas vos, o sino se comen la apoyada de otro peor, y si acceden, listo con cautela y de apoquito la opción de q si se meten ahí las apoyas vos, o sino se comen la apoyada de otro peor, y si acceden, listo, con cautela y de apoquito le arrimamos el amigo…jajajaj

 Eltocaculos dijo…

Bienvenido El_enano!! y ahora somos un poco más en esta comunidad.. yo la verdad que amo tocar ortos, y dejar la mano tranquila, palma con cachete, y sentir el orto, es muyy placentero.. pero como dura 3 estaciones mi viaje, es todo muy apurado… todavia estoy esperando bajarme del subte y garchar… jajajjaa una locura. 

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Sobre la versión de Caperucita Roja de los hermanos Grimm:

“(…) de forma simbólica, proyecta a la niña hacia los peligros de sus conflictos edípicos durante la pubertad y, luego, la libera de ellos, de manera que puede madurar libre de problemas. Los personajes maternos de la madre y la bruja, que eran tan importantes en «Hansel y Gretel», son insignificantes en «Caperucita», donde ni la madre ni la abuela pueden hacer nada: ni siquiera amenazar o proteger. En cambio, el personaje masculino es mucho más importante y está disociado en dos formas completamente opuestas: el seductor peligroso que, si se cede a sus deseos, se convierte en el destructor de la niña; y el personaje del padre, cazador, fuerte y responsable.

Es como si Caperucita intentara comprender la naturaleza contradictoria del personaje masculino al experimentar todos los aspectos de su personalidad: las tendencias egoístas, asociales, violentas y potencialmente destructivas del ello (el lobo) y los impulsos generosos, sociales, reflexivos y protectores del yo (el cazador).”

Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1977. 

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Entre los apoyadores de transporte público, a diferencia de lo que sucede con los violadores, sobrevuela la fantasía del consentimiento. La apoyada es un juego de a dos, dirían ellos. Los une el espanto a que la víctima se rebele y vuelva pública la transgresión. Es cuestionable la verosimilitud de muchas anécdotas. Javier Alcácer señala que son notables los comentarios firmados por mujeres, posiblemente fakes elaborados por ellos mismos:

Hola viajo siempre desde banfield a constitucion a la mañana y vuelvo a las 18hs. tengo 18 años me llamo andrea si hay chicos de mi edad para hacer este juego, pasamos skype y facebook. mi skype es: perranyi_andrea@hotmail.com besos

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En 1985, ocho años después de Danza Macabra, Stephen King publica It, una novela donde un grupo de adolescentes se enfrenta al monstruo que está asolando al pueblo de Derry. Se hacen llamar a sí mismos “El club de los perdedores”. Todos, sin excepción, son marginados por los adultos y el resto de sus compañeros. Hay un tartamudo, un gordo, un judío, una chica de los barrios bajos del pueblo, etc. El monstruo se les presenta con diversas caras (entre ellas, la del hombre lobo) que se corresponden con sus miedos más profundos. La manera de enfrentarlo consiste, a la manera de los cuentos de hadas, en abandonar la creencia de que el miedo está fundado, en no dejarle lugar. En el caso de Bill, el personaje tartamudo, el secreto de la victoria se esconde en repetir una vez, sin tartamudear, un trabalenguas que le resulta imposible durante casi toda la novela:

“Castiga el poste recto y tosco e insiste, infausto, que ha visto a los espectros”.

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Una rápida encuesta en Twitter me confirma el temor de los apoyadores: la manera más efectiva de librarse de ellos es exponerlos. Cuando la apoyada se lleva a término con éxito, se debe en todos los casos a la perplejidad o al miedo de la víctima, que no se anima a correrse de su lugar.

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Vuelvo a Bruno Bettelheim:

“Otro artista ha dado expresión a estos mismos sentimientos subyacentes. Gustave Doré, en una de sus famosas ilustraciones para cuentos, muestra a Caperucita y al lobo juntos en la cama. En el dibujo, el lobo aparece como un animal más bien pacífico, mientras que el aspecto de la niña muestra una preocupación por los poderosos sentimientos ambivalentes que experimenta al contemplar al lobo que yace junto a ella. Caperucita no hace ningún movimiento para escapar. Parece intrigada por la situación, atraída y repelida al mismo tiempo.

La combinación de sentimientos que sugieren su cara y su cuerpo se puede describir como fascinación. Es la misma fascinación que el sexo, y todo lo que lo rodea, ejerce sobre la mente infantil.”

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Demonizar, como ocurre en la nota de Infojus antes citada, suele ser una expresión del miedo y la ignorancia. Sabemos, por otra parte, que la censura y la persecución judicial tienen un efecto de corto alcance en internet. Cualquier acción en ese sentido es declamatoria. Si en algún momento cierra el blog de los apoyadores, tarde o temprano aparecerá otro, y no tendremos la posibilidad –de la que carecieron Perrault y los hermanos Grimm– de conocer el discurso del lobo cuando abandona su condición de cazador solitario. Pero sobre todo, nos privamos de preguntarnos si ese lobo existe, o no es más que un personaje de los cuentos de hadas y los libros de terror.///PACO

5 comentarios en “Caperucita Roja y los apoyadores

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