Mirada, partícula, fotón

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Por Pilar Benitez Vibart

Si me remito a mi infancia, vislumbra el asombro y la partícula en el rayo de luz. Ya de chica sacaba fotos mentales. Recuerdo pensar cada vez: esto no me lo olvido, mirar detenidamente cada detalle, y después cerrar fuerte los ojos para guardarlo en algún rincón interior. Con el tiempo, la gran mayoría se habrá velado; pero si me miras bien, las emano todas. La memoria es también luz. Estrella. Mirada. Partícula. Fotón.

Una: sentada en la arena me chupo la rodilla, miro el mar mientras lo saboreo en mi piel. al terminar, pasaré a algún mechón de pelo.

Dos: Me siento en la mesa callada, miro todo, mientras mi abuela y sus amigas hablan. Me detengo en cada arruga, en las manchas de la piel, en los dientes pintados con rouge, si alguna se estira para agarrar una cuchara no puedo creer el temblor de la mano. Hablan. Me cuelgo en el temblor de la voz. Espero, atenta, a ver si logro ver cuando muere alguna.

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Tres: segundo grado. Camino feliz los pocos metros que implicaba la vuelta del colegio. Miro el Sol, los arboles, el cielo, mientras siento que floto de amor. No sé si no iba haciendo dánica dorada. Llego a casa y estaba mi abuela Pipiola. Le cuento que estoy de novia, pero que mi novio todavía no lo sabe.

Cuatro: Sentada en el piso de madera del aula miro los pelos rubios que asoman por la medibacha escolar azul oscuro. Si la levanto y la suelto, vuela polvo. Los pelitos dorados vuelven a asomar.

Cinco: adolescente, catorce años, tal vez trece. Sentada al atardecer en el balcón de una casa de verano en Villa Gesell, la prima de mi amiga nos enseña cumbias de moda mientras se depila con cera caliente. Estoy impresionada; para mi, es todo nuevo. Me mira la pierna con mis pelitos jamás depilados y con ironía me pregunta si puede hacerme una trenza cocida. Saco una foto del trauma y me despido de mi niñez. La envidia me hace perder el foco y dejo a la inocencia fuera de cuadro.

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Hoy, el ruido del obturador son mis párpados cerrados con fuerza.

Trato a la cámara como si fuera mi gato, siento que es como mi tercer ojo. Saco una foto sin pensar para después volver y entender. La frase de Odilon Redon: La lógica de lo visible al servicio de lo invisible, resuena en mi mente al menos una vez por día. Mientras no haya llegado al final del túnel, ahí, de donde viene la luz, me dejo llevar en este aprendizaje llena de curiosidad. Busco a la luz, y al mismo tiempo, como un topo, escarbo en la oscuridad.

Adrián Paoletti acerca de Pilar:

La belleza de sus ojos se refleja en sus fotos. Pilar escribe con la luz. Corre el velo de la realidad para mostrarla en todo su esplendor. Los roles se invierten, la oscuridad se esconde de la luz, las cosas se disfrazan. En sus fotos veo uñas de mármol en la nieve, un perro que es también un muñeco, un pájaro con alas de mariposa, un mar luminoso.

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Pilar captura las imágenes para liberarlas: cuadros de pupilas, pedazos de tiempo quieto, la vida en partes. En sus fotos los mensajes se multiplican o se arremolinan invisibles en una aparente quietud, se concentran y potencian. Como un laberinto de espejos, emociones se esconden para mostrarnos otras. Su lenguaje es universal y propio ////PACO

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