El artesano blanco

jack_white_blunderbuss

Por Soledad Valdez/ @___Samira___

La liberación solista de Jack White, después de la entrega a manos de sus fans del proyecto The White Stripes, fue plasmada en abril de 2012 en el disco titulado Blunderbuss. El material, de poco más de cuarenta minutos, recorre estados y estigmas emocionales, entre los cuales: se desangra en la ducha; bebe perfume de mujer por celos; es maltratado y camina sobre sal. Luego se niega a ser corrompido por el amor y los truculentos desvaríos que provoca. También se deja seducir por una mujer, que según parece fumaría Dunhill. Una vez conquistado se exalta hasta hervir de amor y perder todas sus fuerzas. Y finalmente le pide a su chica que lo lleve a donde vaya. Muchos asocian tantas idas y venidas de amor y desamor a su divorcio con Karen Elson. Pero ese es otro tema, y más aun sabiendo que Anthony Gillis se aburre cuando tiene que escribir sobre el mismo.

Blunderbuss es algo así como la  fusión perfecta entre los gérmenes de la especie, las consecuencias de las transformaciones de los años y la mente de un científico loco. Una muestra de ello es “I’m Shakin’”. El tema originalmente escrito por Rudy Toombs y grabado por William Edward John a.k.a. Little White John. La versión original, de los años sesenta, es considerada un clásico de R&B. Ésta es un poco más lenta que la de White, con instrumentos de viento, sin coros femeninos, sólo la voz de un joven nacido en Michigan a finales del treinta. La versión 2012, mantiene parte de la original, pero es regenerada con más velocidad y cuenta con entonaciones particulares, acercándose estilísticamente a un chico de zapatos azules que bailaba rock en la cárcel. La reconstrucción artística le valió a White el reconocimiento de Nikki Sixx.

Para “Love Interruption”, las notas de piano electrónico abren paso a la balada dual, que cuenta con la participación de Ruby Amanfu. Sumados a una guitarra acústica y un clarinete contrabajo, dibujan un paisaje de niebla sentimental en la que dos personas se enamoran y recitan versos con un cristal de por medio. Esta visión truculenta y excepcional del amor como creador, destructor, oscuro e iluminado fue el primer corte del disco, que bien sirvió como anticipo de lo que vendría después.

 

Otra de las piezas destacadas del disco es “Sixteen Saltines”. El personaje que encarna White en la canción, denota celos y ansiedad oral. Los riffs distorsionados y viscerales del inicio parecen anunciar el punto de largada para una catarsis de sensaciones odiosas. Esos mismos acordes se mantienen de fondo en gran parte del tema. Se puede asociar la imagen mental de los sonidos con la que se muestra en el vídeo: White atado de manos y pandillas adolescentes alrededor. En ambos casos, factores ajenos, externos al fundador de Third Man Records, toman el control de su propio ser y lo terminan perjudicando. ¿Quién está celoso? El joven oriundo de Michigan hace una pausa sonora y estilística para preguntarlo. La siguiente pausa será para confesar que en soledad bebe el perfume de esa mujer que lo tiene a mal traer. La batería marca el pulso crudo y duro de la situación: puede que le esté dando taquicardia de tan malos pasos y sensaciones provocadas por quien tiene muchos números telefónicos anotados en su locker. De todas maneras, White y su personaje terminarán prendidos fuego.

En “Freedom at 21”, vuelve a repetirse la fórmula de drums marcados y distorsión de cuerdas, con un White en la piel de “chico maltratado”. Los riff de alto voltaje bien pueden ser vistos como el fuego que recorre la pólvora en el suelo del desierto hasta la detonación. Por si quedan dudas que el protagonista principal es Jack y su virtuosismo como guitarrista, en el vídeo se lo ve justificando superar a Carlos Santana en “los mejores guitarristas activos”, para la Rolling Stone española; el puesto entre los diez mejores guitarristas de los últimos treinta, según la BBC News, quedando por encima de “The Edge”, Noel Gallagher y también de quién aparece al final del vídeo, Josh Hommes.

Pero no todo despedazamiento se adorna con sonidos frenéticos. En “Missing Pieces”, con tonalidades vaporosas, se cuenta como un día, su personaje se encontró siendo una versión cruda y autodidactica de Nick Vujicic, producto de una obsesión amorosa. Casi en el mismo tono sonoro, dado por el piano eléctrico, presente desde el segundo cero, puede escucharse “Hypocritical Kiss”. El hilo que une a ambos temas, es el mix de las variantes folks y country, parados sobre una base de blues que se transforma según el antojo del músico en cuestión. Pero el sexto tema del disco está mucho más cerca de un enojo seguido de odio con alguien que estaría bastante próximo a Judas y no con una mujer.

En “Weep Themselves to Sleep” la historia señala: el apego, la perdida, el llanto, la lucha, el intento por redimirse y el temor emocional. Enfatizado por el piano y el contrabajo. La voz de White parece herida de guerra, lejana, pero presente y distorsionada. Esa distorsión vocal-sonora, vuelve a hacerse presente en “Trash Tongue Talker”, tema en el que la velocidad se apoderará del piano y se acoplaran a ello los demás instrumentos. Aplicando, nuevamente la fórmula de regenerar con velocidad el sonido de los años sesenta, como lo hizo en el octavo tema del disco.

También, cuando una melodía llega a él, sea la hora que sea, decide trabajar en ella. En sus propias palabras: “Me impuse una regla: cuando despierto en medio de la noche y una melodía viene a mi… voy a escribirla -probablemente es lo más complicado que he hecho, escribir algo a las cuatro de la madrugada- . Algunas canciones del álbum nacieron así “Hip (Eponymous) Poor Boy” se hizo de esa manera, a las cuatro de la mañana, forzándome a escribir una melodía y algunas palabras”.

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En la canción siguiente, la microhistoria se asemeja a la de un muchacho que discutió con su chica, se fue a caminar y volvió cansado. O algo un poco más truculento: tiene demasiados problemas, de alguna manera se siente desprotegido y tiene en cuenta la posibilidad de dormir para siempre. Tal vez por eso, decide quitarse los zapatos, como una forma de despojo. Todo depende como se mire. Y se escucha, el tono de vals lento, nuevamente, el piano aparece en escena para acompañarlo acentuando la tristeza y exponer desesperación.

En una suerte de (auto) profecía con aires de reinvención, aparece “On and On and On”. White, pone su voz de niño inquieto a casi el nivel del susurro. A él se acoplan coros femeninos y todo parece slow y bonito, para ir cerrando el telón en su décimo segundo acto. Todo, bajo la premisa consciente de que es él quien tiene que elegir qué hacer, qué decir y cómo actuar.

Para el acto final, le pide a su chica que lo lleve con ella a donde vaya, porque siente que no hay nada que lo retenga allí. Necesita escapar, necesita un descanso. Una combinación exacta de una orquesta rock, formada por: teclado, piano, batería, bajo, contrabajo, violín, coros, guitarra y riffs de impronta White, llegan al último acto. Un cierre placentero y en la versión en vivo, tanto si está acompañado por The Peacocks o The Buzzards, es estrepitosamente adorable.

En cuanto al tema que da nombre al disco, merece un párrafo aparte. En él, aislados del mundo por acordes tenues, los personajes aprovechan para huir juntos y dejar de ser sutiles. Todo pareciera ser: “A romantic bust, a blunder turned, explosive blunderbuss”. Este track, es la pieza más onírica y surrealista dentro de los cuarenta minutos del material. Los paisajes que dibujan tanto la letra como la música parecen ir más allá de lo fáctico. Más allá de si esos demonios rojos que la chica lleva en su bolsillo son cigarrillos Dunhill. Todo fluye en un ritmo armonioso, que puede percibirse tanto en su versión de estudio como en vivo. Esa bruma extendida, que forma la canción si se la escucha aislada, también se da cuando se escucha “Blunderbuss” como álbum en sí mismo, esa expansión onírica, en distintas proporciones, que atraviesa los límites apropiándose de lo ya conocido y dándole otros sentidos. Porque logra atraer hacia él los estilos musicales precursores del rock. Por todo esto, muchas veces, puede parecer fuera del eje estereotipado, pero eso le vale la creación (y reafirmación) de su propia identidad.

Duff Mckagan, dijo: “Necesitamos tipos como Jack White. Necesitamos gente que nos muestre que es posible entregarse a los antojos de su propio espíritu creativo y a su vez convertirse en un éxito comercial”. Esa necesidad de permitirse crear apartado de lo ya conocido, atreviéndose a renovar los genes que de viejas melodías, es lo que destaca a Jack White en la actualidad. Si en su etapa previa a los White Stripes, se dedicaba al oficio de tapicero para darle una estética más agradable a diferentes objetos. Hoy, en su personaje de rockstar, es un artesano sonoro que le da una estética mucho más agradable y diferente a la música y fue esa combinación entre artesano y rockstar la que hizo que Blunderbuss fuera el disco más vendido en su año de lanzamiento.///PACO

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