Crónica del ruido blanco

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Por Nicolás Mavrakis

I. 24 horas

11.44
Un amigo me pide que cuide su departamento en un edificio a estrenar. No es un favor: me va a pagar varios dólares con la cara de Benjamin Franklin. Acepté porque está en Palermo. El edificio, en realidad, está reciclado. No es
técnicamente nuevo. Las paredes son gruesas y la calefacción funciona con una caldera que hay que encender en el sótano. Un par de botones y una llave de gas. Este es el primer registro del trabajo.

12.16
Es importante que la caldera funcione todos los días porque van a ocupar el edificio en seis días y las cañerías de agua caliente y la losa radiante tienen que funcionar bien. Hicimos un recorrido breve por los palieres. No hay mucho para contar. Pero como dice Terry Eagleton, evil remains a real phenomenon with palpable force in our contemporary world. El edificio tiene tres pisos, dos departamentos por piso y el que tengo que cuidar está en el tercero.

13.01
Cada departamento tiene unos cincuenta metros cuadrados, no soy bueno calculando. Por cuidar se entiende activar la caldera, regar las plantas, usar y renovar lo que hay en la heladera, no ensuciar y no tocar nada. No hay ascensor. Mi amigo es fotógrafo y cuando acepté me dijo que el departamento no era de él. Es de una amiga. La
amiga es una periodista y se supone que no tiene que saber que yo voy a cuidar el departamento porque debería hacerlo él. A pesar de las apariencias, cuando puedo ayudar, ayudo. Le pregunté si la mina iba a llamar y mi amigo dijo que no. Pregunté si la mina es alguien que conozca y mi amigo dijo que el único problema es que en el departamento no hay internet. Eso es grave. Puedo irme en cualquier momento y volver a la mañana y a la noche. El plan es trabajar con la computadora offline durante el día y al mediodía y a la noche ir a Starbucks y conectarme un rato. No es una abstinencia total. Puede ser divertido. Una hermosa experiencia para Paco (*). El chiste es ir anotando lo que pasa y hacer una crónica. En tal caso, afuera estaba nublado y hacía frío. El resto de clima es irrelevante porque vivo en una cultura que inventó las cuatro paredes para desentenderse de los elementos.

13.50
Traje ropa y unas toallas. La heladera tiene verduras y botellas de agua mineral. No hay café pero hay muchos saquitos de té frutal. El misterio de la dueña es bastante relativo: los retratos están ahí. Ella no usa internet y debe creer que Paco es realmente la colonia de los ochenta. No me preocupa que vaya a leer porque es una periodista y no sabe leer. No voy a decir nada más, excepto que en la mitad de las fotos está al lado de un tipo que la dejó hace bastante tiempo. Hay un teléfono al que tengo que llamar si la caldera se apaga y no se enciende más. Nadie va a venir al edificio. 

15.06
El resplandor pero sin mujer ni hijos ni hachas y de verdad. Voy a ordenar mis cosas y encender la caldera con las instrucciones. Después me voy a ir a mi casa. Mañana voy a quedarme a dormir acá. La idea de escribir me parece a priori aburrida. Es domingo. Ya detecté un cajón donde hay papeles personales. No hay nada más divertido que abrir los cajones de la mesa de luz de cualquier humano. Ahí está todo. Más preciso y casi más dañino que hackear cualquier correo en Gmail. Me voy.

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II. 48 horas

1.32
Fui a ver
Antes de la medianoche. Cualquier treintañera separada que la vea va a querer pegarse un tiro: el cine será sanitario o desaparecerá. Dispárense, chicas. Dispárense. Si todavía están solas, van a morirse solas. O con un gato. Es eso o jugar a la mamá de un hombre adulto como en la película. Eso es algo que me gustaría escribir en Twitter, pero acá no hay. Azotar a empleados públicos que se imaginan importantes y valiosos y trabajan en un sótano con frecuencia modulada y sin oyentes no es mi único pasatiempo (**). Acabo de comer unos tacos mexicanos. La caldera funciona muy bien y no hace frío. Prácticamente hace calor. Quise pasar por la puerta de Starbucks y usar el WiFi pero ya habían cerrado. No hay internet porque mi amigo dice que esta periodista dice que “internet ya hay en el trabajo”. Dispárense, por favor. Debajo del paladar y hacia arriba. Y se termina para siempre: garantizado.

14.27
No se dijo nada sobre traer visitas. Fui a Starbucks al mediodía. Es el lunes más frío del año y había una ristra de sodomitas gozando la palabra macchiato. Hace muchos años escribí que el menemismo había traído el mercado sólido de McDonald´s y que el kirchnerismo había traído el mercado líquido de Starbucks. Acá lo escribo de nuevo. No hay nadie para decir lo contrario, pero sé que tengo razón. Lo sólido se hace cada vez más sólido y lo líquido se hace cada vez más líquido. En Starbucks veo que el Papa esquiva negros en Río y que la Reina de Inglaterra salió a conocer a su bisnieto con un perrito. Contesto mails, envío archivos y no tengo tiempo de mirar mi Twitter. Antes de salir miré la biblioteca del departamento: mucha basura periodística, mucha basura de crónicas. Poco y nada de literatura, algunos libros de lectura escolar obligatoria, es todo lo que hay. Esta tarde voy a llevarme la Trilogía de la ocupación. Extraño mi Twitter: esa dosis de veneno que puedo inocular en las almas bellas.

19.08
Retrasé mucho el regreso de Starbucks porque tengo miedo de aburrirme. En mi celular no tengo 3G pero puedo ver televisión. Pero no puedo ver televisión. Ahora, por ejemplo, Julieta Camaño (***) anota cosas contra un pizarrón de papel en un canal de cable. Lo veo en mute. Debe ser la mejor organización de fotones en la imaginación heterosexual de Lewis Mumford.

19.31
Creo que el verdadero cinismo es no sentir nada de miedo en un departamento desocupado en medio de edificio vacío. La caldera funciona. La heladera funciona. El lavarropas funciona pero tengo prohibido usarlo. Podría usar la cama para recostarme y leer. Parece nueva. Las camas duran más que las parejas que las usan y las heladeras todavía más.

20.01
En el camino entré a una óptica. La vendedora era linda. Había un policía. Un negrito de la comisaría 21 que anda en bicicleta. Además de extorsionar al dueño del negocio debe fantasear con levantarse a la empleada. El negrito me dijo algo. No entendí. Es como hablar con los hijos de las domésticas: nunca se entiende lo que dicen. Un balbuceo rápido y tímido que se deforma en una risa. Le dije fav y tampoco me entendió. Me revisé la billetera y el celular antes de salir.

21.16
Tuve problemas con las llaves antes de entrar. No puedo creer el desastre de la biblioteca. En un tubo negro encontré un diploma de TEA. Me gustaría instagramearlo pero no tengo Instagram. Me gustaría twittear alguna ironía estúpida pero no hay Twitter. No extraño Facebook y sus decenas de invitaciones a eventos de lecturas públicas de zombies que se creen poetas y escriben mierda. La semana pasada me burlé de eso y uno se puso a llorar. Muy poético. Voy a adelantar trabajo para mañana en Word.

22.20
Sonó el teléfono y no atendí. Sonó seis veces.
Regué las plantas y se me congelaron las manos.
Quise escuchar música pero no hay porque la escucho toda en YouTube.
Me gustaría escuchar el concierto de Billy Joel en Japón en 2006.
Abrí los cajones: muchas calzas estampadas. Mucha ropa interior Caro Cuore.
Varias bombachas percudidas en la zona de riesgoLas dejé en su lugar. Una cartita que dijera que uno también es víctima de los accidentes de los que huye estaría bien.

23.40
Una hora y cuarto después vuelve a sonar el teléfono. Seis veces.
Voy a dormir en el sofá del living y me voy a tapar con una frazada.
Traje comida de McDonald´s para calentar en el microondas.
Acabo de mear en el lavabo: chicas, es lo que hacen todos los hombres, no teman. Voy a dejar el televisor encendido y en mute por las dudas.

1.13
La frazada que saqué del armario es del mismo color que el sillón en el living. No sé si estaba dentro de lo previsto que usara la cama. No se escucha nada. Entre los cubiertos en los cajones de la cocina había un blister de Alplax con vencimiento en 2014. Tomé un comprimido hace media hora.

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III. 72 horas

9.01
Ya fui a Starbucks, me paré en la puerta y revisé los mails. Dormí bien.
Un amigo dice que encontró a una compañera del secundario haciendo porno.
Mandó un link pero no tuve la conexión suficiente. El comentario: demasiado fría.

9.29
Quiero ver las noticias -lo que se comenta en Twitter- y no hay internet.
Quiero ver mis diarios ingleses y no hay internet.
No importa. Encontré un directorio con algunos MP3 en mi laptop.
Guardé la frazada en el armario y acomodé los almohadones. Pitágoras decía que una parte del alma quedaba en la forma del cuerpo sobre la cama.

11.40
No escuché nada durante la noche pero a la mañana estoy seguro de haber oído un portazo. Bajar tres pisos por escalera y que el edificio esté vacío me da un poco de miedo. Subirlas con las bolsas del supermercado es más incómodo. No apago el televisor nunca.

12.19
Las cañerías hacen ruido cuando uso las canillas del baño.
Encontré unos binoculares en uno de los cajones del escritorio en la habitación.
Si inspecciono mejor voy a encontrar cosas sexuales.
Se me cayó un plato y se rompió.

12.26
Trabajo pero me falta algo con lo cual interactuar. Los gordos, los homosexuales y los provincianos que saltaron al salvavidas de la web con sus subjetividades de saldo no soportarían lo real en estas condiciones. Saqué un par de guantes del cajón de mi anfitriona. Los voy a usar para regar las plantas aunque hoy hay sol. Los chinos deben tener aparatos que se ocupan de hacer estas cosas. Mi teléfono no sirve sin internet. Es un despertador caro, negro y cuadrado. Mi laptop es lo mismo pero puede reproducir archivos MP3.

13.05
Con Google podría encontrar el aparato con el que los chinos se ocupan de estas cosas.

13.41
Hay un armario con carpetas donde mi anfitriona guarda recortes de las notas que hizo. Un archivo obsoleto de papel. También tiene un premio de esos que dan las escuelitas diferenciales de periodismo a sus clientes. Es como un pisapapeles y está adentro de una caja. Un gesto de pudor. No estoy seguro de estar colocando cada cosa exactamente donde estaba. El televisor reemplaza bastante bien la idea de que alguien más habla. El horno es eléctrico y si caen gotas sobre el metal incandescente hay un ruido muy raro.

14.29
En un par de horas más voy a ir a Starbucks. Hay algo raro con el ruido blancoAdentro de los muffins de arándanos hay internet. En la televisión Jorge Rial dice que Aptra es una organización cerrada llena de chanchullos donde se negocian programitas de televisión, se venden premios y adentro hay algunos que no pueden ni escribir. Me gustaría contárselo al community manager de los cronistas pero no hay internet.

15.00
Tengo sueño pero a esta hora nunca tengo sueño. No siento ninguna proximidad con el espacio. Hay paredes blancas en el living, paredes azules en la habitación, azulejos azules y rosados en el baño, azulejos blancos en la cocina. Los muebles son pocos y modernos. El escritorio en la habitación es viejo y de madera oscura. La limpieza es rigurosa pero probablemente porque limpiaron y pusieron todo en orden hace muy poco tiempo. Pasó un amigo con su hijo. Con ellos sí me animé a hacer un tour más profundo por la propiedad. El pibe tiene nueve años y está de vacaciones. Su objetivo ontológico estacional es no callarse nunca. El interior del edificio está recién pintado. Todas las puertas son iguales y las escaleras está armadas con bloques de granito nuevos. No hay rasgos distintivos y cada piso es igual al anterior. La luz entra por unos ventanales blancos. No pude medir la temperatura ni la humedad. Nada de todo esto me parece relevante en términos subjetivos porque soy católico y mi relación con lo universal va más allá de mis corpúsculos. Eso me convierte en un pésimo cronista. Breve incidente: mi amigo bajó solo a la caldera y su hijo empezó a preguntarme quién vivía en cada departamento. Tres pisos, dos departamentos por piso: la misma pregunta, dos veces, en cada piso. Antes de llegar a la caldera lo agarré del cuello y le dije que se callara. Cuando se rió le di un cachetazo (si tres dedos con la mano abierta y fría puede considerarse un cachetazo). No hubo más preguntas. Cuando mi buen amigo Lucas preguntó si todo estaba bien, dijimos al unísono que sí.

17.07
Soñé que alguien creía que podía hacer algo contra mí sin que yo me diera cuenta. La dejaba hacer. La dejaba avanzar. La saludaba cuando me la cruzaba (era una mujer rubia). Cuando me pedía favores, le respondía con mucha amabilidad. No quería despojarla de la fantasía de que podía vengarse¿Pero qué le había hecho? Al final no importaba. Al final la despojaba de todo.

18.21
Pasé por la puerta de Starbucks y twittee.
Perdóname ruido blanco porque he pecado.
Oscurece un poco más tarde. Tengo que bajar a la caldera.

18.34
Debería estar bajando a la caldera pero…

18.41
Iba a bajar y sonó el teléfono. Seis veces. Contestaría si sonara siete veces. No tendría mucha gracia llamar a alguien para que me haga compañía. Tengo algunas conversaciones interesantes donde soy el único interlocutor.

20.53
Por la calle vi a Roberto Perfumo.
En el Hotel Alvear entrevisté a Jorge Herralde.
Ahora llegaría el spam de Mónica Sikora si tuviera internet.
Miré con los binoculares.
Hay un patio manchado con pintura.
Hay un nido de palomas.
Hay unas botellas viejas de vidrio.
Hay una media que parece petrificada sobre el suelo.
Hay una ventana en el segundo piso con la cortina abierta.
Se ve un retrato. Está oscuro.

21.20
Al perfume de una mujer en la calle no se le puede hacer fav. Los ojos de una mujer rubia pueden deshacer el mundo. Los ojos de una mujer morocha pueden deshacer el mundo. Los de una mujer castaña también. Y los de una pelirroja. La síntesis sería que cualquier mujer puede deshacer el mundo porque -como dijo Marguerite Duras- las mujeres pertenecen a otra especie. Puse una de las tablas que había en el palier del primer piso contra la pared. Elegí algunos cuchillos de la cocina y empecé a tirarlos. No es fácil. Ni siquiera salen derechos. Si tuviera YouTube podría aprender a tirar cuchillos.

23.55
No voy a cenar. Estuve tirando cuchillos y escuchando música. Sentí la tentación de entrar al departamento y tirarle al televisor. Esto no es silencio. Es ruido blanco (****). Pensé en llamar a un amigo pero es tarde. Pensé en invitar a otra persona pero hace mucho frío. Cuando un cuchillo se cae al piso, el eco se siente en los tres pisos y realmente da terror.

1.16
No puedo dormir. Trabé todas las puertas y puse una silla como en las películas contra la cerradura. Fav.

2.05
¿Qué condición mental padece alguien que preferiría no tener una conexión a internet? El verdadero segregacionista preplatónico y oscurantista es el que se aparta de la conexión. Tengo hambre. Voy a preparar unas milanesas de soja con dos rodajas de tomate. Tengo que limpiar todos los cuchillos antes de cocinar. Después de comer me voy a ir a mi casa.

2.36
No me voy a ir a mi casa porque no tendría gracia. En la televisión pasan dos o tres programas donde una mina pide que descifren palabras escondidas y llamen para contar cuáles son. Vi durante todo el día al Papa Francisco. Creer que la religiosidad es un fantasma medieval es desconocer la potencia cultural del medioevo y reducir una filosofía de dos mil años a tristes subjetivismos posmodernos. Lo anticuado es el relativismo cultural. Lo verdaderamente anticuado es la fantasía de una convivencia armónica de diferencias. Vence el que tiene la iniciativa y el que tiene la fuerza.

3.19
El reloj en la mesa de la cocina se quedó congelado en las 3.05. No sé si eso pasó a la tarde o si acaba de pasar. En teoría debería apagar la caldera para que no pase más de veinte horas encendida de corrido, pero eso significa que debería levantarme, ponerme los guantes, buscar las llaves, destrabar la puerta, bajar tres pisos en un edificio vacío y meterme en una caldera solo y a las tres de la madrugada. Escribir lo que debería hacer es la forma sintomática de no hacerlo.

4.50
No puedo dormir aunque cierre los ojos y me quede quieto. En Nueva York Starbucks tampoco estaría abierto. Supongo que podría twittear algún antisemitismo de cotillón. El reloj de la cocina está congelado en las 3.05 porque está desenchufado. Fin del misterio. Lo moví mientras cocinaba. Voy a poner la silla otra vez contra la puerta. Llevo tres cuchillos en el cinturón. Fav a mí.

IV. Las últimas 96 horas

9.50
Hace dos días que no me baño.
Qué gran aliado cultural es el frío.

11.45
Había veintinueve mensajes nuevos en mi Inbox. Borré los que había que borrar, contesté los que valía la pena contestar, respondí con cuidado los que me pagan por responder y arrojé con cuidadosa indiferencia hacia el olvido al resto. Hurgué un poco en Facebook y no había nada. Twitter parece igual de aburrido que siempre. Mi actitud hacia las redes sociales es un poco como la de la Virgen María hacia el Niño Jesús: aceptación reverente de su trascendencia, pero ligera desilusión después de haberle limpiado el culo. Lo importante es que la estructura permanezca ahí a pesar de las circunstancias. Es mi única percepción recurrente cuando se activa la antena del WiFi. La persistencia de algo que existe más allá de la abstinencia. Es una forma de religiosidad. Podría desarrollar mejor si estuviera más descansado. No quiero volver al edificio. Las escaleras están impolutas y heladas. Anoche pensé que podía nevar.

13.11
Veo en la televisión que murió León Ferrari. El más público de sus trabajos fue el de asimilar la cruz de la Iglesia Católica Apostólica Romana con un cazabombadero norteamericano más o menos en la misma época en que aparecía la encíclica Populorum Progressio. Jesucristo ha vencido otra vez. Hablando de anterioridades, antes de irme voy a registrar las pertenencias de esta mina. Necesito anotar dónde está cada cosa y volver a dejarla en su lugar. Apuesto un Benjamin Franklin a que encuentro un vibrador en algún lado. Encontré una bata rosada bastante cómoda y con bolsillos profundos para meter muchos cuchillos. De cada cinco que tiro, se clavan dos. Antes de irme voy a tener que comprar un juego de cuchillos nuevos.

15.03
Fui a la caldera. De paso le tiré un cuchillazo a la puerta de uno de los departamentos del primer piso. Se clavó casi hasta la mitad. Ahora no sé cómo mierda tapar el tajo en la madera. No extraño hablar con nadie. Puedo pasar días sin hablar. No se pierde nada, en general la gente es muy estúpida y muy aburrida. Hay una publicidad en la televisión donde un oso polar le dice en la nuca a un tipo que se quede tranquilo porque solo es una metáfora. Jorge Rial presenta a su novia en su programa de televisión y la besa. Alguien dijo que “se comprometió con un señor”. Fav. Ella dice que le dicen que lo cambió mucho y que lo ven más alegre y más feliz. No le doy mucha bola a Patrick Modiano. Los cuchillos son mejores.

16.31
Entre la ropa había fotos de un ex novio que conozco. En una cajita hay boletos de colectivo viejos. La tinta se borra bastante en los del año 2002. Al parecer a las 17.44 del 02/05/03 ocurrió un traslado relevante en la línea 42. Hablemos sobre la grasa mental y el diesel subsidiado que impregna ciertos recuerdos. Estas bombachas Caro Cuore no son las de diseños sensuales. Los corpiños son rellenados. Hay algo del periodismo como discurso en esa selección textil. Y en una biblioteca despojada de cualquier valor intelectual. Los maquillajes están fabricados en Argentina. Los zapatos tienen los tacos gastados y están guardados en cajas. En un sobre de papel madera a un costado del armario hay radiografías y un electrocardiograma.

17.22
Encontré la laptop de mi benemérita anfitriona en el cajón donde guarda las medias.
¿Por qué nadie cree en los passwords?

17.34
Carpetas de fotos con viajes a:
Francia
Brasil
Uruguay
Chile
Colombia
Mar del Plata
Y las carpetas más maravillosas:
Vacaciones con [nombre de varón] Brasil 2010
Vacaciones con [nombre de varón] La Boyita 2009

18.02
Hay una carpeta con videos.
Oh, la intimidad.

18.39
Hay una generación que ha hecho del intento de documentarse cogiendo un hábito sexual. Aunque [nombre de varón] no tenga ninguno de los atributos de un actor porno (ni los escasos que se requieren para pasar como actor porno entre esquimales), la anfitriona al menos le pone onda. No podría describirla sin que la mitad de las personas que van a leer la reconocieran. Es castaña, pero no tanto. Bajita, pero sabe cuándo ponerse en puntas de pie. Entre los videos que hay de un año para el otro cambia de color de pelo y de corte de pelo. Un signo estable de la ansiedad. A pesar de las apariencias, traga. Un descubrimiento científico. Tengo que contárselo a algunos colegas pero no hay internet. Sé qué van a decir porque es lo mismo que pienso en este momento: los videos están bien, se nota que alguien cuidó la distancia y el encuadre. Pero tienen un defecto: no transmiten erotismo. Ninguno. Preferiría pintar mandalas.

19.35
Un par de horas más y cierro todo y me voy. Creo que antes voy a bañarme y dejar pelos sospechosos en la ducha. Tengo que comprar nuevos cuchillos. Comprar nuevos cuchillos. Comprar nuevos cuchillos. No encontré ningún vibrador.

20.14
Un rato más y me voy.
Una lista de las mejores cosas:
No bañarse.
Tirar cuchillos.
Eructar del modo más cavernoso posible en los palieres.
Mear en el lavabo.
Andar con una frazada encima como una capa.
Rompí un plato que no voy a reemplazar.
Los videos porno berretas.
La certeza absoluta de que puedo prescindir del diálogo humano.
Me gustaría mucho que hubiera internet.

(*) En general lo real podría dividirse entre lo que es interesante para Paco y lo que no es interesante para Paco y lo que no es interesante para Paco podría morir y calcinarse en la caldera y nadie, jamás, lo extrañaría.

(**) Cuando un burócrata contesta con imaginación una pregunta, también se proyectan verdades estetizadas. Lo del cinismo es un automatismo de alguien que va a morirse sin saber qué hacía Diógenes desnudo por el foro. El resto es miedo. También es vergüenza. La vergüenza es el presente pero el miedo… el miedo es el futuro. Yo disfruto cuando alguien que vive de obedecer se siente insultado por obedecer. Me place ser el ácido corrosivo sobre la imbecilidad.

(***) ¿Julieta Camaño es K?

(****) Excelente película psicoanalítica interpretada por el mejor Batman de todos, Michael Keaton.

14 comentarios en “Crónica del ruido blanco

  1. Yo tmb te cagaría a trompadas. Tengo un indicio de por qué: contentarse con ser el ácido que corroe la imbecilidad es, al menos, poco ambicioso para ser un buen escritor. La Idea (cualquier idea) te domina, te faltan imágenes, te falta descubrirlas, te falta amor, te falta no estar tan preocupado por inventar o criticar con originalidad. Acá tengo otro indicio: aflojá con esta construcción de personaje de derecha disruptiva, cínica, homofóbica, papista. Es cansadora y superficial.Faa, qué chabón!

  2. Me entretuvo. ¿Me podrás decir en qué texto aparece lo que citás de Marguerite Duras? Me interesa. Gracias.

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