Humo

I.

En 2010 la organización terrorista WikiLeaks publicó una serie de documentos diplomáticos y militares del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Fueron 251 mil memos, aproximadamente. Ese día un conocido portal de free-thinking y ciberactivismo anunció que “hoy el mundo empieza a cambiar.”

El día siguiente, Robert McClelland, fiscal general de Australia, pidió la captura de Julian Assange y el Departamento de Justicia norteamericano lanzó una investigación criminal.

Un 53% de los cables likeados eran públicos (“unclassified”), un 40% eran confidenciales (“confidential”) y un 6% eran secretos (“secret”). Ninguno decía nada importante.

Meses después circuló en una serie de blogs la idea de que la información filtrada desató la llamada “revolución tunecina”,  tras la cual una coalición de derecha y ultra islámica reemplazó al presidente Zine El Abidine Ben Ali en Enero de 2011.

II.

Puedo entender que Assange sea una especie de estrella de rock. Sus facciones sensuales, el pelo blanco cayéndole sobre su rostro, la sensibilidad ante las injusticias o esa mirada nostálgica y satisfecha siempre dirigida hacia el horizonte le otorgan el perfil de un ídolo adolescente estándar. Pienso en los Hanson, o en Nick Carter, el galán quaterback sensible de los Backstreet Boys.

Además su discurso es irresistible: fuck the goverment, fuck the system. Sus orígenes como hacker, activista y mochilero neojipi cierran un cuadro de romanticismo evocativo inapelable.

“Siempre viví en los aeropuertos”, dijo una vez. Estuvo en Vietnam, Suecia, Islandia, Siberia, Estados Unidos, Australia, Laos, Camboya, China. Escaló el Everest, hizo rafting en las aguas sagradas del Ganges, estudió física y matemática, escribió una autobiografía que arrancaba diciendo que no quería escribirla pero que necesitaba los millones de dólares que sabía iba a ganar para continuar su lucha contra el caos. Jugó squash en Mónaco, hizo ala delta en Río de Janeiro, entre otras grandes hazañas.

III.

Estos son los 10 mayores escándalos destapados por Wikileaks desde su aparición, según la versión española de The Economist.

  1. Un helicóptero Apache mata civiles en Irak.
  2. La empresa aceitera Trafigura vierte desechos en las costas africanas
  3. 500 mil mensajes de beeper fueron enviados en los Estados Unidos el día del 11-S. “Algunos eran de funcionarios federales y locales, pero la mayoría eran de gente común.”
  4. La Biblia de la Cienciología
  5. Los protocolos del Ejército de los EEUU para tratar a los presos en Guantánamo. Permitía “negar el acceso de la Cruz Roja a los presos durante cuatro semanas”.
  6. Nombres, direcciones y ocupaciones de 13.500 miembros del Partido Nacional Británico.
  7. La cuenta de correo de Sarah Palin
  8. La lista de sitios web que el gobierno australiano filtra a sus ciudadanos
  9. Más de mil e-mails de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia. Yo tampoco se qué significa esto.
  10. Un manual británico destinado a instruir a las fuerzas militares cómo evitar fugas de información. Allí se advertía que “los chinos tienen un apetito voraz por todo tipo de información política, militar, comercial, científica y técnica”. Fuerte.

IV.

Cuando en 2011 le dieron a Assange el premio Martha Gellhorn Prize for Journalism el jurado dijo que “WikiLeaks ha sido retratado como un fenómeno de la era de la información, lo cual es. Pero también es mucho más. Su objetivo de justicia a través de la transparencia se inscribe en la más antigua y mejor tradición del periodismo.”

La afirmación es cierta. La actividad de la organización fantasma WikiLeaks se lee mejor en serie con el periodismo, es decir, el ejercicio orgulloso de la gestualidad atávica de una sensibilidad perimida y conservadora, y las ideologías colonialistas de los derechos humanos y el ecologismo que atentan contra la autonomía política y económica de los países del tercer mundo bajo el manto nefasto de la transparencia, que con la lucha contra la injusticia y el status. Su animador, Julian Assange, es la puesta en escena más perfecta de todos los prejuicios de la clase media naranja globalizada que por estos años participa de la escena pública como una exaltación de sí misma y de sus mitos; una especie de James Bond de la era de la información, lo que es lo mismo que decir: un James Bond que no dispara armas ni jura lealtad al Commonwealth. Pero sí hace equitación y seduce trolas globales.

V.

El deseo íntimo de Julian Assange es un mundo donde no exista el Estado y la información dicte sus propias estrategias de circulación. Una suerte de neoliberalismo informacional utópico. No anhelo ese mundo. De hecho, me parece despreciable, porque sería un mundo de enfermos y de indefensos, donde mis hijos, mis amigos, los hijos de mis amigos y yo seríamos víctimas. Si hay algo peor que la existencia de estructuras estatales dominadas por burocracias lamebotas del capital concentrado mundial es la ausencia de Estado. Creánme. Si existe algo más despreciable que el dominio irresponsable de los más fuertes es la discrecionalidad de los inteligentes a los que el sistema ha resentido a lo largo de años de robarles la lunchera.

VI.

El 10 de Junio de 2010 empezó a circular la noticia de que el Pentágono había puesto en marcha una operación para ubicar a Assange, que por esos días estaba desaparecido. El periodista Marc Ambinder, del diario The Atlantic, escribió esa semana que “La tendencia de Assange a creer que está siempre a un paso de caer en un agujero negro desacredita su trabajo”. Glenn Greenwald, por otra parte, cuestionó ese mismo día la existencia de reportes que sugirieran que el gobierno federal estuviese “cazando” a Assange.

El 4 de Noviembre, el fundador de WikiLeaks completó una cuidadosa venta de humo embotellado diciéndole a la televisión sueca que estaba buscando asilo político. El 28 de Noviembre Assange lanzó los famosos cables de la embajada norteamericana que no decían absolutamente nada relevante. Y el 1 de Diciembre Suiza se negó a darle ciudadanía legal. No porque actuara bajo las órdenes o la presión de los Estados Unidos, sino simplemente porque Assange tenía orden de captura de Interpol por haber violado una pila de leyes.

En 2011 declaró: “Creo en el libre mercado, con lo cual, en lo que refiere a los mercados, soy un libertario, aunque tengo suficiente experiencia en política e historia como para entender que el libre mercado suele formar monopolios a menos que fuerces a las empresas a ser verdaderamente libres.”

8 comentarios en “Humo

  1. celebro tu nota con todo el entusiasmo del que soy capaz (?)
    odio a Assange y su estúpida revolución cibernética, igual que a los pelotudos de la máscara de V de Venganza.

  2. Interesante Martin, conciso -economia del gesto escrito-
    y amplia en el entendimiento -palabras barriales-;
    son caracteristicas del mejor de los kackers,
    entra sin pedir permiso, irrumpe y conovoca voluntades;
    faltaría una propuesta superadora a la del muchacho.
    Saludos.

  3. Libertad, como Walace de Escocia. Simbolismos aparte, neo-neo-LIberalismo. El partido de la red también me parece una idea de Capitalismo ‘inteligente’. Acorde a la epoca del Coaching y las charlas motivacionales.

  4. Lean el libro Argenleaks o Wikimedialeaks de Becerra. El error es centrar el debate en la figura de Assange. La información filtrada es muy reveladora, es sesgado el recuento realizado.
    Lean los capitulos de Venezuela, Ecuador, Argentina, México, Bolivia y Colombia de Wikimedialeaks.
    Muchos periodistas que descubren la polvora cada día se sienten amenazados laboralmente por este tipo de filtraciones.

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