Ciudadano Kanye

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Por Facundo Falduto, @elfaco, con colaboración de Javier Alcácer

1. Yeezus. La paráfrasis entre su apodo (Yeezy) y el nombre del hijo del señor es el título que eligió Kanye Omari West para su nuevo disco, que se lanzó oficialmente el 18 de junio, pero que ya se podía bajar de internet desde unos días antes. La misma semana en la que nació su hija junto Kim Kardashian, a la que bautizó North. North West. Su capacidad etimológica queda a la vista. Autoproclamarse el hijo del señor puede parecer excesivo, pero la historia del hip hop, que en las últimas tres décadas es también la historia del pop, puede dividirse en Antes de Kanye y Después de Kanye. Cuando todavía no había sacado su primer disco, ya era reconocido como productor para artistas consagrados como Jay-Z, Nas y Dr. Dre. Con un estilo integrador de nuevos y viejos géneros, y apadrinado por otro productor, No I.D., Kanye devolvió al hip-hop los elementos que fueron esenciales desde su nacimiento, a mediados de los ‘70 en Nueva York: las bases y los sampleos.

2. Los griegos llamaban hybris a un tipo especial de desmesura, aquella que hacía que los mortales se creyeran iguales o superiores a los dioses. Este ánimo de grandiosidad, esta exageración, solían derivar en un hecho, la hamartía, que condensaba la tragedia por venir. Finalmente, el hybris y la hamartía provocaban grandes desgracias para quienes la cometieran y, en consecuencia, para todos los griegos y solían ser castigados por los dioses, con la némesis. Prometeo robando el fuego de los dioses, toda la saga de Edipo, y Adán y Eva comiendo el fruto del conocimiento son ejemplos clásicos del hybris en la mitología.

3. Después de su éxito como productor, Kanye West lanzó su carrera solista. Y la rompió. Sacó una trilogía imbatible: The College Droput (2004), Late Registration (2005) y Graduation (2007), dominados por su flow cortante y sarcástico, sus bases, y sobre todo por el sampleo de un extenso catálogo que abarcaba el funk, el soul y el rock. En una escena dominada por el paradigma de 50 cent, donde los raperos se peleaban para ver quién era más gangsta, Kanye sampleaba a Curtis Mayfield, tocaba con Chris Martin de Coldplay y cantaba sobre Jesús y sobre abandonar la universidad. Produjo, además, una docena de hits (Jesus Walks, Gold Digger, Stronger) en la cima de la lista de Billboard. Mal no le fue: entre los tres álbumes, vendió unas diez millones de copias. Cuando parecía que tenía todo listo para sentarse sobre la máquina de hacer hits y seguir facturando, dio un vuelco con 808s & Heartbreak (2008). Un disco sobre la desolación, el desamor y la muerte de su madre (ocurrida ese año y como consecuencia trágica de una cirugía estética que él le instó a hacerse) en el que Yeezy no rapea y abusa del auto-tune para cantar más allá de sus capacidades. A pesar de las críticas, 808’s vendió 1.700.000 copias y abrió el camino de una generación de raperos sensibles, románticos e introspectivos, como Drake, Frank Ocean y The Weeknd.

4. En Ciudadano Kane, Orson Welles interpreta a Charles Forster Kane, el millonario estadounidense que lo tenía todo. Su hybris es su romance con Susan Alexander, una cantante de ópera a quien le hace construir un teatro especialmente para ella. El affaire, su hamartía, destruye su matrimonio y su carrera política, y Kane vive solo hasta el día de su muerte, lo que constituye su némesis. La paradoja es que, en la vida real, Ciudadano Kane representó el hybris de la tragedia Orson Welles. Con todo Hollywood a su disposición, nunca llegó a producir nada que le llegara remotamente a los pies a su ópera prima. Reconocido por la crítica años después (y con un Oscar al Mejor Guión Original), Ciudadano Kane no estuvo a la altura de las expectativas de taquilla, en parte gracias al boicot de William Randolph Hearst, el magnate que intentaba retratar. Welles alternaría trabajos menores, fracasos como director y publicidades para llegar a fin de mes antes de morir.

5. A medida que se hacía evidente su talento, crecía también el ego de Kanye. Y con él, sus escándalos en público. Primero, la proclama de que al presidente George W. Bush “no le importa la gente negra”. En vivo, al aire, en medio de un programa para recaudar fondos para los damnificados del huracán Katrina. Después, el famoso gaffe de los MTV VMA Awards de 2009, cuando subió al escenario y le robó el micrófono a Taylor Swift para proclamar que el video de Beyonce era mejor. La escena le valió el escarnio del público y la crítica de decenas de artistas, además de la cancelación de su tour junto a Lady Gaga. Kanye se refugió en Hawaii, produciendo para otros artistas y escapando de los flashes y el repudio.

6. Pero volvió del averno público, y cómo: En 2010 editó My Beautiful Dark Twisted Fantasy, su mejor trabajo, el Sergeant Pepper’s del hip hop, un éxito de crítica y de ventas (1.300.000 copias, algo menos que sus trabajos anteriores). Y volvió a los VMA’s para cantar en vivo Runaway (“brindo por los hijos de puta”) y obligar al público a aplaudir su talento en el mismo escenario de su escarnio. Al año siguiente lanzó Watch The Throne junto a su ídolo y big brother, Jay-Z, acaso el rapero vivo más importante del mundo. También fue un hit y un éxito de ventas. Había vuelto y había llegado. Era el motherfucking Monster del tema homónimo, cuando le decía a sus críticos: “creo que ustedes, hijos de puta, deberían calmarse, porque nunca van a estar arriba de esto”. En Power, en cambio, cantaba: “Dicen que soy la abominación de la nación de Obama / y esa es una mala forma de empezar una conversación”.

7. Kanye tuvo su historia de éxito y ascenso. Distinta a la del rapero tradicional, que escapa del hood y la droga gracias a la música, pero historia de éxito y ascenso al fin. Estando en la cima, ¿qué hacer? En 2012 lanzó el compilado Cruel Summer, de su sello propio G.O.O.D Music, que promociona a otros artistas. En New God Flow, su amigo Pusha canta “creo que hay un Dios arriba mío, pero soy el Dios de todo lo demás”. Probablemente esa sensación de omnipotencia, ese hybris, haya llevado a Kanye a contactar a Rick Rubin, el productor responsable de la mitad de la música que valió la pena escuchar en los últimos 30 años. “Quiero terminar este disco en seis semanas”, le dijo. El barba le propuso un acercamiento minimalista: quitar lo que sobraba en lugar de agregar. Y lo hicieron. Yeezus es un ejercicio de minimalismo, diametralmente opuesto al maximalismo barroco y pop de My Beautiful Dark Twisted Fantasy. Breve, oscuro, visceral, intenso, punzante, honesto, feroz. Si bien el single será Black Skinhead, Yeezus no tiene hits. Al menos en el sentido de hit como tema-para-mover-la-patita que-suena-en-la-radio-y-en-los-boliches-y-hasta-en-las-publicidades-de-sopa. Acaso no los necesite.

8. Kanye ha sido acusado de ridículo, arrogante y narcisista. Pero, ¿quién no es narcisista hoy en día? En Yeezy, la arrogancia es un hecho político y artístico. Parte de una larga tradición de artistas afroamericanos que, tras años de segregación, tuvieron que expresar su amor propio para que el público mainstream pudiera amarlos a ellos. Kanye se reconoce heredero de artistas y deportistas como Michael Jackson, Lebron James o Dave Chapelle, que obligaron al público a reconocer su talento a pesar de su etnia y gracias a ese mismo talento. Ellos no pidieron permiso, tomaron ese lugar. En esa línea, que Kanye le haya “robado” el momento a Taylor Swift para reconocer a Beyoncé, erróneo o no, debe leerse como un hecho político.

9. No se puede escuchar Yeezus sin antes leer la entrevista de Kanye en el New York Times. Abunda en bragadoccio (el arte de jactarse de uno mismo), pero también se erige en una especie de justiciero musical. “Voy a usar mi plataforma para decirle a la gente que no está siendo justa. Todas las veces que tuve un gran escándalo, fue una pelea por la justicia. Y cuando decís “justicia”, no necesariamente está relacionado con la guerra. Justicia puede ser simplemente abrir el camino para que la gente pueda soñar. Puede ser abrir el camino para que la pelea sea justa. Si Michael Jordan puede gritarle a los árbitros, yo, como Kanye West, como el Michael Jordan de la música, puedo ir y decir ‘esto está mal’”.

10. ¿Kanye se cree Dios? ¿Cree todo lo que dice, exagera o miente? En I Am A God, uno de los pasajes más altos de Yeezus, canta “Hablé con Jesús, me preguntó ¿qué tal, Yeezus? Sé que él es el más alto, pero yo estoy cerca”. Kanye se reconoce como un hombre de fe, creyente, inferior a Dios, pero por arriba de los hombres, el nexo entre el público y la superioridad del arte. ¿Eso es narcisismo? Puede ser. ¿Es Yeezus mejor o peor que sus trabajos anteriores? ¿Representa el hybris, la hamartía o la némesis de Kanye West? Sólo Dios lo sabe. Y, parafraseando a Maquiavelo, Dios lo sabe todo, pero no quiere arrebatarnos el trabajo de averiguarlo. /// PACO.

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