Nosotros los cínicos

Waterhouse-Diogenes

Por Martín Masciardi

El término cínico proviene del griego kynikoi, que significa semejante al perro. Los cínicos se encuadran en el marco de las llamadas escuelas socráticas menores; según la tradición el nombre deriva del lugar de reunión que adoptaron: el gimnasio Cynosarges. Pero al margen de esta breve referencia histórica sobre el por qué del nombre cínicos, dicho designación lo que debe ilustrar es que la filosofía cínica más que una doctrina o un gran sistema de pensamiento, del tipo Platón por ejemplo, es un modo de vida. Voy a tomar una imagen que servirá para darnos unas ideas de qué es ser un cínico.

La imagen es conocida: el encuentro entre Diógenes y Alejandro, real o no, sirve para ilustrar el éthos del filósofo. Diógenes no es un pensador convencional. Es conocido por sus ¨escándalos¨ públicos, como por ejemplo, masturbarse en la plaza o hacer sus necesidades sin ningún tipo de pudor. Es Diógenes de Sinope, el cínico, es decir el perro. Frente a él, el joven Alejandro, el magno conquistador, y alumno de Aristóteles. Alejandro se presenta frente al filósofo con las intenciones de aprender sus enseñanzas. Pero el filósofo nada puede enseñarle. Alejandro representa lo opuesto al ideal cínico que voy a resumir con una bella frase de Nietzsche: ¨Tanto menos poseo, tanto menos soy poseído. Alabada sea la pequeña pobreza¨. Diógenes es un parresiastés. Hace uso del método dialéctico. Interpela con violencia a su interlocutor, lo ofende, y entre ofensa y ataque alterna con una pequeña adulación pero con ironía. Alejandro es el orden político y social, representa todo aquello que a consideración del filósofo, corrompe la naturaleza de los hombres. Lo grotesco no está en la masturbación pública de Diógenes, sino en el poder y su efecto corruptor en los hombres. En este ejemplo, el diálogo cínico se pone en evidencia, es una lucha, no se trata como en el caso de Sócrates, de reconocer que se ignora, en el caso del filósofo cínico es diferente, no hay presentación por parte de éste de una tesis positiva a modo de síntesis. Se trata de un orden diferente, se debe admitir que se ha vivido en el error, aceptar que el verdadero éthos es el adoptado por el filósofo cínico, una vida en correspondencia con la naturaleza. Es la antítesis: autarquía y nomos. El regreso a la naturaleza se debe alcanzar paulatinamente con la eliminación de las necesidades mundanas.

Porque para el cínico la civilización es algo artificial. Las pasiones, las necesidades, el orden social, las leyes, el estado, es opuesto al ideal de vida que estos predican. El regreso a la naturaleza implica la liberación de las necesidades. El bastarse así mismo es autarquía y libertad. El ideal cínico es alcanzar la virtud pero la virtud no es del orden del saber sino un modo de vida que se manifiesta no en el discurso sino en la conducta. La civilización no hace más que generar un rebaño embrutecido opuesto a la verdadera naturaleza. Un ejemplo, el filósofo Aristipo, lacayo adulador del rey. Y Alejandro, un déspota asesino. Alejandro ofrece saciar cualquier tipo de necesidad a Diógenes si éste se digna a ¨ilustrarlo¨. Pero la respuesta no puede ser más contundente: ¨Sólo te pido que te hagas a un lado y no me prives de la luz y el calor del sol. No tengo otra necesidad y dado que sólo tú puedes darme eso. Te pido que te hagas a un lado y no me ocultes el sol¨ En estos tiempos de ¨momentos históricos¨, es bueno traer a Diógenes entre nosotros, para recordarnos que no hay nada más miserable que un hombre rebajado a la condición de esclavo voluntario. ¨Si hubieras aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey¨. La parresía cínica es la de aquel que no teme decir la verdad, no se da en una relación simétrica. Es la palabra de aquel que interpela al poder desde una condición de inferioridad social, económica y política. Porque para decir la verdad al poder, a la muchedumbre, a un otro que nos condiciona y no nos deja decir no, hace falta ser un cínico y tener coraje. El coraje de la verdad.

Un comentario en “Nosotros los cínicos

  1. Al final los barrabravas eran cinicos. La proxima vez voy a tratar de aprender de ellos, aunque me traten de matar.

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