El varón dado al rock

por Aki, la línea / @linearotativa

Leo esto: “Dios, qué triste es la sangre del cuerpo al fondo del sonido”. El “ojo de la conciencia” y las “tablas de la ley” encarnan el eterno retorno. ¿Existe imagen más desesperante del remordimiento? Creo que nací sin capacidad de arrepentimiento. A veces pensaba “uy, bebí de más”. Ya no. Estoy como en el libro ese de Henry Miller. Mañana existencialista tengo, gran momento para meterme UF. Pero también les voy a contar como el rock destruyó a una generación.

El varón dado al rock. Sobreinformado, pendiente de si su guitarrista favorito cambió de guitarra.

El hombre blanco, pasado de rosca con el rock. El que se define por su banda: “Me cabe Pantera” dice. Ese, ese: trabaja con el papá. Hay relación directa: más música violenta escuchas, más trabajás con tu papá. El varón sobreinformado de rock. Es una máquina de leche. Nunca se va de los recitales conforme…

– No tocó “Ribetes”.

Hace años que las horas dramáticas argentinas para mí no son nada.

Caigo.

Mucho varón estafado por el rock. Por la Revista Pelo, por anécdotas de backstage. Che: me pintó Exile on main street. De repente, mi vida… Iba a poner no sé qué. Estoy con los pájaros volados. Hace días. Me parece que sigo hasta el lunes que viene. Dios esta desnudo en el cosmos, su miembro se balancea sobre nuestras cabezas. El Papa regula todo desde las pelotas de Dios. ¿Es así?

Tanto horror te predestina. No tengo muy claro todavía el tema. Ayer vi mucho macho de treinta para arriba estafado por el rock. Está el recital, esté bien la banda. Pero al costado de la barra: varones blancos furiosos. Estafados por el rock. El varón estafado por el rock… Se mete en un laberinto de virginidad. “Acá si que no se coge.”

El varón dado al rock, ¿que carajo pensaba? ¿Por qué no se hizo una banda? Parecen caracoles, con su casa de rock a cuestas. El tipo entra al recital y empieza a anotar “esos son caretas, vienen por que escucharon el hit por la radio”. Se para de brazos cruzados, marca territorio, esta esperando que alguien haga lo que no debe hacerse, para anotar en su libreta. El Estado le da mucho trabajo al rockero furioso. Le permite odiar cada día más a todos. En algún momento de su vida el rockero se ve cagado por su ídolo. “Lars Ulrich se cortó el pelo… qué vendido.” La compra de la entrada, la espera del show, comentar “saque entradas para ZZ TOP para el 2017” es más lindo que el recital en sí. El varón dado al rock no pega una… Las cosas no le salen. Su vida es ver estrellarse la pelota contra el palo una y otra vez. Es el hombre que espera. Clases particulares de guitarra con groso del jazz que vive en casa sucia Parque Leloir. El rockero no baila en las discos, “son caretas”. No baila en casamientos, “son viejos”. No baila en bares, “acá se bebe”. No baila nunca. El varón dado al rock pone música fuerte en su casa. Se mira al espejo y grita “Helloooo Glastonbury… we are CEMENTERY” ahhhhhhgggggg Tipos que compran las All Stars vía licitación. Tienen 17 mil pares, modelos, qué sé yo. El varón dado al rock se levanta pesadilloso, pesadilleó que en su corazón vivía una rata muerta. Pone un cd pirata de Megadeath. Posterga. (Yo la adivino y ella me mata, así las cosas.) Hasta los fans de la música clásica la ponen más que los rockeros. “Uhh mirá… el disco The temple of the dog… No lo tiene nadie.” ¡El valor que el rockero blanco angustiado le da al “este disco no lo tiene nadie”! El querría tener algo que no tiene nadie. Su característica única: ese cd que los Smashing Pumpkins grabaron en un hotel en Rio Gallegos. ¿Hace falta tanta soledad? Al varón blanco angustiado, le gusta llamar a los ídolos por sus nombres : “Izzy, Jimmy, Robert, Steve, Morsa Expósito, Trent, Ace Ventura…” El fan del rock es a la música lo que jugar al poliladron a cagarse a tiros; nada. La búsqueda de discos, remeras, bermudas, billeteras con cadenas… ¡Un día tenés 44 años y sos una bola de harina con remera de Slayer! Calaveras, anillos, whiskys berretas, ediciones limitadas, reportajes… Todo con tal de no enfrentar su vacío sexual.

Una vez detuve a 100 rockeros de entre 38 y 45 años que salían de un recital. Les hice sacar las zapatillas: uñas largas, negras, mejillón. Cadáver, chico, cadáver. ¡Que culpa tengo si me inyectaron mucha vida cuando nací! Ay, Twitter mío. Pequeñas pijas rockeras. No hay ojo, soy yo.

Los amputados del rock. Cuánto odio, cuánta leche, cuánto no sé qué. Pusieron Come undone de Weezer en la radio. Buena.///PACO

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