La señorita de los cementerios

Por Estefanía Iñiguez, @laninasanta

Hace algunos años incorporé la visita a cementerios como una salida más en mis planes de fin de semana, o en el cronograma de mis vacaciones. Surgió casi sin pensarlo y es una necesidad que fue creciendo con el tiempo. Nunca lo hablé con el psicólogo porque no me hace ruido la idea de acercarme en vida a la certeza de la muerte. No me gustan las sociedades que viven la muerte como un trauma, porque el trauma es la ausencia o la soledad o la enfermedad o el asesinato, pero la muerte, no. La muerte es un hecho inevitable y que nos toca a todos por igual. Por eso considero muy importante los rituales que edificamos como sociedad para sobrellevarla. Me llaman la atención los velatorios, los funerales, las casas fúnebres, los distintos tratamientos que existen para preparar el cuerpo. La cremación es un recurso útil en muchos aspectos, pero te priva del espacio de reencuentro. En ese sentido, considero que los cementerios tienen una mística única y su calma y su particularidad me interesan casi más que cualquier otra cosa en el mundo. Bueno, dije casi.

Un recorrido rápido por algunos de los cementerios que visité hasta el momento. Es una especie de ranking que elaboré con toda la arbitrariedad de la que soy capaz. No me discriminen, tengo problemitas como todo el mundo. Aquí va:

 

El más lindo: Ushuaia
En Ushuaia hay dos cementerios, al menos que yo haya conocido. Uno céntrico, que evidentemente les quedó chico y ya no puede albergar más fiambres. El otro está alejado unos cuantos kilómetros. A este último fui en remis un día que hacía mucho frío y caía aguanieve. El panorama no era el más alentandor, pero ya desde la entrada todo fue tomando otra forma. Era un camino de bosque, sentía que estaba entrando a Cariló. El cementerio, muy nuevo, está a orillas del mar. Las olas bañan a las tumbas como si el agua fuera un manto de piedad que cubre y descubre constantemente el pasado de los que ahí duermen. Hay tranquilidad pero, por sobre todas las cosas, hay una belleza única en el cementerio de Ushuaia. Me contaron que los familiares cuando van a visitar a sus muertos hacen picnics y se divierten de lo lindo. Así es como debe ser.

ushuaia

 

El más feo: Cartagena de Indias
A unas 15 ó 20 cuadras del centro de Cartagena estaba este cementerio que medía apenas unos pocos metros. Es muy chico y viejo. Intuyo que debe haber otro más grande y moderno, pero no lo encontré en ningún mapa. La particularidad de este cementerio era la anarquía por un lado, y el autoritarismo, por el otro. Anárquico porque no había orden, entra las tumbas no había espacio para caminar, y estaban todas apelmasadas unas contra otras, como si una vez muertos no necesitáramos intimidad. Lo autoritario tenía que ver con el predominio del color blanco en absolutamente todas las ornamentaciones que, por otra parte, se erguían hacia el cielo como buscando aire, porque faltaba. Faltaba el aire en ese lugar, era como una página impresa en arial 11 sin interlineado ni destacados ni palabras en negrita ni nada que te permitiera por un rato respirar. Además estaba bastante abandonado y por primera vez sentí miedo. Miedo de que saliera una mano muerta de algún nicho vacío. Miedo de que me cerraran la puerta y no pudiera escapar. Miedo de que nadie pudiera localizarme nunca jamás. Miedo. Miedo a la muerte, miedo a que creyeran que me estaba burlando de los sentimientos ajenos cuando sacaba una foto. Miedo a ser incomprendida en esa sociedad donde todos son tan agotadoramente amables. El cementerio de Cartagena me pareció horrible, como contrapartida a la ciudad que es un cuento de hadas de la época colonial.

cartagena

 

El más kitsch: Lanús
Todo lo que es el cementerio de Lanús merece un capítulo aparte, que ya fue escrito y lo linkeo acá. Pero si nos detenemos a hablar estrictamente del camposanto, debo decir que hasta el momento no he visto uno igual. La parte de los nichos era la que más se destacaba, ya que presentaba lo que intuyo debe ser the next big thing en el mercado fúnebre: nichos de vidrio que dejan ver a quien quiera que pase todo lo que hay en su interior. Acostumbrada a los tradicionales nichos de mármol o cemento viejo, el de Lanús te recibía con varios bloques de nichos que adentro contenían urnas prolijamente escogidas para ser apreciadas por todas las visitas, rodeadas de trozos de tul que le daban un touch de cumpleaños de 15. Así, al costado de las urnas, se disponen fotos, recuerdos, adornitos, recortes de diario, en fin, una cantidad de memorabilia que definitivamente marcan la diferencia. El ser querido toma cuerpo, a pesar de ser un manojo de cenizas en un recipiente. De esta manera, el recuerdo, incluso para un perfecto desconocido, se llena de sustancia. Uno tiene o puede tener una vaga idea de quién fue ese que ya no está, y de por qué se merece ser recordado. Me pareció un plus digno de resaltar y por qué no, de recomendar a quienes todavía no saben qué hacer con sus restos cuando les llegue la hora.

lanús

 

El más barroco: Montevideo
El cementerio de Montevideo es un símil Recoleta pero mucho más grande. Si bien cuando un porteño está en Montevideo tiende a buscar similitudes con Buenos Aires y las encuentra, suelen ser siempre a escala más pequeña. Así fue como estuve por ejemplo en una réplica de San Telmo, el Microcentro y los bosques de Palermo con apenas unas pocas cuadras de diferencia. Lo curioso entonces es que el cementerio de Montevideo sea efectivamente muy parecido al de Recoleta, pero en un perímetro mucho más grande. Es como si los uruguayos de repente se hubieran avivado, y no me gustó nada esa sensación. Pero más allá de eso, el cementerio de Montevideo concentra toda la aristocracia rioplatense junta, así como el de Recoleta alberga personalidades destacadas de la cultura argentina y copetudos llenos de plata. Entonces te encontrás paseando entre esculturas que parecen cualquier cosa menos una tumba. Me llamó particularmente la atención la réplica exacta de un hombre llorando a su mujer en el lecho de muerte. Y le saqué una foto.

montevideo

 

El más decepcionante: Rio de Janeiro
A ver, quiero ser clara: no tenía nada de malo el cementerio de Rio. Pasa que cuando vas a una ciudad que tiene carnaval, samba, playas, fútbol, calor, sungas, caipirinhas, y la fiesta de Fin de Año más copada del mundo entero, encontrarte con un cementerio que no le llega ni a los talones al de Chacarita, es un poco decepcionante. Yo pensé que para ir de un sector a otro iba a tener que tomarme un bondi, como mínimo, dado que los brasucas son 193 millones y en Rio viven 11 millones. Evidentemente debe haber más de un cementerio, debe haber cientos, pero el de Botafogo era el que me quedaba más cerca. A ese fui y a ese no volvería a ir. Lo único interesante que tenía era un vista a las favelas que lo mismo daba verlas desde la tumba que desde cualquier esquina de la ciudad. Rio, ponete las pilas, así nunca vas a ser la capital funeral do mundo.

Rio

 

El más cálido: San Marcos Sierras, Córdoba
Guardo un particular cariño por el cementerio de San Marcos Sierras porque ahí fue donde empezó todo. Fue el primer cementerio que visité por genuina curiosidad, y me gustó tanto la experiencia que la volví a repetir cada vez que pude. Es tan chiquito que se puede recorrer, y retener toda la información posible, en apenas unos minutos. Ahí vi el alma de los vivos puesta al servicio de sostener un recuerdo. En cada esquina, en cada detalle, era notablemente visible lo que significaba esa pérdida en la vida de los que seguían con vida. Se sentía el dolor en la mezcla de cemento que hizo posible la tumba de Ramona, por ejemplo, a tal punto que no sería descabellado suponer que en la preparación se filtraron unas lágrimas. Fue eso, o el albañil que contrataron estaba recién empezando.

san marcos sierras

Pero además el cementerio de San Marcos Sierras me trajo otra alegría. En medio de las tumbas hechas a mano que reinaban en el lugar, había una que sobresalía. Mármol negro, ubicación importante, nombre exótico: Curt Foos. Me puse a pensar una historia posible para alguien llamado así muriendo en un sitio como ese. La escribí y la publiqué en mi blog. Hasta que un día Curt Foos nieto se puso en contacto conmigo para contarme que todo lo que yo había imaginado sobre su abuelo era bastante cierto. De ese día me quedan algunas fotos y una certeza: el origen de los pueblos está en sus muertos.

2 comentarios en “La señorita de los cementerios

  1. Después de ver la película “Historias Extraordinarias” de Mariano Llinás me obsesioné un poquito con Francisco Salamone, el ingeniero/arquitecto del que habla en una de esas historias. Entre las obras de Salamone, están los portales de los cementerios de Azul y de Saldungaray, ambos pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. No podés dejar de visitar esos cementerios. Son tan impresionantes, que valen el viaje a esos lugares por sí mismos.

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