Sexy nazi

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Por Juan Terranova

1. Nudie cuties y nudie roughies

 A principios de los años 60, los productores de cine ya habían impuesto un género que tomaba el proto-seudo-porno del momento y lo dotaba de una trama, por lo general policial, aunque también se hicieron experimentos con historias matrimoniales, de infidelidades y de celos. Nada muy elaborado. El detective se acuesta con la mujer que lo contrata, el marido desflora a la sirvienta, una ama de casa celosa y aburrida experimenta con el lesbianismo. A estas películas se las agrupó bajo el nombre de nudie-cuties, neologismo del slang que hibrida las palabras “nude” y “cute”. Cuando los nudie-cuties se disolvieron en la variada propuesta para adultos, surgieron los nudie-roughies. Estos se filmaban en blanco y negro para distinguirlos de los nudie-cuties, que siempre eran en color, y contenían violaciones, sadomasoquismo y perversiones de todo tipo. La mayoría de las veces se trataba de películas más que precarias. Las actuaciones eran malas, las situaciones, absurdas, los decorados no convencían a nadie. Pero las mujeres aparecían desnudas y usando un látigo. El producto encontró su nicho.

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2. Plot

La acción de Ilsa, She-Wolf of the SS transcurre en el Campo Número 9 durante la Alemania nazi. Siglo XXI Video la distribuyó en formato VHS en México con el digno título de Ilsa, la loba nazi. La trama es simple, incluso accesoria. La película empieza presentándonos a Ilsa, según un crítico español “una rubia frondosa con el cerebro del Dr. Mengele”, dirigiendo las actividades principales del campo: la tortura y el sexo. Obsesionada con la idea de que las mujeres son capaces de resistir más dolor físico que los hombres, lo cual supuestamente las haría mejores soldados, Ilsa pone en práctica distintas prácticas que llegan al sadismo para, de alguna manera, trascenderlo. Por otra parte, se somete a sí misma a grandes maratones sexuales con prisioneros. El precio a pagar por no satisfacerla es la castración. Por supuesto, Ilsa es una ninfómana insaciable y es raro que alguien supere la prueba. (“If you fail to satisfy her, well, let’s say you won’t be quite the man you were before”). Entonces, en una nueva partida de prisioneros llega Wolfe, un soldado norteamericano. Wolfe, según rápidamente demuestra, puede mantener la erección por tiempo indeterminado sin eyacular. El personaje encuentra su espejo en Anna, una prisionera cuya capacidad para resistir el dolor impresiona y desafía a Ilsa. No mucho más tarde, no enteramos de que las autoridades nacionalsocialistas pretenden cerrar el campo y reubicar a los prisioneros. No se explica por qué. Sobre el final, Wolfe lidera un motín contra las autoridades del campo.

 

3. Escenas

 Aunque las fuentes pueden variar, la película fue rodada con seguridad entre 1973 y 1975. Don Edmonds tardó nueve días en hacerlo y el productor David Friedman, que declinó el honor de aparecer en los créditos con su nombre real, le acercó el limitado presupuesto de 150.000 dólares. Más allá de estos detalles, Ilsa, la loba nazi es lo que es gracias a la presencia de Dyanne Thorne, quien, a los cuarenta y dos años de edad, se encargó de componer una espléndida y pulposa ama sádica nacionalsocialista. El mito dicta que muchos de sus amigos, dentro y fuera de la industria, le dieron la espalda durante años después de ver la cinta. La demás actuaciones no son buenas. El actor que hizo de Wolfe, Gregory Knoph, nunca volvió a trabajar en cine, traumado quizás por esta primera y última experiencia. El crítico Mike Bracken escribió que los diálogos suenan como si los actores los estuvieran leyendo en el momento de un pizarrón escondido atrás de las cámaras, lo cual es muy posible. Pero lo que importa, el centro temático de la película, es la exposición, más o menos metódica de crueles violaciones y torturas varias que incluyen consoladores electrificados, quemaduras con ácido, armas químicas y sobretodo, mujeres corriendo, sufriendo y sometiendo desnudas o escasas de ropa. La incongruencia narrativa general hace difícil una sinopsis. Las escenas memorables, pese o gracias a esto, son varias. Describo algunas.

 .- Apoyado contra un alambrado Wolfe conversa con Mario, otro prisionero. Mario, habiendo pasado por las manos de Ilsa, es ahora un “hombre incompleto” que sólo vive para la venganza. Cuando Wolfe pregunta por qué Ilsa obra de tal manera, Mario responde con pasmosa tranquilidad: “Quizás sea la forma de castigar al hombre que la hace sentir mujer, quién sabe”.

 .- Cuando enterado de las atrocidades, el Partido envía representantes que deberán elevar un informe de las actividades que se realizan en el Campo Número 9, Ilsa organiza una fiesta criminal en honor de sus visitas. El menú incluye la tortura del cubo de hielo consistente en parar a la víctima sobre un pedazo de hielo y ponerle una soga al cuello. La estrangulación se va dando lentamemnte a medida que el hielo se derrite. También se introducen una buena cantidad de gusanos vivos en la boca y en las heridas de otros prisioneros. En la edición en DVD, los protagonistas cuentan que el vómito de Wolfgang Roehm, el actor que encarnaba al enviado del gobierno, fue real y no fingido. La orgía termina cuando Ilsa logra la indulgencia del enviado, cuya idea primordial era cerrar el campo, orinando sobre él.

.- En el final, cuando la revuelta triunfa, Ilsa es condenada a sus propios tormentos y Wolfe y su novia Kala logran fugarse. Curiosamente son los mismos nazis los que destruyen el Campo Número 9 para que no caiga en manos aliadas y lo hacen sin distinguir entre prisioneros y autoridades. La idea de que víctimas y victimarios mueren juntos hace a la película todavía más singular. Es como si la falta de distinción aislara al campo del mundo y lo autonomizara. La moraleja los alcanza a todos: los freaks mueren juntos, tanto los que dan como los que reciben. (De hecho, hay una conexión a nivel nominal entre Ilsa, la She Wolf, la loba, y Wolfe, el hombre que puede satisfacerla. Son enemigos pero sus nombres resultan equivalentes.)

 

4. Puesta en escena

Según IMDB, la escenografía en la que se rodó la mayoría de las escenas de la película pertenecía al set de filmación de la serie de TV Hogan’s Heroes (1965-71), una comedia donde jocosos prisioneros americanos hacían sus correrías en un campo alemán dirigido por el caricaturesco Coronel Klink. (En un episodio de los Simpsons, Homero dialoga con el fantasma de este personaje.) Uno no puede dejar de pensar en las dos caras de la moneda. ¿La tortura y la risa? La voluptuosa Ilsa entrando cuando se terminan los chistes sobre el ridículo bigotito del tío Adolf, el MASH de la Segunda Guerra prestándole dos precarias paredes a una escatológica Venus de las Pieles. Los uniformes nazis, por otra parte y aunque cumplen a medias el rol de generar un liviano clima de época, no eran originales. Esto desdibuja un poco las cosas para el espectador. ¿Qué era el nazismo sino sus uniformes? ¿Son nazis de verdad o es gente perversa disfrazada? Los aciertos de la película, se podría decir, no ayudan tanto a su singularidad como sus imperfecciones. En cuanto a cosas bien hechas, una de las razones que explican por qué Ilsa se transformó en una película de culto son los efectos especiales de Joe Blasco. Promediando la película, dos mujeres son sacadas de sus celdas. Se las lleva a una cámara de torturas. Tres agentes de la SS, escasamente vestidas, comienzan a flagelarlas con látigos de cuero. Hasta aquí, una típica escena de cine sexploitation. Pero, de pronto la cámara no corta, no hay elipsis y los cuerpos comienzan a transformarse en masas sanguinolientas. En el DVD, reconstrucción digital mediante, la sangre es de un fuerte escarlata artificial, sí, pero bastante convincente. Sobre todo en el marcado ambiente antinatural de la película.

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5. Una lectura

¿Es Ilsa una lectura del nazismo? La crítica no está dividida al respecto. Para la mayoría de los que reseñan la película en Internet, no hay puntos de contacto en Ilsa y el proceso político, social y bélico que conocemos como nacionalsocialismo alemán. La trama y los uniformes son apenas una excusa. Y sin embargo, las esvásticas están ahí, en los brazaletes de los uniformes y en las banderas que decoran las paredes. Es difícil evitarlas y menos aun negarlas. Y el personaje que compone Dyanne Thorne está inspirado en la vida y el mito de Ilse Koch, también conocida como “La bruja de Buchenwald”. Ilse Koch, nacida Ilse Köhle, en Dresde a principios del siglo XX, fue la mujer de Karl Koch, uno de los secretario privado de Heinrich Himmler. Antes y durante la guerra, la pareja estuvo a cargo de al menos dos campos de concentración. Al parecer la fama de sádica de esta Ilse histórica trascendió las barracas de los campos. Los aliados la capturaron y enjuiciaron por todo tipo de crímenes, desde torturas innecesarias hasta coleccionar órganos humanos en formol y forrar libros con piel humana. Se suicidó en la cárcel de Aichach a fines de 1967. ¿Incluía Koch, la bruja, el sexo en sus sesiones de tortura? ¿Se excitaba esta mujer siniestra al acariciar las encuadernaciones de los libros de su biblioteca? Es difícil saberlo. Como fuere, Ilsa, la loba nazi hace explícita una de las aristas más prominentes de la mil veces esbozada relación entre nazismo y la sexualidad, entre sadismo, masoquismo y totalitarismo. Aunque fue estudiada, los historiadores y especialistas no parecen haber reparado, todavía, en que, desde el ámbito de la cultura de masas, estas relaciones vuelven una y otra vez. Un escenario prestado, algunos disfraces y una referencia histórica como toda infraestructura conceptual alcanzan para empezar a torturar. La falta de una trama que lleve la película hacia alguna parte refuerza esta idea. Mostrar una serie de actos tabú era la prioridad del guión firmado por el inverosímil Jonah Royston. No tanto enhebrarlos con coherencia. El nazismo, como reconfiguración hollywoodense del mal, aparece, entonces, como recurso y excusa pero subestimarlo o negarlo sería un error. Ese marco, a veces vaporoso, es el que posibilita y potencia la película. Que hable más de la ética protestante de los Estados Unidos, su imaginario, sus fantasías más oscuras y su industria del espectáculo, que de lo que pasó en Alemania a mediados del siglo XX es otro tema.

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6. Descendencia

Reafirmando la recursividad de la relación sexo y nazismo, Ilsa engendra de sub-productos o surge acompañada de otros intentos similares. Las películas que la rodean y le resultan afines en temática y producción son muchas. Dentro del subgénero “nazismo sensual”, por llamarlo de alguna manera, encontramos SS Hell Camp (1977), Salon Kitty (1976) y The Gestapo’s Last Orgy (1977). Los prisioneros de guerra sufriendo aberraciones y torturas en campos de concentración conectan a Ilsa con la parte japonesa del género, cuyo exponente más visible quizás sea Bamboo House of Dolls (1974). Como pariente intelectual, pero no por eso menos perturbador, podemos citar la prestigiosa Salò o le 120 giornate di Sodoma (1976) de Pasolini y para primo gore está Bloodsucking Freaks (1976). Indudablemente, la familia es grande y las fechas de nacimiento coinciden con una precisión asombrosa. Dentro de este árbol genealógico, Ilsa posee el título, inverificable, de película más editada de la historia del cine. Se dice que en algunos casos las escenas que se suprimieron llegaron a restarle 45 minutos a los ya de por sí magros 96 minutos totales. Hoy en día, todo parece lograr el lugar “de culto”. Desde programas de televisión para niños y adolescentes hasta títeres del siglo XIX. Sin embargo, Ilsa muestra algunos blasones más. No puedo dar fe de que Ilsa se estudie en la UCLA como dicen algunos sitios de la web, aunque no sería raro que alguien haya escrito algún paper o la haya incluido en un corpus obligatorio. Que Quentin Tarantino  recomiende y considere una “obra maestra” suena verosímil. Los suyos son universos compartidos. (De hecho, Don Edmonds fue co-productor del guión de Tarantino que Tony Scott tranformó en True Romance. Según IMDB, hace poco Edmonds hizo una aparición como actor en el film de sonoro título Killer Drag Queens On Dope rodado en el 2003.) Más allá de estos datos, Ilsa se pagó a sí misma con creces generando más dinero en Europa que en los USA –un dato que no debe pasarse por alto–, y tuvo su momento de gloria en un cine de la newyorkina 42º Street (“in those glorious pre-Disney Times Square days”), entrando en la lista de las cincuenta películas más importantes del año según la revista Variety’s. Otra prueba del éxito son las secuelas. En 1976 apareció Ilsa, Harem Keeper of the Oil Sheiks (esta vez el campo de prisioneros está en Medio Oriente y el tema del petróleo es el eje de la trama), y en 1977 se estrenó Ilsa, the Tigress of Siberia. El “efecto secuela” fue tan importante que llevó a Jess Franco (o a un distribuidor atento) a rebautizar su Greta, the Mad Butcher (1977) como Ilsa, the Wicked Warden (campo de prisioneros en algún lugar de Sudamérica y spanglish) para no desaprovechar el envión. Todas, salvo Ilsa, the Tigress of Siberia, son incluidas en el reedición en DVD.

7. Fake trailer

En el 2007, Rob Zombie imaginó y filmó Werewolf Women of the SS como parte del proyecto Grindhouse de Tarantino y Robert Rodriguez. Con el formato de fake trailer, Werewolf Women of the SS, condensa, homenaje y sintetiza la herencia y las ideas de Ilsa. Obra consciente y conceptual, breve y estridente como una de sus canciones, es quizás la película más hermosa y compleja de Zombie. Ahí donde Ilsa muestra, Zombie escamotean y solapa; cuando Ilsa trastabilla y pierde el hilo, Werewolf Women se rebela económica y sólida. Ahora bien, el fake trailer sería imposible sin Ilsa. Zombie la citó como inspiración e influencia principal, lo cual es obvio ya desde le título. En una entrevista dijo: “Básicamente, tenía dos ideas Iba a ser una película de nazis o una película de mujeres en la cárcel, opté por los nazis Hay toda una serie de películas como Ilsa, She Wolf de las SS, Fraulein Devil, y Love Camp 7, para mí siempre fue el género más bizarro”.

8. Final

En la coda apurada del film, Ilsa muere presa de sus propias atrocidades. Por supuesto, esto no le impide volver a aparecer en las secuelas. ¿Es la mujer fuerte, autoritaria, perversa y dominante un ecuménico pathosformel oculto o al menos disimulado? Esta permanencia puede leerse, no sólo como el dictamen de un mercado receptivo, sino también como un guiño al deseo sexual, que en extraña comunión con la violencia, aunque muera, siempre vuelve a resurgir, indestructible, de sus propias cenizas.///PACO 

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