El ascenso hacia la paja ermitaña, total

 Por @HoracioGris

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Yo era un murciélago onanista de 10 años

Las satisfacciones sexuales en el nene son chuparse el dedo, la retención de la caca, ese tipo de cosas. Las pajas, lo que se dice pajas, llegan un poco después.

Cuando la paja es a los 7 años no hay motivos, no hay nada que aliente a la descarga o que impulse la excitación. Es movimiento ciego. La pura curiosidad manual que hace crecer el pito, por mecanicidad, continúa hasta llegar a un punto en donde la labor maquinal cumple su ciclo. La llegada es en seco pero con la cara roja, un dolor extraño, placentero, y la sensación de que ahí se agota el juego.

Las pajas que siguen difícilmente tengan imágenes. Si tienen sonido, será el sonido de otros. Gemidos, la madera vieja del elástico de una cama crujiendo bajo dos cuerpos. La excitación entonces es intuir que eso debe excitar y es lo que hace querer más.

Me desvelaba o me obligaba a estar despierto. Aprendí a aguzar tanto el oído que podía identificar los rituales previos al sexo, quién caminaba por la casa cerciorándose de qué. El movimiento de cortinas y de picaportes cerrándose, el clic de las perillas de la luz apagándose o prendiéndose. El sonido que producían esos rituales me permitían una ecolocalización, ver la casa entera desde mi habitación a oscuras y saber cuánto faltaba todavía para que todo comience o termine.

Pero el  ritual fue produciendo cada vez con menos frecuencia. El óxido de la vida marital iba acumulándose hasta incluso dejar de chirriar y la necesidad me hizo buscar imágenes de las que alimentarme. Cuerpos distorsionados en formas y colores gracias a un sistema de codificación no del todo efectivo que permitía, por algunos magníficos minutos, contemplar cuerpos verdes, violetas y celestes que, por el movimiento que hacían, debían estar cogiendo y hasta sacaban un líquido de la pija que las mujeres ponían en una copa para finalmente tomar; esa fue la imagen que me noqueó la primera vez que puse Venus.

Unos años después la paja deja de ser sólo disfrute para volverse un espacio de resistencia adolescente a los embistes de la realidad y la evasiva de los cuerpos. A veces hecha con reproches, a veces con culpa pero sabiendo que es mejor que nada. La pornografía, esta vez sin distorsiones, pasa a ser la gran aliada. La pornografía y el bombardeo de estímulos del colegio o el club. El oso hiberna esperando mejores condiciones objetivas para su vida. El adolescente se pajea.

Una tipología

En la adultez, luego de que el hombre consigue abrirse paso torpemente en el mundo del sexo real, las pajas siguen siendo importantes, cumpliendo con tres funciones sólo separables en teoría:

Hay pajas motivadas por objetos específicos como culo, tetas, concha; boca y ojos. Lo que menos importa, siendo lo más importante, es el resultado. Las pajas son por cuerpos, no por personas. Por cuerpos seccionados gracias a la atención centrada, fijada para acrecentar la excitación. Una cola reef es un culo necesario para acabar, no es alguien. Esto es así porque existen distintos tipos de necesidades masturbatorias, de la misma forma que a veces uno tiene apetito específico de algo dulce o de algo salado. A veces hay necesidades de pajearse con piernas, culos, con bocas, con situaciones. Con lo que uno sienta. La paja busca abarcar eso que excita, busca envolverlo, fagocitarlo hasta la extinción.

Día uno, te estás por ir a dormir. Mirate la pija, manoseala pero nada más. Lo mismo el día siguiente y los que le siguen. Al quinto día es otra pija. Ahora otra: Te pajeás el día cero, mirá lo que acabás. Ahora aguantá seis días y acabá de nuevo. ¿Ves? Es otra leche. Estos ejemplos sirven para entender el tipo de paja número 2, que se lleva adelante por pura necesidad fisiológica. Es leche acumulada que puja por encontrar salida. Este tipo de necesidad crece en el tiempo, va mutando, y por eso permite hacer un análisis pormenorizado de cuantía y composición seminal (grados de espesura y matices de color), del tamaño que pueden tomar los cuerpos cavernosos, las venas dorsales superiores y el glande, y de otra escatología similar tomando en cuenta contextos y diferentes variables. Este tipo de paja es sumamente necesaria para no volverse loco. ¿Cuánto tiempo sin orgasmos puede aguantar un hombre antes de salir a matar?

Existe un tercer tipo de paja, la más difícil de discernir, pero aquella que nunca se vive ni vergonzante ni es un sustituto de algo. Es la de antes de ir a trabajar o la de después de una reunión. Hablo de una paja a la que acuden los adultos socialmente sufrientes, aquella que funciona como un espacio sacro de uno mismo con su cuerpo, que genera una burbuja en donde puede o no haber imágenes que la tapicen y que funciona hasta que, plop, se rompe cuando llega el orgasmo. Esa paja guarda de manera subyacente una fantasía: la de estar completamente solo en el mundo sin necesitar nada ni a nadie. Esa es la paja ermitaña, la paja total.///Paco

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