No duermo

Cinco y media de la mañana, hace calor, los vecinos de Once escuchan una de Los Charros, cantan las ratas en los árboles. Trabajo, tengo que trabajar, hago como que trabajo. No puedo escribir, no me sale nada. Ceno ravioles recalentados. O desayuno. Escucho un disco completo de D’Angelo en Youtube. Aguante Google que ahora deja subir discos enteros. Ganaron los buenos. Un amigo me cuenta por chat que se quiere coger a una alumna de 17 que le tira todas las ondas juntas. Vienen cada vez peores, las pendejas. No me puedo dormir.

Cuando tenía 10 años aprovechaba el verano para quedarme toda la noche despierto. Todavía no tenía internet, pero sí una Super Nintendo. Miraba The Big Channel o Magic hasta que saliera el sol. Podía, pero no quería, dormir.

“Tomate una, una sola, no la mezcles con nada y no tomes más de una por semana”, recomendó un médico amigo después de un partido de fútbol nocturno, y me puso un blister en la mano. Nombre comercial: Viciger. La droga se llama modafinilo. “Es para tipos con narcolepsia, pero vos te tomás una si te estás por dormir y te mantiene despierto y alerta dos o tres horas”, dijo. Una semana después, probé una, al mediodía. Trabajé normalmente, sin problemas, sólo noté un leve aumento de mi concentración. A las ocho de la noche tomé un café y a las diez fui a jugar otro picado. Nunca corrí tanto en mi vida. Después fui a la casa de una chica. No me pude dormir en toda la noche. “Dos o tres horas”, me había dicho. 48 horas seguidas despierto.

Ahora ya no tomo “la droga nazi”, como le dice otro amigo, pero tampoco puedo dormir. Al principio pensé que era por el litro y medio de café diario. Lo corté, bajé a dos tazas, a veces no tomo nada, pero sigo sin sueño. “Cená temprano, no tomes gaseosas ni fumes antes de dormir”, me recomendaron en Twitter. Intento, tampoco funciona. Además prefiero vivir sin dormir que vivir sin cenar tarde y desayunar gaseosa. “Hacete una paja, eso te calma, te duerme”, me propuso una amiga. Si masturbarse me indujera el sueño, dormiría 24 horas corridas.

Leo que el insomnio provoca cansancio, irritabilidad, depresión, problemas de concentración, aumento del riesgo cardíaco, impotencia, inflación y calentamiento global. Una amiga, otra amiga, fue a un especialista después de tres años de insomnio. “No entiendo cómo no te quisiste suicidar todavía”, le dijo el médico. Lógico. El pensamiento más frecuente que tengo cuando no duermo es “me quiero matar”. Y no puedo dormir.

No dormir también causa paranoia y alucinaciones. No me pasó. Cuando tengo insomnio odio todo, o me encanta todo, depende del día. Mi amigo, el de la alumna, se desconecta y se va a trabajar. Seis cuarenta y cinco. Ya es de día, olvidate. Subo a la terraza de casa y me cuelgo del techo. Tendría que haber traído anteojos de sol. Suena la bocina del Ferrocarril Sarmiento que empieza a circular. Miro por el techo al corazón del edificio. Hay unos 30 metros, calculo, hasta el piso de un patio cerrado y sucio que nadie usa. Capaz no siento nada, ni sueño.

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